miércoles, 22 de septiembre de 2010

DEPENDENCIA Y CONTROL




Esbozos del principio hegemónico en Colombia


Desde el momento en que Cristóbal Colón se topo con lo que hoy se denomina las Américas la historia de nuestros territorios no ha cesado de contarse. De ahí que para el siguiente trabajo haremos un acercamiento crítico de cómo se desarrolló al interior de Hispanoamérica algunos de los momentos decisivos de la América española y cómo el capitalismo incipiente se fue desarrollando hasta encontrarnos con el fenómeno del cultivo de café en Colombia, el cual nos permite rastrear cómo la economía se convirtió en el elemento central del espíritu de una Nación dejando a un lado todo aquello que desde la revolución Francesa se promulgaba en todas las vertientes del continente: Fraternidad, Libertad e igualdad.
No es un secreto que quienes estuvieron detrás de la independencia de la Nueva Granada buscaban un fin especifico (Inglaterra) principalmente, es decir, que más que una autonomía para nuestros pueblos, lo que realmente estaba detrás de ello era el cambio de un poder a otro. España por aquel entonces (1800 y siguientes) se sumergía cada vez más en su incapacidad de seguir ejerciendo su dominio trasatlántico, de ahí que para Inglaterra país ya emergente con una revolución industrial óptima y con fines de crear dependencia de nuestros pueblos hacía ellos, empezaba aliarse con las poblaciones americanas para que gestaran su independencia, cuyo fin único era ejercer control comercial y de sometimiento económico: “[…] los comerciantes y terratenientes criollos se sublevan contra la imposición de un rey extranjero en unos casos o aprovechan la situación para colocarse del lado de Francia y romper los lazos con España, o alimentan sus esperanzas con Inglaterra y actúan de idéntica manera”[1] se actúa de idéntica manera, porque todos estos países de origen extranjero buscaban explotar los recursos naturales que no podían extraer de las Indias.
En Colombia por ejemplo se crea una división entre comerciantes (Nariño) y terratenientes (Torres), esto nos demuestra cómo la fractura al interior de las colonia es tierra abonada para que en 1810, -caso de Colombia-, se efectúe el primer levantamiento independentista que aunque nada importante para el reino de España, si sirve como la primera piedra para que Simón Bolívar con la ayuda de Inglaterra comande la gesta Libertadora. Vemos en este análisis que son las personas que poseen las tierras y el dinero producto del comercio, quienes se instituyen como los protagonistas de la historia política de la Nueva Granada.
Por tanto se reconoce que existe un interés económico en la independencia por parte de quienes, caso Antonio Nariño, y los que organizan las asonadas, las primeras revueltas en busca de la independencia, que finalmente se logra con el apoyo de las primeras potencias del mundo, todos ellos buscando mantener siempre, cierto dominio sobre los desposeídos: indígenas, campesinos sin tierras, esclavos, etc.; terminan ejerciendo dominio finalmente sobre los colonos desposeídos. Inglaterra participa activamente suministrando barcos, dinero, armas y estrategias de guerra contra la supremacía española en América. Lo cual nos demuestra, y nos permite evidenciar los primeros brotes de intervencionismos en el campo económico y político por parte de Europa en los escenarios nacionales de toda América.
No podemos hablar de autonomía en nuestras regiones después de la independencia, pues, es claro que los intereses, tanto burgueses como oligarcas estaban estrechamente ligados al interés de ejercer control por la fuerza: desplazando, asesinando, quemando y efectuando todo tipo de atropellos contra el colono, que no poseía ni las armas, ni los medios para defenderse: “Cada nación busca implantar sus propias leyes y constituciones, prohijada por las teorías del iluminismo francés y el constitucionalismo norteamericano.”[2] Reconocemos el fluido por decirlo de alguna manera, de las primeras venas que empieza a irrigar las arterias del capitalismo en las colonias, me refiero al comercio y la posesión de las tierras. Colombia no es ajena a estas tendencias liberales, de ahí que Bolívar encarna de algún modo tales ideas, y es respaldado en un principio por Tirios y Troyanos, pero luego de la independencia total, cada uno de estos dos frentes: terratenientes, oligarcas y burgueses toman el control gracias a las fuerzas militares de los destinos de la nación.
El país se va acomodando de cierta forma a las nuevas instancias reformistas y tendencias hacía el capitalismo. La nación entra en su horizonte más próximo, los pequeños, medianos y grandes latifundista luego de comercializar con el café y otros productos como el tabaco, se van encaminando hacía un país agrario y de exportación. Mientras otros renglones se van quedando en receso como la industria. El café principalmente, se toma el primer puesto y se instituye como el renglón que va a mover la economía y la entrada de divisas, tomando el control de los recursos que irrigan el corazón de la economía en el país: “La maquinaria y nuestra materia prima de origen industrial que importa nuestra burguesía se obtienen a cambio de la exportación de productos fundamentalmente agrícolas, el café constituye el 90% de estás y más del 60% del total de exportaciones.”[3]
Hay un elemento que se cruza con la supremacía del cultivo de café, me refiero al hecho concreto: la tenencia de tierras. La tierra después de la conquista se convierte en elemento que más sangre y dolor ha dejado a lo largo y ancho del territorio. Gracias al mediano y gran terrateniente el país se ha visto envuelto en lo que se ha denominado: la violencia. La violencia y el desplazamiento forzado son algunos de los ingredientes que se tomaron las tierras donde se cultivaba café y los convirtieron en lugares donde sólo se ejercía el dominio por la fuerza y la expropiación de las tierras: “… en muchas ocasiones esta gran hacienda cafetera se construyó mediante el desalojo violento de colonos frente a los cuales el terrateniente reivindicaba sus títulos de propiedad”[4].
La confrontación: terratenientes y pequeños caficultores, se fue cada vez volviendo el talón de Aquiles de los gobiernos de turno, quienes ante la amenaza de que los grupos de campesinos, jornaleros, recolectores y demás se convirtiesen en enemigos directos de los ingresos del Estado, de que los gobernantes preferían reprimir y aniquilar a todas esas fuerzas populares que reclaman sus derechos sobre sus pequeños latifundios. De allí que en este análisis quisiera dejar sentado que el matrimonio Estado-economía-tierras, sigue siendo la plataforma desde donde el interés del capital se ha formado en Colombia. Recordemos que ya Inglaterra, Francia y Estados unidos, -estos dos últimos- siguen siendo día por día hoy quienes continúan con sus intervencionismo directo sobre la política y la economía. La única respuesta que existió desde entonces es la violencia auspiciada por el Estado, el cual más que un reconocimiento a la inestabilidad de sus gobiernos se sentaron en el solio del poder por decirlo de alguna manera, para ejecutar todo tipo de acciones tendientes al dominio y supremacía de unas clases que hasta nuestros tiempos continúan con el control del Estado.
Antes de terminar quisiera insistir sobre el papel del intervencionismo de Estado que desde la época de colonia se viene ejerciendo en el territorio nacional. Me refiero al papel que Estado unidos ha venido desarrollando con el propósito de mantener en un estado de total dependencia al país de su economía, recordemos toda la manipulación que se hizo cuando el café era el producto o el reglón que más se comercializaba con ellos en la década de los cincuenta, la tarea del monopolio se fue constituyendo en el factor que más ha producido la dominación económica; medio bajo el cual los estados como este han desarrollado su poderío en el mundo. La industrialización, que no es otra cosa que la supremacía de las potencias industriales para mantener el control en la región es el resultado finalmente que tiene al país en el subdesarrollo por más de doscientos años. Pero sobre todo el dominio que ejerce con sus políticas Estado Unidos en Colombia se debe principalmente porque los gobiernos han estado siempre en manos de elites que sólo buscan perpetuarse en el poder.
De este modo la burguesía en el país ha dominado todos los renglones de la economía, para ello se ha valido de la tenencia de la tierra y el control de la mano de obra, resultado de la expropiación y el desplazamiento de los campesinos que no tienen como cultivar y tecnificar los terrenos actos para el cultivo. Por otro lado la ganadería también formó una especie de dominio para todo aquel que haciendo uso de la fuerza se ha quedado con gran parte del territorio acto para la siembra y la industrialización: “… la gran burguesía y la violencia contra el pueblo, violencia que muchas veces se emplea abiertamente, sin preocuparse de encubrirla, pero que ahora pretende imponer disfrazada de que toman los nombres de devaluación, erradicación del minifundio…”[5] A modo de conclusión nos queda claro que tanto el burgués-comerciante y el terrateniente desde las primeras décadas de 1800 siguen siendo, y ejerciendo un tipo de modelo de control sobre la forma como el capitalismo ha tenido en sus garras al campesino y los que no poseen ningún tipo de riqueza, es decir, el principio hegemónico se instaura bajo la primacía del control de lo jurídico y legal, por medio de los gremios, partidos, medios de comunicación, la iglesia y la clases altas de la sociedad burguesa.






1 L. González. Contribución a la Historia política de Colombia. Ed. La Carreta, Medellín, 1985, Pág. 34.
2 Ibíd. Pág., 41.
3 El café y el movimiento campesino: Asociación Nacional de Usuarios Campesinos.
4 Ibíd. op. Pág. 47.
[5] Ibíd. Op, pág, 71.

sábado, 18 de septiembre de 2010

ESTUDIANTE Y PROFESOR:


Piezas claves de los procesos hegemónicos

SEGUNDA PARTE
Para la primera parte de las consideraciones acerca del Porvenir de Nuestras Instituciones Educativas intente relacionar el fundamento de las instituciones académicas con el ejercicio de la política y el carácter del joven en relación con el espacio de la vida escolar en Colombia, y la construcción del pensamiento actual con el pasado distante de la colonia europea, mientras busqué delimitar el sentimiento del hombre Moderno con la sensibilidad del hombre masa, como patrimonios propios del estudiante frente a su entorno, y por qué existe ese abismo diletante por obedecer códigos y normas que finalmente lo conducen a ser parte de las fichas clásicas de la identidad del sujeto “sub-desarrollado” vs Sociedad desarrollada; a sabiendas del fracaso de la educación impartida a nivel nacional donde la Ley del Menor refuerza el organismo estructural de la violencia armada y psicológica, al servicio de unos dispositivo de poder que se lucran y se instituyen como aparatos de dominio, al interés de un grupo económico especializado en esta forma de hegemonía ideológica: que consiste en des-educar lo que nunca ha sido educado. Mi interés para este segundo temario consistirá en ubicar el escenario del estudiante, el profesor y el Estado. Ambos como marco referencial a la segunda conferencia del maestro Nietzsche, para el tema que nos hemos trazado en relación con sus cinco conferencias.
Partamos entonces de la iniciativa que surge a partir de la constitución de 1991, donde el itinerario de la vida del ciudadano cambia al convertirse en artífice y desarrollador de un Estado Social de Derecho. Desde este punto quiero iniciar, es decir, con la constitución del 1991, desde allí la educación en Colombia traza un nuevo horizonte donde el profesor deja de ser un simple normalista y se convierte en un profesional de la educación. ¿Qué significa –entonces- ese profesionalizar la educación? ¿Qué nos trajo este nuevo impulso de renovación en materia escolar y académica?, ¿Hacía dónde se enfilan los esfuerzos, los cuales le quitan la autoridad que tenía antes el “Educador”, para pasar a ser un simple espectador del acontecer diario de la vida escolar?, o ¿cuál es el modelo que nos impusieron, sin haber preparado antes a nuestros jóvenes para tamaña empresa de la educación: “oscilante y defectuosa”?, son preguntas a las cuales intentaré dar respuesta en el presente texto. Sin desconocer desde el luego el escenario de la realidad nacional como principal amasijo en la construcción del ciudadano común.
Estudiante y profesor están en igualdad de condiciones, el uno es victima del otro, mientras el estudiante se esfuerza por saltar por encima de la normatividad existente el otro se esfuerza por hacer parte del sistema educativo que cada vez más lo aleja de cualquier principio, entre lo real y lo artificial del mundo académico, me refiero al trabajo cotidiano y sus tareas como educador desconectándose de la cotidianidad; así mismo el maestro se aleja de la vida política del Estado como sujeto razonante dentro del mismo. Ni profesor, ni estudiante están en la capacidad de “colegir” su posición en el mundo, menos aún, su condicionabilidad dentro de la esfera oscilante entre las estructuras que articulan el aparato estatal. No lo están, quizás, porque ambos sufren del mismo malestar cognitivo, falta de autocrítica, esta razón simple acaso, se configura al enfocar el “sentido común” como un ejercicio narcótico de la moral religiosa, en dejar todo en manos de voluntades extraterrenas, vaciando al espíritu educativo de la potencia reformadora de la voluntad general o ideológica: “Cada uno de ellos sabe lo que ha debido soportar por la situación cultural de la escuela, y cada uno de ellos quisiera liberar por lo menos a su descendencia de semejante opresión, aun a costa de sacrificarse personalmente”, pero en nuestro caso el auto-sacrificio consiste en poblar día tras día el recinto escolar, como si ambos (estudiante y profesor) fuesen a sus propios desfiladeros a sacrificarse automáticamente, y retornar a casa como si nada.
Decíamos que con la constitución de 1991, el formato del profesor pasa a ser de escala profesional, y este a su vez cambia su horizonte mediante el ejercicio de la práctica académica o escolar. Este nuevo rumbo se enmarca en el cavilar del profesor a un simple aparataje social, es decir, se deja a un lado el prototipo de profesor asociado a ideas revolucionarias, políticas o de partidos, donde el profesor dejaba denotar su esfuerzo por contrarrestar las políticas centralistas de los gobiernos de turno, en materia sociológica, por un lado; y por otra parte este maestro de escuela suponía un ideario de lucha a favor de las clases menos favorecidas; ahora, a este mismo profesor se le enmarca en la arena socio-laboral, ahuyentándose cada vez más del escenario político, del sindicalismo activista y reformador, convirtiéndose finalmente en un servidor público, dispuesto a serviciarse a una casta de gobiernos quienes ejercen el dominio con un claro presupuesto de utilitarismo sesgado a unas clases dominantes, dueña de los emporios económicos. El profesor deja su papel de guía y se instituye en artífice del nuevo articulado constitucional o de las leyes en materia educativa. La clave consiste en tener al profesor como un prestador de servicios educativos, y no como a un formador de ideales.
Por un momento el educador ha perdido todo el valor y representación que compone su tarea quijotesca de formador, para convertirse en basamento constitucional de una ley supremamente amoldada a la necesidad básica de muchos “derechos “y de pocos “deberes” en el sentido lato de ambos conceptos. Esta primacía del profesor alejado cada vez más del estudiante, la vida pública, y la profesionalización del mismo, no es otra cosa que la instrumentalización de la educación, donde el estudiante pasó a ser un simple elemento de decoración de las aulas, los cuales responden por medios agresivos y violentos, el estudiante además de revelarse en contra del encarcelamiento-correccional al cual es sometido, él también busca librar una batalla campal entre los agentes del Estado (el profesor) y los sistemas hegemonizantes como la familia y las autoridades delictivas, es decir, el estudiante se desplaza de la vida tediosa de las aulas de clase al crimen organizado. Este punto capital, me permite evidenciar la concordancia entre el agente del Estado y la ineficiencia del sistema jurídico en Colombia. En países así, estamos educando para el crimen, de este modo, ¡que lejos! nos encontramos de la tarea de formar ciudadanos menos atroces y vengativos.
Por tanto el trabajo del profesor ha desenvuelto en artífice de una especie de elementos sumamente peligrosos para su propia especie, y las políticas de Estado. Hace no menos de ciento treinta años Nietzsche criticaba a su natal Alemania, su incapacidad de reflexionarse a si misma en materia educativa, y del papel del educador, hoy nosotros estamos cada vez más cerca del desplome total cuando ni siquiera somos capaces de entablar un dialogo entre las distintas facciones de la institucionalidad y el trabajo que hace el Estado en materia de economía educativa. Me involucro porque de un modo u otro hago parte de este estructuramiento de la educación en Colombia.
El juego ideológico al que es expuesto el profesor, desborda por su propio impulso avasallador, por todas las vías el camino conduce al mismo incierto laberinto del descontrol, si un estudiante que acaba de iniciar estudios universitarios, es incapaz de leer y escribir un párrafo fluidamente y sin errores, qué clase de “intelectuales” vamos a tener dentro de poco: “La triste causa de que, a pesar de todo, no consiga manifestarse por ningún lado una honradez completa es la pobreza espiritual de los profesores de nuestra época: precisamente en ese campo faltan los talentos realmente inventivos, faltan los hombres verdaderamente prácticos, o sea, los que tienen ideas buenas y nuevas, y saben que la auténtica genialidad y la auténtica praxis deben encontrarse necesariamente en el mismo individuo”.
Me referí hace un momento sobre el peligro que representa jugar un juego ideológico donde el estudiante ha dejado de ser un extensión del profesor en términos humanístico; expreso que se trata de un juego,- esforzándome por que me entiendan-, pues, los terribles despropósitos a que somos sometidos en materia de las reglas del juego de la categoría “sub-desarrollo” no sólo en Colombia sino en toda América latina; nos deben mover a pensar cuál es el lugar qué ocupamos dentro de la escala global de la geopolítica armamentística y policiva; y mientras existan políticas educativas donde el estudiante cada vez menos se esfuerza por “aprehender”, a ser humanamente humano, el panorama en Colombia se torna oscuro; de ahí que estamos condenados a jugar de fichas de un rompecabezas llamado capitalismo: utilitarismos de valor y cuantía de nuestras debilidades.
Con estudiantes sin compromiso y con profesores cada vez más actos para el servicio instrumental, o menos animosos para el cambio, el bio-espacio donde habitamos, será herencia de los países desarrollados con pleno reconocimiento de su posición en el mundo, donde cada vez somos englobados por los servicios y los desarrollos tecnológicos o la conservación de los recursos naturales como el agua y el oxigeno. Pues existe reiteradamente y cada vez más una marcada tendencia a relacionar “cultura” con la preservación del medio ambiente y las políticas ambientales, precisamente, estas posturas, vienen de los países que menos compromiso tienen en materia ambiental.
¿Por qué me he extendido hasta una vertiente como lo es el bio-espacio?, porque quiero demostrar que todo obedece a un mismo mecanismo de cierre donde las compresas del Estado funcionan hacia afuera y se cierran al espacio vital de los estudiantes y los profesores como guías y salvaguardas de la cultura milenaria de nuestros ancestros, expeditos revolucionarios que se enfrentan al igual que los estudiantes en pueblos y ciudades a un agenciamiento pronunciado y peligrosamente permisivo por los instrumentos de la educación memo-ficha con fines obreristas, materia de consumo de las grades estructuras económicas del Estado y las trasnacionales: “ Basta con entrar en contacto con la literatura pedagógica de nuestra época: hay que estar muy corrompido para no asustarse -cuando se estudia ese tema- ante la suprema pobreza espiritual, ante ese desdichado juego infantil del corro. En nuestro caso, la filosofía debe partir, no ya de la maravilla, sino del horror. A quien no esté en condiciones de provocar horror hay que rogarle que deje en paz las cuestiones pedagógicas”.
Si un estudiante es ajeno a su entorno político y más aún a su lugar dentro dela nueva escala de valores de los desarrollos mercantilistas, cabría preguntarse entonces ¿cuál es el papel de dicho profesor, y cuál su tarea de formador?, cuando ante sus ojos la rebeldía se sustrae a una masa peligrosamente armada de ineptitud frente a lo factico, y por ventura, peor aún, convertido en un lugarteniente de las vías del desarrollo económico sin importar caer al traste bajo la consigna de bienestar educativo (restaurantes y cafeterías), con ausencia total de bibliotecas para el análisis, las cuales están completamente equipadas con enciclopedias didácticas, donde Simón Bolívar y Santander son ahora caricaturas de la historia patria: “Así, pues, le ruego, maestro, que me instruya en relación con el instituto de bachillerato: ¿qué decadencia podemos esperar de él, y qué renacimiento?”, de tal forma que los impulsos de rebeldía de nuestros estudiantes se han convertido, gracias a la fragilidad del sistema jurídico, en agentes al servicio del crimen organizado que los utiliza como a siervos sin tierra, para que terminen de carcomerse las entrañas en un silenciamiento que ha traspasado de mal en peor de la familia a los organismo del Estado como el Ministerio de Educación y el de Salud. Pues este último los tiene que atender una vez se destrozan la vida.
La complejidad de los hechos asustan por si solos, cualquier defensa en materia de educar y recibir información tiene poca relevancia, es decir, para el estudiante no precisa ninguna responsabilidad de respeto por el otro; tal diferencia se compendia bajo la mascara de la desesperanza, por esta vía no seremos capaces de levantar nuestro rostro al sol y verlo plenamente centelleando, pues con seguridad nuestras pupilas se llenaran de manchas; espejismos que desfigura el rostro del mundo, de este modo el estudiante cae presa de la transfiguración que el profesor utiliza para educarlo, es decir, cada término o concepto se convierte en espejismo de la realidad concreta del mundo en que habita, por tanto el estudiante pasa a ser agente pasivo de los mecanismos de control del Estado, el cual lo anima a defender su aparataje con uñas y pies, antes que a la vida misma como principio rector de nuestras voluntades: “Una escuela mejor no podrá tener otro objetivo a ese respecto que el de llevar al camino recto, con autoridad y rigor digno, a los jóvenes lingüísticamente corrompidos, y exhortarles así: ¡Tomad en serio vuestra lengua! Quien no consiga sentir un deber sagrado en ese sentido no posee ni siquiera el germen del que pueda surgir una cultura superior”, por consiguiente la escuela es nuestro bien mayor, si antes no la hemos convertido ya en espacio y cueva para el tráfico de delincuensillos; vientre mayor para el crimen organizado, o fábrica que justifica la política de seguridad que tanto daño nos ha hecho.
Dentro de nuestra perspectiva de búsqueda de hallar una sola razón, o al menos algún atisbo que haga posible lanzar una hipótesis sobre el Porvenir de Nuestras Instituciones Educativas, vale remarcar los períodos de actualización del sistema educativo en Colombia, desde 1993 hasta nuestra fecha, revisando un poco la cuestión, las transformaciones del espíritu educativo en Colombia dejan entrever que no hemos avanzado mucho en materia de reconocimiento de nuestra capacidad de reabsorción de las identidades culturales y determinar con claridad el por qué de nuestra visión de la violencia y el control por parte de las capas hegemónicas en el país. Eso significa que los controladores institucionales tratan de crear una cultura de concreto artificial, vaciando de sentido el mundo cosmogónico de nuestras raíces y sus influencias en el carácter de nuestras generaciones:
“La designación “cultura formal” forma parte de esa burda fraseología no filosófica, de la que hay que liberarse cuanto sea posible: en realidad, no existe en absoluto una “cultura material”. Y quien establece como fin del bachillerato la “cultura para la ciencia” desecha con ello la “cultura clásica” y la llamada “cultura formal”, o sea, que abandona en general cualquier clase de fin cultural del bachillerato. En efecto, el hombre científico y el hombre de cultura pertenecen a dos esferas diferentes, que de vez en cuando entran en contacto en un individuo aislado, pero no coincidirán nunca entre sí”.
Lo anterior nos permite concebir que el fundamento de la “cultura” en Colombia se ancla en el criterio desmedido de los agentes del Estado, o sea, en la conformación de un individuo imitador de modelos extranjeros, cada vez nos norte-amerizamos más, al dársele mayor base de cobertura, e incluso de inspiración a una lengua distante como la inglesa, de este modo caemos en el abismo de la necedad fantasmagórica de las ideologías. De esta manera la reorganización del Estado tiende a fundamentar la inmigración, convirtiendo el sentido de lo trashumante como elemento constitutivo de lo nacional. Por tanto nos vemos abocados entre dos continentes, y, a nuestra insuficiencia reflexiva, de Europa heredamos una tendencia hacía lo ilustrativo, y de Estados Unidos el tecnicismo de las carreras educativas. Para concluir nos queda en la cabeza la tarea de indagar más a fondo y de forma crítica el papel del filósofo en las tendencias educacionales, y su olvido por el fundamento de nuestras costumbres, razón y practica, ambos criterios tendrán que ser analizados antes que sucumbamos en un parasitismo global, donde el estudiante en mayor o menor medida se está “disciplinado” para el trabajo de la gran industria colonial.

lunes, 13 de septiembre de 2010

NO HACEN FALTA TESTAMENTOS



Agatha suele desnudarse utilizando la simplicidad de una mariposa que se despierta de su capullo, se despabila en sentido contrario a los requerimientos ideológicos de la moral y el comportamiento adecuado de una mujer adiestrada para la vida en pareja o en familia. Sin embargo hoy es un día tardío para Agatha lleva sobre si misma un fuerte olor a demonio consumado y el deseo por la carne humana no está en esta ocasión dentro de su interés personal. De todas formas

su desnudez mueve el impulso corporal de David quien la busca en un estremecimiento forzoso tratando de aferrarse al mundo de forma interminable, quizás para siempre. Pero Agatha en un movimiento más bien tardío que mecánico se desembaraza del hombrecito de ojos temerarios con un simple gesto de desplazamiento fortuito hacia un rincón de la cama, por cierto angosta, dejando toda la escena inscrita en un hombre acurrucado contra la esquina y la soledad de la habitación a medio encender. El personaje que controla la salida y la entrada de los clientes se percata de la situación y se prepara a despertar a David, mientras en una de las habitaciones contiguas un borracho en desmedro de su situación intenta aferrarse a la cama para que no lo saquen arrastras del lugar. Grita desesperadamente el nombre de una mujer que no es la suya, y se deja caer como un niño dormido sobre una silla seguramente en espera de un despertar magnifico borrando para siempre la sensación de olvido en que la vida lo tiene.
David está atornillado como un esparrago y prefiere el silencio de la habitación al bullicio de la taberna que sube y baja de entonación cada vez que suena la música. El controlador lo increpa para que desaloje el lugar, Agatha lo mira, en su interior un remolino de arena se descuelga por su estomago y presiente que su embarazo esta vez no será distinto al último que tuvo. El hombre allí desnudo consigue por fin que lo dejen un cuarto de hora más mientras se decide abandonar el espacio allanado por unos minutos de descanso sexual. Agatha se decide a salir mientras el hombre se despabila como un pájaro en picada y se arrodilla frente a ella, de arriaba a bajo todos los momentos felices de Agatha desaparecen, tiene la sensación de que su hijo de cinco años se ha vuelto un hombre sin alma, y está frente a ella suplicando un último beso de despedida antes que la muerte se lo arrebate intempestivamente. El ruego es insistente, Agatha lo mira con el ademan de una princesa que es abordada por un pirata que no es su príncipe encantado y decide escuchar atentamente la suplica del hombre: David. Comprende que desde su posición de mujer en pie ella es Goliat, y él un simple gorrión extraviado en la geografía del mundo. La escena es simple, alrededor una cama más bien angosta, la luz proviene del techo, las sábanas de color azul con algunos arabescos y una flor amarilla en el centro es lo único vistoso en el lugar. Un cuartico diminuto que hace las veces de baño, el cual parece más bien un cuartito para una muñeca olvidada.
La suplica se convierte luego en una especie de salutación especial donde el dolor y la risa se confunden con el paso de los minutos. El hombre David, se refleja en los ojos de una mujer acobardada por los años, el efecto de los narcóticos se empieza a desvanecer, de la suplica se pasa a una especie de cójale la cola al burro. Los gritos y el jolgorio del lugar se filtran por todas partes. Agatha se sumerge en los vericuetos de la mente de David, y pregunta cuál es su oficio. Él con su mirada difícil de describir se sube a la cama y trata de escapar buscando su ropa, ella por el contrario olvida la pregunta y se decide a salir llevándose consigo el último aliento de amargura que la envuelve. Pero antes de escapar del lugar David la mira como un maniquí, consume un poco más de polvo ángel, y la abraza suavemente. Agatha no pretende resolver algún enigma psicológico de la situación, y mucho menos salvar un alma que recurre a ella en busca de los abismos centellantes que la razón a veces nos niega. La mujer se mira así misma en un pequeño espejo que la observa fisgonamente. De un momento a otro David le dice: “Gracias a lo que nace, a lo que muere, a las uñas, las alas, las hormigas, los reflejos, el viento, la rompiente el olvido, los granos, la locura”. Agatha a olvidado definitivamente quien es y pregunta casi como un ángel desparramado a qué se debe ese alegato que no comprende: Mi nombre no es David, Mi verdadero nombre es: Oliverio Girondo.
Oliverio es mi verdadero nombre, estoy cansado de la muerte, de los años, de los periódicos, de las limusinas y de los esqueletos deformes, de los cementerios y de los presidentes que lloran. Seguramente no has escuchado mucho de mí o sobre… (Mientras una risita quizás efecto de la droga lo empuja hacia adelante en busca de un respiro hondo que le permita continuar su dialogo), vivo como todos los poetas en las bibliotecas: otra especie de bares de prostitución. Manos y mentes de todas las edades me estrujan constantemente y yo al igual que tú, recibo muy poco en agradecimiento. La poesía y los poetas son cosas, mecanismos, instrumentos, accesorios, ajuares, notas perdidas, silencios bálticos, señales perdidas que ya nadie busca. Ni puta ni razón somos ahora respondió Agatha, mientras encendía un cigarrillo mentolado. Y por qué Oliverio y no otro nombre. Sansón por ejemplo. La respuesta tardo un minuto y la puerta en abrirse un instante, el controlador exigía de una vez el desalojo del lugar, una parejita buscaba un asilo coyuntural y específico: sexo pagado al detal. Oliverio se fumó un sorbo del cigarro de Agatha y pagó nuevamente un tiempo extra al controlador. La mujer más bien mal vestida trato de equilibrar sus fuerzas buscando en su interior un chakra misterioso que le permitiera enfrentarse de tu a tu con aquel extraño personaje.
Así que te crees poeta, no… poeta no, ese es un castigo muy grande ahora que lo pienso con detenimiento. Soy poetazo. Y cuál es la diferencia. Que el poeta sufre, mientras que los poetazos reímos con la vida. No comprendo mucho la diferencia pero trato de entenderte. No es necesario que entiendas ya todo te lo he dicho, todo esta en este testamento que te escribí, extendiéndole una nota. Agatha abrió un retazo de papel el cual contenía la mitad de una cuartilla:
Testamento
En nombre mío y en calidad de mí propia ralea te dejo estas líneas en papel libre de mancha o de significados extraños al poder de las palabras; un poema y nada más:
Lentamente he ido perdiendo los ojos,
Las manos, los dientes, la pereza de los
Años; el fuego y el barro no permiten
Hacerte un retrato milenario, sin embargo
Te dejo mis tristes pasos y un puñado de
Miedos que la noche envuelve, te dejo mí
Voz, mis dedos sobre tu vientre, te dejo una
Piedra en vez de un mar, te dejo un gusano en
Vez de una avión, y te dejo finalmente mi espina
Dorsal en arrepentimiento por tantos años de
Ausencia y no haber llegado antes a cumplir tú
Deseo de princesa enferma con la espera de su
Príncipe encantado, y perdóname el no haberte rescatado
De este encierro y murallas inexistentes.

Oliverio se despidió de Agatha en una solemnidad muy parecida a la que hacen las personas importantes cuando se enfrentan a la locura del poder. Agatha supo que el amor y esos demonios que surgen en la soledad de la prostitución no existía como ángel ni como demonio, más bien poetas y poetazos, genios malignos que ya no son tendidos en cuenta, se precipitaban cada noche en busca de su abismo para caer poco a poco en la vejez, cuyo surrealismo sólo se compara con los desmedros del tiempo. Desde aquel día sus días fueron claros y distintos, llenos de arrebol, la noche no había cesado; a penas comenzaba su recorrido, cerró el poema y pensó que tan lejos estaba que amaneciera y que tan lejos estaba de los cuentos de hadas. Sintió además que no hacían falta testamentos para saber que Oliverio la quería pero que era incapaz de salvarla, pues comprendió que ella no corría ningún peligro: ya no era necesario que derrumbase al gigante de la nada junto con su mascara el vacío seguía preñado de ideas.

De la noche y sus temores
Julio 17 de 2010.

jueves, 26 de agosto de 2010

REFLEXIONES ACERCA DE LA MONJA DEL HOSPITAL Y OTROS RELATOS...


Simbolismo

En conversación reciente con Néstor Quiroz Moreno, a propósito de su libro de cuentos: La monja del hospital y otros relatos, lanzado en la versión vigésima tercera de la feria del libro en Bogotá, tuvimos la oportunidad de reflexionar con él, acerca de su obra y la influencia del realismo mágico, y sobre las sombras que aún persisten y continuaran gracias a la herencia literaria de García Márquez, a lo que el maestro Quiroz respondió: “imitar no es delito, pero plagiar si es un delito”, refiriéndose a los distintos booms que se han dado en Latinoamérica. En ese contexto la obra de Néstor Quiroz constituye una metáfora que mezcla la experimentación exponencial de lo cotidiano con el submundo ecléctico como el mismo menciona entre la realidad, el sueño, la utopía y la ficción. Dejando a un lado la corriente garciamarquiana, y remontando el horizonte del juego surrealista de la imitación formando su propio estilo directo y conciso. Lo anterior se descubre y se inserta en la exploración y explotación del sueño, un viaje al inconsciente colectivo, un recorrido abierto a una parcela de la geografía onírica de la región Caribe y más exactamente a Curumaní lugar de origen del escritor.
En El poder mágico del recuerdo, el primero de sus relatos, la angustia del personaje central Luisenrique, navega entre el mito y la ensoñación, entre el fuego y el caos que padece de algún modo el insomne. El autor intenta deconstruir el fundamento fálico que precisamente Jung le reclama a Freud, en el sentido de que la tensión existente entre lo sexual, lo religioso y lo represivo, están más allá de la simple fuerza motivacional del hombre como ser creador y refundidor de la ingeniería mental, sino que el fundamento de la naturaleza vital del hombre está por fuera de lo sexual, o sea en lo bello. Lo que Husserl llamaría la cosa misma en tanto fenómeno exponencial de lo existente. Lo mítico se desdobla cada vez que los impulsos de la memoria invocan el recuerdo de la amada, y el necio placer que engendra la espera, es decir, el limite de lo espacial y la ausencia del otro, se instituye en el juego que de algún modo los personajes de la obra buscan afanosamente, o sea, el simbolismo perfecto para escapar al olvido y la soledad.
La muerte también deambula por la obra de Néstor, espiritualizada, sublimando el ejercicio cotidiano de la libertad que experimenta el cuerpo al librarse del espíritu que lo anima, y el alma de la prisión que la envuelve. En Muerte y desidia, Sergia Francisca (la madre) y Peruchito, están unidos por la magia y el dominio, la madre juega con los arcanos celestes y demoniacos si se quiere, con sus artes adivinatorias, por su parte Peruchito (el hijo) se dedica a desentrañar los componentes que hacen posible que la tierra engendré la vida. Lo cual significa que existe un poder entre lo oculto: la palabra, y lo existente terrenal: la vida en cualquiera de sus formas. Las cuales son aceptables a ojos de la naturaleza, que Néstor lo resume en la risa, la burla y el olvido. De ese modo el autor traspasa el abismo de las mentiras ciertas que los habitantes de un pueblo las conciben como fundamentos de sus creencias y criterios de vida; así, el marco de lo particular sobrepasa la tensión entre lo imposible y lo dantesco hasta convertirse en verdad conjeturada. Lo que podríamos resumir en que el amor y el odio son hijos de un mismo vientre. La mujer se perpetúa como el continente donde el hombre siembra sus posibilidades de existir, siempre y cuando la magia sirva de elemento propiciador y emancipador del genio supremo que al igual que la figura poderosa del Dios constituidor de la realidad, permita el respeto por el otro, en nuestro caso por la simetría hombre=mujer.
Cuando Néstor explora abre el universo del verbo, aparece de inmediato la tradición oral, la escucha se convierte entonces en el vehículo híper-metafísico, por esta vía hace un hueco en el horizonte del surrealismo tal como logra hacerlo Dalí en su obra, en su equiparación entre lo físico y el vacío de lo real. La montaña encantada, constituye ese espacio que las nuevas tecnologías han ido ganando con el paso del tiempo, alejando, atomizando, y arrinconando de tal modo el juego de la escucha a los abuelos, a un vacío sistema mecánico de la cercanía simple, de irrespeto por el respeto mismo que la tradición representa como la necesariedad en lo referente a la cultura y el mundo antiguo, conexiones vitales que irrigan el constructo humano y su potencialización en la necedad que tiene el hombre por borrar su pasado.
Pasión y mito son de un modo distinto el juego borgiano de la ficción y el laberinto, con esta toma de posición frente al ámbito de la violencia armada, el autor apela al recuerdo de la infancia y la juventud para destruir el mundo agenciado por lo rigores de la hegemonización del hombre Caribe por corrientes distintas y lejanas, a lo incompresible, a la razón propia de su entorno político y social, el cual ha sido vulnerado por los actores armados del conflicto siempre actual. Guerra obtusa que un país como Colombia impulsa de forma silenciosa cerrando los espacios vitales de la creación y la reflexión. Dejando en la intemperie a nuestros jóvenes y niños dentro del marco histórico de la libertad como arquitectura política y moral de la responsabilidad frente al otro que nos remplazará, en un futuro próximo sin un piso firme para la crítica.
Bien lo decía Dalí en aquella celebre entrevista en 1976, al parafrasear el siguiente verso de un poema escrito por un amigo suyo: “Las esquinas de las calles son de papel y pasan las golondrinas doblando y desdoblando esquinas…” así mismo La monja del hospital y otros relatos, van desdoblando pensamientos a lo largo y ancho de toda Latinoamérica. Efectos de la posibilidad misma de la representación del mundo en tránsito que ha dejado el viajante y que regresa con el mismo ánimo en busca de los orígenes, tal como Nietzsche se esfuerza por encontrar el camino perdido de su Ariadna y el sendero olvidado por el mundo griego los cuales son el principio de la creatividad y la filosofía primera donde el verso se fundamenta como el eje y la visión del hombre actual, del Caribe nuestro hoy y siempre, en contra reflejo de lo que el vitalismo Nietzscheano buscaba gracias al reencuentro del superhombre con la naturaleza y la creación del arte estético con la vida misma. Del mismo modo la literatura costera se reconfigura con la aurora de la ciencia antigua de la mística escueta de la mujer como elemento primordial más allá del sexo y la malicia psicológica de los géneros.
El furor propuesto por lo prohíbido se ve representado por el calor expuesto en la sensibilidad religiosa que tiene el pueblo costero, y su entorno aún hoy mucho tiempo después de la conquista y la colonia española. Es decir, el sentido de lo religioso marca el rumbo de la cosmogonía hispánica del hombre Caribe y se manifiesta cuando el autor narra las incidencias personales y prohibidas de su estancia en un hospital administrado por una esposa del Señor que olvida por un momento sus oficios divinos, y decide adentrarse en los vericuetos de los placeres corporales, volcando las la imágenes religiosas en lo prohibido y lo profano. Llevando consigo la significancia como diría Lacan de lo textual, adicional a esto, es decir, el esplendor de la idiosincrasia de un pueblo que alimenta sus nexos con lo africano, el autor lo incrusta de forma silenciosa, aclarando la lucha que aún hoy los ángeles y los demonios enfrentan, los cuales se persiguen así mismos jugando al gato y al ratón, permitiendo el ejercicio milenario del bien y el mal, donde la serpiente del deseo le ha ganado la partida a Dios una vez más.
De esta primera obra sacada al mercado por la Fundación Editorial el perro y la rana, nos permite evidenciar los espacios naturales que la palabra y la escritura configuran en el plano artístico y ancestral del hombre caribeño, y abre el espacio para que otras corrientes de pensamiento se vayan constituyendo en artífices de su historia y marquen el rumbo critico y reflexivo de las líneas de pensamientos nuevas, que insistentes continúan llegando a la costa Caribe, pero que en vez de fragmentarla la robustezcan y la conviertan en el origen de nuevas filosofías pilares del pensar distinto. Al maestro Quiroz le auguro buenos vientos en la búsqueda de su propia literatura interior, y que nos siga divirtiendo con sus cuentos cortos donde los animales también son parte fundamental y creativa, como una metáfora para denunciar al igual que Flaubert la realidad social, para que los jóvenes revelen sus temores y pasiones por el mundo que a diario se construye a su alrededor dibujándole cárceles imaginarias: invenciones de lo real, a las que el poeta, así como el escritor están llamados a derrumbar, barreras que nos separan del paraíso fantástico de la creación literaria.

Epístolas trashumantes, Agosto 26 2010.

domingo, 22 de agosto de 2010

ENTREVISTA AL ESCRITOR NÉSTOR QUIROZ PARTE 01


Entrevista al escritor colombiano Néstor Quiroz Moreno en la XXIII Feria Internacional del libro de Bogotá, donde presento su obra "La monja del hospital y otros relatos" el 21 de agosto de 2010.

ENTREVISTA AL ESCRITOR NÉSTOR QUIROZ PARTE 02


Entrevista al escritor colombiano Néstor Quiroz Moreno en la XXIII Feria Internacional del libro de Bogotá, donde presento su obra "La monja del hospital y otros relatos" el 21 de agosto de 2010.

ENTREVISTA AL ESCRITOR NÉSTOR QUIROZ PARTE 03


Entrevista al escritor colombiano Néstor Quiroz Moreno en la XXIII Feria Internacional del libro de Bogotá, donde presento su obra "La monja del hospital y otros relatos" el 21 de agosto de 2010.