miércoles, 19 de enero de 2011

A LA ¡SALUD!



WHISKEY


Todos los ensayos deben empezar con la palabra whiskey, no por una necesidad etimológica sino porque me gusta el whiskey, su fonética habita en ecos silenciosos por mis venas. Para ser honesto no soy alcohólico, sólo me gusta el sabor de la palabra, como ella quema las entrañas y enrojece al más moreno. Si usted es menor de edad continúe la lectura de este texto bajo la vigilancia de un filósofo adulto; no porque sepan de whiskey, sino porque me publican en este espacio. Nadie quiere salir borracho.
Una tarde compartía un trago con los ebrios intelectuales (porque los intelectuales sin alcohol son aburridísimos, conservan los mejores pensamientos para sí) celebrábamos socarronamente las virtudes escriturales del otro, reíamos por la doble aspa que nos cercenaba el cuello, nos poníamos curitas y los precoces daban machetazos a diestra y siniestra. Imagen casi perfecta, pero no había whiskey, así que me retiré; no soy filósofo, soy literato y estoy aquí para incomodar lo más posible a los primeros.
Whiskey. La literatura se diluye en un whiskey. Entre más viejo mejor, no digo que Cervantes sea mejor que Nicanor Parra, sólo que tienen barriles distintos de reposo y maduración. La literatura es una esquirla que rasga las venas, siembra placer sadomasoquista, no es un vino de la serie “Cariñoso” como la filosofía de salón de clases; la literatura tiene ese tono espeso y destilado del whiskey, a contra luz todo lo mueve, en la oscuridad todo lo provoca con su textura, no es un aguardiente filosófico-adulterado que todo lo confunde, que todo lo justifica de un shot-disparo, como si todos fueran el viejito Lonergan.
No odio la filosofía, ni su pensamiento, estaría en un error al tratar de forma peyorativa los demás licores, insisto, a mi me gusta el whiskey, me gusta la literatura.
Durante siglos el ebrio intelectual ha depositado su conocimiento y picardía –porque todos somos pícaros, decía el abuelo- en distintas barricas, es precisamente allí, en el proceso de maduración, que se crea el pensamiento. Los filósofos ya se habrán destapado media botella de aguardiente y dirán que si la literatura es como el aguardiente pues la filosofía es como el vino. No tengo opinión contraría, pero ese licor es de la poesía.
La literatura aromatiza el espacio, se enreda en el aire, no se compara a una vela de motel marca logos, estremece cada corazonada, evita dolores de cabeza inservibles, es un guayabo poético.
Sé que todos los ensayos deben empezar con la palabra whiskey, si tiene opiniones o reclamos de cualquier calibre, le propongo que me invite un whiskey. ¡Salud!

Por Daniel García León.

lunes, 3 de enero de 2011

HACIA LA JUSTIFICACIÓN DE UNA HISTORIA DE LAS IDEAS EN AMÉRICA LATINA


Es clásica la estigmatización de Hegel al asignar a los pueblos latinoamericanos un lugar insignificante histórica y culturalmente, pues los describe como pueblos impotentes a nivel físico y espiritual, incapaces de ser educados. Lo poco digno que se encuentre en América Latina obedece al influjo que el espíritu europeo ha podido legarles, y sólo con relación a ese espíritu pueden tener porvenir; por fuera de él, los pueblos latinoamericanos quedan excluidos de la historia universal, siendo radicalmente ahistóricos. América Latina sólo puede llegar a tener sentido fijándose dentro de lo universal, es decir lo europeo.
Una reflexión más cercana temporalmente, y realizada desde la propia situación latinoamericana, la ofrece Rubén Sierra. Para este filósofo colombiano, el proyecto de un filosofía latinoamericana auténtica y original, está basado en la inseguridad y la desorientación espiritual de los pueblos que no han querido reconocerse como ciudadanos de la cultura occidental. Para que el pensamiento latinoamericano se instaure dentro de esa cultura debe aspirar a la univocidad conceptual y no quedarse en los equivocismos y ambigüedades, propias de las nociones con las que los pensadores latinoamericanos han expuesto su imagen del mundo. Al anclarse en una serie de problemas locales, el pensamiento en América Latina no ha constituido verdaderas escuelas o movimientos filosóficos, con pretensiones de universalidad. Tras la supuesta originalidad que pueda representar una historia de las ideas se esconde una actividad como reflejo y copia de la cultura occidental, sin hacer aportes valiosos a la misma.
Así, la historia de las ideas sería la tarea reservada para los pueblos subdesarrollados, que ante la carencia de sistemas filosóficos, sobrevaloran la producción intelectual de sus pocos pensadores, quienes, por incapacidad, desconocimiento o negligencia, reflexionan únicamente sobre localismos, alejándose cada vez más de la universalidad propia de la filosofía.
Pero si tal como se ha expuesto hasta el momento, la historia de las ideas surge como fruto de las reflexiones inauguradas por un filósofo alemán y se desarrolla posteriormente, y con un gran interés, en España, país con tradición occidental , se evidencia que esta disciplina responde a unas necesidades básicas, con enfoques formales y metodológicos propios, que lejos de excluirse de la dinámica propia de la historia de la filosofía, la complementan y se complementan con ella. Para comprender de este modo la importancia de una historia de las ideas, es propio acceder a una visión diferente de la historia.
Joaquín Zabalza[2] presenta un acercamiento a la comprensión analógica de la historia, reaccionando ante al univocismo eurocéntrico, que se lee en Hegel y de alguna manera en Rubén Sierra, y también frente al equivocismo pluricéntrico, que en varios casos ha sido el punto de partida y justificación del proyecto de pensamiento latinoamericano. Zabalza ve la necesidad de reconocer la existencia de una historia universal, concreta, pero analógica e individualizada en diversas culturas. Esta historia tiene una finalidad y muestra un sentido que se diversifica según la situación concreta de cada hombre y cada pueblo, y se entiende como una lucha por la liberación frente a las situaciones concretas de opresión a las que están sujetos los hombres. Así ,lejos de los extremos, tanto la historia de la filosofía como la historia de las ideas tienen un sentido propio.
Es posible y deseable una Historia de las Ideas en América Latina que haga inteligible el proceso histórico de nuestros pueblos a nivel ideológico, destacando por una parte su conexión con el pensamiento universal; pero por otra, la función opresora o liberadora que dichas ideas han ejercido en la marcha de los sucesos y eventos de nuestra historia. De ella, depende en parte, nuestra propia autocomprensión del presente y nuestra adecuada proyección hacia el futuro. Analógicamente entendidas, creo yo que ni la filosofía de la historia es una filosofía de la ‘histeria’, ni la historia de las ideas es mera ‘arqueología’.
En este texto de Joaquín Zabalza se recogen varios de los aspectos que justifican una historia de las ideas en América Latina y, que de igual manera, hacen comprensible la razón por la cual esta disciplina ha encontrado en el continente el horizonte propio, vital e histórico para una formulación, cada vez más precisa, de sus objetivos, funciones y condiciones epistemológicas.
La intelectualidad latinoamericana, apropiándose de la tradición intelectual occidental, ha pensado los problemas inherentes al continente, descubriendo en ese proceso la necesidad de desarrollar una filosofía en la que “no sólo interesa el conocimiento, sino también el sujeto que conoce, el filósofo en particular, en su realidad humana e histórica”, un sujeto que no es individual, es un nosotros circunstancialmente ubicado en lo nuestro. De allí que la identidad del hombre latinoamericano, su historia y cultura, sean elementos fundantes de un pensar auténtico y original.
La autoafirmación del sujeto latinoamericano parte de una actitud de verdadera comprensión del pasado que le pertenece y constituye sus raíces; comprensión de las formas en que se ha pensado a sí mismo y la manera como las ideas producidas han actuado efectivamente en su modo de estar en la realidad. Una autocomprensión crítica que permita los procesos de recuperación histórica e ideológica.
Esto no se logra mediante una ruptura con lo occidental. Una mentalidad aldeana propia de un continente de puertas cerradas, lleva a los individuos a su propio desconocimiento, en la medida en que se desconoce el otro. La historia de las ideas no se presenta como una exaltación de lo específico y a su vez un desprecio por lo universal, sino como la posibilidad de integrar las propias circunstancias a valores superiores, dentro de la comprensión de la relatividad de lo universal y la universalidad de lo concreto.
La función liberadora de una historia de las ideas no es un contenido programático que se impone limitando los campos de intelección, erigiéndose como un nuevo absoluto que se impone frente a la historicidad y la pluralidad. Es necesario superar ciertos modelos dialécticos impuestos para el pensar latinoamericano, que limitaban su intelección a la relación opresor-oprimido. La función liberadora no le pertenece exclusivamente a un pensar latinoamericano, la libertad es una tarea de la humanidad frente a las situaciones concretas que la nieguen en cada época y espacio determinado.
En este sentido las razones éticas que inspiraron el pensamiento del filosofo británico Isaiah Berlin y, que a su vez, lo hicieron optar por la historia de las ideas tienen eco para la tarea latinoamericana.“ La defensa de los derechos humanos y la libertad personales frente a todo tipo de determinismo o relativismo amoralistas, el respecto activo por la variedad de concepciones filosóficas, políticas y estéticas desplegada por los diferentes individuos y culturas y la conciencia del compromiso de los intelectuales de orientar a sus congéneres sin inmolarlos en el altar de utopías milenaristas”[5].
La comprensión de la razón histórica de los pueblos latinoamericanos, como máxima conciencia intelectual que de si mismos pueden adquirir, permitirá conocer la significación de la realidad en la que se vive y a la que se pertenece, configurando su proyecto de inserción en la comunidad humana. La historia de las ideas no es un simple recuerdo que sirve de estimulo espiritual, sino una apropiación comprensiva de la tradición en la que el pasado estudiado críticamente es hondamente liberador y permite volver al presente, proyectando un crecimiento para enfrentar el futuro con coherencia y sentido creador.
Así se justifica una historia de las ideas desde sus rasgos más generales, hasta su especificidad concreta en América Latina. Sigue teniendo un sentido urgente e importante determinar la identidad de este continente, pues a pesar de los esfuerzos de reconstrucción historia, pesa en ocasiones el olvido y por esto no acabamos de saber quienes somos.
Muchos de ellos [los nativos americanos] murieron sin saber de dónde habían venido los invasores. Muchos de éstos murieron sin saber en dónde estaban. Cinco siglos después, los descendientes de ambos no acabamos de saber quiénes somos.
[...] cada uno de nosotros piensa que sólo depende de sí mismo. Razones de sobra para seguir preguntándonos quiénes somos y cuál es la cara con que queremos ser reconocidos en el tercer milenio.

[1] SIERRA, Rubén. Apreciación de la filosofía analítica. Bogotá: Universidad Nacional de Colombia, 1987. p. 121-129.
[2] ZABALZA, Joaquín. Filosofía de la historia e historia de las ideas. En : MARQUÍNEZ, Germán et al. La filosofía en América Latina: historia de las ideas. Bogotá: El búho, 1996. p. 20-22.
ROIG, Arturo. Teoría y crítica del pensamiento latinoamericano. México: Fondo de cultura económica, 1981. p . 9.
TOVAR, Leonardo. Historia de las ideas y pluralismo en América Latina. En: Cuadernos de Filosofía latinoamericana. Bogotá: No. 82-83/84-85 (2001); p.81-82.
GARCIA MARQUEZ, Gabriel. No acabamos de saber quiénes somos. En: Cambio: 10 años, edición especial de aniversario. Bogotá . No. 530; (ago-sep.2003). p.40-44.


domingo, 2 de enero de 2011

EL «SER» LATINOAMÉRICANO


Qué o quienes somos, qué nos hace ser lo que somos. Interrogantes bien confusos al momento de darle respuestas. Pensadores latinoamericanos como Leopoldo Zea y Enrique Dussel han intentado dar con la solución de este enigma.
La pregunta por nuestra esencia latinoamericana se replantea a partir de nuevas postura como lo fueron la teología de la liberación quienes a partir de un análisis crítico de la historia intentaban realizar una contextualización de las enseñanzas de Cristo en Latinoamérica. Las investigaciones de la situación social en nuestros países dan como resultado el surgimiento de la teoría de la dependencia la cual hace gran énfasis en los conceptos de centro y periferia.
Empero, teorías y posturas que no tuvieron la resonancia que se esperaba y pasaron a ser un mero registro histórico.
Entonces cómo percibirnos, cómo indígenas sin serlo realmente, ni españoles o negros? A nuestra generación es la que nos corresponde pensarlo, construir un imaginario que nos incorpore a todos, crear, como lo diría Hegel un espíritu objetivo capaz de abarcar e incorporarse a todos los estamentos individuales y colectivos, para de esa manera tener un punto de partida común.
Para los europeos, esta pregunta ya no es ni siquiera necesaria, ni mucho menos para lo Norteamericanos quienes se conciben desde sus inicios como la tierra prometida dada las persecuciones que vivieron por parte de Enrique VIII en sus inicios como pueblo.
Una de las naciones que tiene muy clara esta situación, me atrevería a decirlo, es la alemana, quienes se perciben bajo la expresión deutsch (alemán). deutsch alude meramente a lo que resulta familiar a todos aquellos que se expresan en un idioma común. La raíz de deutsch reaparece en el verbo deuten (apuntar, indicar o explicar): de ahí que deutsch venga a querer decir lo que es claro (deutlich), lo familiar, lo acostumbrado, lo heredado, lo propio de nuestro suelo.
La nación Alemana a pesar de haber sufrido grandes descalabros en su reiterativa intención de apoderarse de territorios continúa percibiéndose de igual manera. Sin embargo históricamente se puede ver que fueron estas derrotas las que lo ayudaron a darle forma a esta visión. Y tal vez uno de los descalabros que más son recordados en Alemania es la de Alsacia, como lo afirma el mismo Richard Wagner: Con el derrumbe de nuestro poder político en el exterior, es decir, con la pérdida de significación de la autoridad imperial, que hoy lloramos como principio de la ruina de la gloria alemana, comienza en realidad el desarrollo auténtico de la esencia (Wesen) alemana genuina.
Incluso, el espíritu alemán se encuentra forjado por ideas foráneas que las tomaron e incorporaron a su diario vivir. Caso ese el del desarrollo mercantilista incorporado y adaptado a partir de las guerra napoleónicas y hasta cierto nivel por algunas comunidades judías que llegaron a estos territorios a mediados del siglo XVII. Para el alemán no es importante quién los gobierna, siempre y cuando respete sus tradiciones y su cultura.
Son muchos los elementos que se fusionaron para formar este imaginario alemán, pero lo que si es claro fue que se concibieron como un pueblo.
Entonces, qué sucede en nuestras naciones que no podemos articular la mescla de tres culturas, que aunque distintas, susceptibles al cambio como todas las demás?
Cuáles son los elementos comunes que debemos tener en cuenta para desarrollar una identidad propia que surge como respuesta a nuestro tiempo.
Para los europeos, el factor económico fue importante al momento de realizar dicha empresa, la idea de progreso tecnocrática se manifestaba como aplicable y se ajustaba a los intereses de la mayoría.
Será que tenemos que pensar seriamente en la elaboración de una idea de progreso distinta a la europea, con las implicaciones que eso trae. La idea de progreso tecnocrático ya no soporta más, se manifiesta como incapaz de solucionar los grandes problemas ecológicos a los que conlleva.
Dentro de la idea de progreso tecnocrático, el ser latinoamericano y más concretamente el ser colombiano se encuentra en un mundo que se le fue impuesto, no lo parió de sus entrañas como sí sucedió con las naciones europeas con todas sus implicaciones. En nuestro territorio las guerras libertadora eran guiada por un grupo reducido de «criollos» de las clases altas que lo único que les interesaba eran emular las guerras europeas y de esa manera tener un territorio a su servicio con las ideas de libertad, igualdad y fraternidad como estandarte.
Entonces para terminar este breve momento de reflexión, la pregunta queda sobre la mesa, ¿nos corresponde repensar el ser latinoamericano desde la reconstrucción de la idea de progreso, teniendo como punto de partida la idea de identidad?

viernes, 31 de diciembre de 2010

ODA AL CABALLO TRAICIONERO


Caballo, caballo traicionero
certero golpe, severo
le diste en la rodilla
a un ex mandatario montañero,
que pasará todo enero,
curándose a demás de su orgullo
el cruel atentado tuyo.
Tal vez te echó el tinto encima
y tú le pateaste, sin lástima
como la que él no tenía
y por eso disputas mantenía
con aquel que no pensara
que con la guerra bastara
dizque para conseguir la paz.
Por eso no fue capaz
de construir nación
y sí destruir a la oposición.
Tú, caballo relinchante
mírame o explícame
que te hizo él
acaso te envió Coronel
o quizás Valencia Copete
o aquel que se entromete
en acabar sin propiedad
su lema de seguridad.
Caballo desparpajado, caballo cizañero
caballo sinuoso traicionero,
que no te saquen de taco,
o te aíslen como a paraco.
Por atentar contra la figura
del hombre que con finura
en su twitter y con dulzura
lanza improperios resentidos
a todos aquellos que unidos
protestamos por agro ingreso seguro
el cual dejó al campo sin futuro
lleno de ruinas y pobreza
con campesinos llenos de tristeza.
Caballo terco y demente
equino brioso e irreverente
que cascó al presidente
de una era ardiente
de un gobierno autoritario
que de modo arbitrario
premiaba a los contratistas
por tan sólo ser uribistas,
en la gran repartija
de contratos que en valijas
desbordaban las arcas de unos pocos
que nos sacan hasta los mocos
por ganarse y con palanca,
tal vez un terreno en zona franca.
Caballo, –que te digo– caballito
de lomo alto, caballo bonito.
Actúas como magistrado
que al sentirse chuzado,
brioso y altanero
pateó al montañero
y no eligió su terna
en una guerra fraterna,
de justicia y ejecutivo
lo cual fue el caldo de cultivo
de un desorden tal
que atento la moral.
Que tengas suerte mi caballo,
que no te den el fallo
de volverte salchichón,
pues la orden es darle chicharrón
a todo aquel que atente
contra la brillante mente
de aquel que como Mesías,
regaló nuestras vías
dejando todo derrumbado
con un plan fracasado
y un ministro que ha rezado
y su pecado no ha lavado.
Gracias caballo traicionero
te digo que te quiero
que te llevaría a Argentina
o a Italia, a conocer la Cicciolina,
que vería provocada y tierna
el bulto de tu entrepierna.
Finalmente pido al cielo y si la suerte no falla
que algún día la corte de la Haya
lastime más que la rodilla
de alguien que como ladilla
nos hizo dar más piquiña
que el fenómeno de la niña.

jueves, 30 de diciembre de 2010

EL DECIR DE JUANCHO POLO VALENCIA



Sujeto, Objeto y Lugar

Hace ya mucho tiempo el maestro Juancho Polo Valencia escribió una canción titulada Lucero Espiritual. Haciendo uso de esa letra quiero decir lo siguiente:

Si bien el lugar está conectado con el espacio, y los objetos que yacen en torno al mundo de los entes “se vitalizan –por sí mismos- yendo de un extremo a otro”, el hombre es entonces en términos de un ritual: el objeto de adoración que permite que la imagen y las sombras que se forman a partir de la experiencia sagrada de lo casi imposible de ratificar (estarse vivo), no se interprete como algo errático, sino casual; devolviendo todo a un punto de partida. Por su parte el aquello que sobre sale de la oscuridad, y al irse despabilando se va hacía el fenómeno en cuestión, es decir, el objeto de cuyo lugar se consagra al vértigo expelido por la transformación de la realidad gracias a la actualidad humana, nos recuerdan (entonces) la finitud o la mortalidad, así el ejercicio que permite el canto, la voz, el impulso de lo vital del ente, un sobrecogerse al estado de cosas que el hombre no domina, la perdida o la ausencia del otro, resultado de una transgresión en sí, se constituye como signo o símbolo, dice el maestro:
Lucero espiritual
Lucero, lucero
Lucero espiritual
Eres más alto que el hombre
Yo no sé dónde se esconde
En este mundo historial
La vuelta al objeto no en tanto que cosa, sino en función de lo que está más allá de los sentidos, o sea, lo exponencial del hombre que se halla vencido, derrotado, desgarrado, y por fuera del imaginario colectivo lo abocan a clamar por su repertorio; tal inserción lo transporta a su geografía, donde el mundo artificial sólo es un punto de referencia, sin embargo no se constituye en el hacer del hombre, sino que busca un mejor vivir atento a los requerimientos del estomago y de la naturaleza, y aun así y por el contrario la vegetación o el horizonte rural deja a este sujeto en una posición indeterminada para acallar el dolor o la fuerza que le impone el olvido.
El hombre rural, el hombre Caribe, el hombre estacional, descubre en el verso la fragilidad de la vida en presencia de la muerte, lo cual no quiere decir que exista una marcada tendencia hacia la ensoñación como elemento desacomodador del mito de la vida en el paraíso, puesto que el objeto –en este caso la finitud humana- se colige en perfecta armonía con la anatomía del dios invisible que produce el verbo como una repuesta a la necesidad de que exista el sujeto como referente histórico y mortal. Por consiguiente el canto de Juancho Polo Valencia, -quien ha sido privilegiado al no asistir a ningún centro académico-, lo hace conocer por voluntad propia origen y fin de lo incierto gracias al poder del pensamiento humano, desprovisto desde luego de todo rigor conceptual y corpóreo, borrando por completo el cenit de toda concepción divina de la naturaleza, incluso de la físis de las ciencias exactas terrenas o fuera de ella si las hubiere:
Yo pensando en esa estrella
Tiene figuras de un globo
Yo te quiero a mi acomodo
En mi tierra y fuera de ella
La música desplaza el peso de todo objeto, la poesía por su parte destierra el constreñimiento de la estructura humana a todo lugar que posea al menos en términos de creación a la inviolabilidad del alma humana. De este modo el fuego de los dioses se extingue en la entrada del universo que el juglar en-cripta en su seno de barro. Es decir, que la suficiencia que trata de darnos el mundo artificial de los entes fabricados agonizan por si mismo antes de atravesar el umbral de tal universo nuclear que el poeta posee. Más allá de esta posibilidad ni la vida, ni la muerte, ni el sujeto-objeto-lugar son capaces de equilibrar, porque tanto el pasado, el presente y el futuro son meros aforismos conceptuales que la mente inocula para domesticar las acciones humanas y zaherir a los dioses:
Pero yo no se donde se esconde
En este mundo historial
Estrella del universo estrellita
Dame razón de Emilita...Ay hombe
Me le llevas estos versos
Cuando la encuentres sólita…
El terreno de la angustia no es por supuesto el tema de este texto, pero si vale recordar que la negación de la vida como principio de inmortalidad deja al poeta en manos de la soledad que lo destroza y lo convierte en eco de sus lamentos. La estrategia de Juancho Polo, -si es que tal cosa existe en él- consiste en nombrar como lo han hecho todo tipo de sujetos ilustrados sin importar el orden tales como: Parmenides, Anaximandro, Heráclito, Plotino, Espinoza, Leibniz y quizás un poco Heidegger, la naturaleza de las cosas, el Qi que llaman algunas corrientes de pensamiento oriental, o como lo denominan los Kogui o Kaggabba la “aluna” fuerza que domina el orden de las ideas y rige el fuego de la naturaleza, es a mi modo de ver y de entender el decir del poeta Valencia. Para Juancho Polo el pulso de las cosas son innombrables a pesar de estar por fuera de la cosmogonía filosófica occidental, pues, este juglar de andar descalzo y montado en su burro no pretende esculcar en su conciencia aquello que no existe:
…Y yo pensando en esa estrella
Tiene figuras de un globo
Yo siempre soy Juancho Polo
En mi tierra y fuera de ella…
Por consiguiente el terreno que escoge el maestro para trazar su canto es el de la sentencia escueta, cerrada y nombrada a partir de sus improntas personales y pensadas con el caer de la tarde o el alba que brota de los aleteos de los pájaros silvestres aún in-nombrados por la ciencia de su pueblo natal Concordia Magdalena y por allá en el cerro de San Antonio un 18 de septiembre de 1918 nació el poeta de la errancia y la vagabundearía en concordancia tal vez también con el ciclo que tienen algunas estrellas en el cielo. El canto contrasta aquí y allá con la lejanía, a la vez que lo cercano lo envuelve todo en todas partes y por todos los lugares. Aunque el mar y la lluvia fuente de toda simplicidad biológica lo transformen en un animal de extraña presencia que se concibe así mismo como distinto, no le impiden tratar por todos lo medios con el sueño y la ausencia de su amada, o en mirar frente a frente al dios de los desencuentros como si este fuese un objeto inanimado y sin ningún valor aparente.

“Yo soy Juancho Polo Valencia en mi tierra y fuera de ella”, lo anterior alimenta el verbo de la presencia del hombre sobre la tierra. Y yendo más allá de sus lamentos convierte la estructura de la voz en lo que Derrida expone en “La palabra soplada”, devolviendo al ser humano al teatro de la vida en un sin sentido que fuerza al objeto de las cosas a que se manifiesten aunque se sepa de antemano que estamos henchidos de realidad al modo de Xavier Zubiri. Tanto Derrida como Zubiri son piezas fundamentales de la fenomenología y desde este horizonte el maestro Valencia también a su modo y por la misma época tal vez se fuerza a decir lo que el alma nuclear del poeta esconde como sinónimo de su lejanía con el dios invisible de la palabra y la carne que lo cristaliza en pieza de barro trascendente. Este darme razón de la vida fluctúa como la agonía del ave que cae prisionera de la red que la atrapa o de la lanza que la atraviesa:
Pero yo no se donde se esconde
En este mundo historial
Si existe una pena esta no consiste en un arquetipo de la razón o de la facultad humana de reír o de llorar, sino que consiste en el sentido que tiene el objeto de la muerte cuando la fantasmagoría de las religiones esconden el cadáver de la vida para que la ciencia, -artificio de los vencedores-, pueblen el alma del mundo, no como voluntad y representación al estilo de Schopenhauer, sino que se manifiesta como un hecho vital de la carne que se descompone una vez ha partido el alma que la envolvía. Así música y poesía cobran sentido toda vez que el hombre es un ser de extrañamiento continuo, cotidiano, pero sobre todas las cosas errante y moribundo, alejado de todo espacio, lugar, y sin ningún objeto que lo atraviese como fundamento de la presencia de un dios salvador o benefactor de los menos favorecidos, puesto que no existe ningún código o clavícula que lo libre de la necedad de estar vivo y muerto a la vez. De este modo Juancho Polo Valencia equipara el claro oscuro de la vida y la muerte como una categoría más poética que filosófica, y más humana que extra-terrena.

En homenaje al cantor vallenato, a su gente y a su tierra, Diciembre 30 de 2010.

viernes, 24 de diciembre de 2010

PROPÓSITOS PARA EL 2011


El año llega a su final, es momento en el que muchos empezamos a recapitular acerca de los asuntos que aún quedaron pendientes y que esperamos solucionar con el cambio de año. Por mi parte y haciendo un concienzudo análisis de todo lo vivido en el 2010, tengo que decir con gran pesar que el 2011 es un año en el que tengo mucho por mejorar.

Como primera medida espero reconciliarme con la figura del presidente Santos, trataré de no cambiar de canal cada vez que lo veo en televisión o de mostrarle una fotografía suya a mi hija cuando no se quiere tomar la sopa. Era tal mi grado de paranoia con nuestro primer mandatario que hasta llegaba a cambiar de canal cuando salía el comercial del muñeco Nenuco.

Además es menester de todo buen ciudadano empezar a analizar a todos los candidatos por los que votaremos en octubre, pues es nuestra responsabilidad elegir buenos gobernantes. Por mi parte debo analizar las hojas de vida de candidatos como Enrique Peñalosa, que en una futura alcaldía suya no ganarían sólo los contratistas, también las cementeras y Colsubsidio. Los que no ven la alcaldía de Enriquito con muy buenos ojos serian los socios del Country Club, pues ellos no estarían dispuestos a ceder gran parte de su campo de golf, para la continuación de la carrera quince, y pensándolo bien –eso sería un mínimo cambio–, pues pasaríamos del golf a las golfas, que después de las diez de la noche pululan por la quince.

Por otra parte, me da miedo que si los Bogotanos le decimos sí a la candidatura de William Vinasco de pronto perdamos, -pues como en su programa de radio el que dice sí pierde-. O que tal David Luna, por mi parte yo no votaría por él, ya que los problemas que afectan la ciudad son cosas teóricas para él, pues no sabe que es un trancón en un bus lleno en la décima, con el temor a flor de piel cada vez que abren la puerta de atrás sin saber si quien se sube es un vendedor ambulante o una banda de atracadores, o un transbordo para ir al Lucero Alto en San Vicente, o estar en la sala de urgencias en el hospital de Meissen o del Tunal, un alcalde que ve los problemas de la ciudad desde lo que le cuentan sus asesores no es un alcalde conveniente. Pienso que a Bogotá le hace falta nombrar un alcalde que de verdad sienta los problemas de la ciudad en carne propia, y que no solamente lo afecte un atasco en la autopista norte o en la 26 cuando va para el aeropuerto. Los problemas de la ciudad son mucho más que eso. Por eso pienso que debemos nombrar a una persona del pueblo, bueno en realidad estoy pensando que debería ser yo el próximo alcalde, pero no creo que la gente nombre dos inútiles de seguido –¿o sí?–.

El próximo año además espero reconciliarme con Antanas Mockus, prometo sinceramente y de corazón ponerme a estudiar un curso de alemán con Jürgen Habermas, pues si logro entenderle a Habermas en alemán, les garantizo que le podré entender los discursos a Mockus.

Pero ahí no terminarían mis propósitos, prometo que me pondré a ver las producciones de RCN, para poder hablar con propiedad de la historia de nuestro país con el colombiano promedio y hacer parte del gran homenaje que le hacen a los colombianos por los doscientos años de la patria boba, –digo de nuestra independencia–, además como están preparando la vida de Bolívar, otra superproducción apegada a la verdad, que será protagonizada por Jaider Villa, y que contará las historias íntimas del libertador en el lecho de sus amantes, lugar en donde según los libretistas Bolívar de verdad ganaba batallas.

Además espero ayudar a que muchos colombianos alcancen la paz, es por eso que en el 2011 organizaré excursiones a Bolivia y cotejos de futboleros con Evo Morales, para que sepan que tan duro pega la izquierda de América Latina.

Al ex presidente Uribe, dejaré de llamarlo facho o montañero, es más dejaré de mencionarlo por su bien y por el bien del país, pues lo malo es mejor ni nombrarlo.

Profundizaré mi lectura de Wikileaks ya que sus informaciones nos abren los ojos, ejemplos son sus dos últimas revelaciones que dicen así: “Niños y niñas del mundo, Papa Noel y el niño Dios, no existen, sus regalos se los compran sus padres” o “Samuel Moreno pide una comisión para que lo investiguen, es del 20%”.

Son tantos propósitos para el 2011, que no acabaría de enumerarlos todos, cerrar ciclos es una tarea ardua pero satisfactoria, sobre todo para los funcionarios que firmaran contratos millonarios de última hora el próximo 31 de diciembre.

El destino no cambia por tirar papas debajo de la cama, usar ropa interior amarilla, leer pocillos con restos de chocolate o tirar copas de champaña de para atrás. El destino se cambia con decisión más que con contemplación. No nos dejemos timar por magos o brujos que nos venden pócimas para adquirir buenas energías. La buena energía que podemos conseguir es la solar, –no contamina–. Pero bueno, espero que todos ustedes cumplan sus propósitos para el año venidero, que yo trataré de cumplir los míos. Que tengan unas felices fiestas, que el otro año les aumente la prosperidad y el amor, y no solo el costo de los servicios públicos.

Porque el 2011 debe ser el año que nos traiga reflexión, unidad y una mentalidad más crítica, y que cambiemos muchas cosas de nosotros, no solamente los almanaques.

sábado, 27 de noviembre de 2010

LAS QUIMERAS DEL PENSAR I



Qué culpa tiene la estaca si el sapo brinca y se ensarta…


Para el siguiente ejercicio pintoresco haremos una serie de tres ensayitos cortos, en los cuales propondremos una especie de colcha recocida del pragmatismo en James William, Wittgenstein y Karl R. Popper. Aunque con Wittgenstein “jugaremos” un poco más con sus tentativas pesimistas acerca del lenguaje, de ahí el nombre de esta serie de ensayos.
I
Qué culpa tiene la estaca si el sapo brinca y se ensarta, es una especie de alegoría Kantiana de la especificidad moral del sujeto ilustrado que busca de forma recurrente el ejercicio “idealesco” de un fin que no sólo justifique los medios de la historia política, social y religiosa del mundo, sino que abarque por completo el universo perdido de la razón, el cual se haya en manos de la ciencia económica y por demás utilitaristas de la globalización y del cambio climático tema por demás notorio en la actualidad. Recordemos que a comienzos del XX, se debatían temas relacionados con la crisis de la racionalidad, la psicología, la historia, etc. Mientras que las ciencias exactas gozaban de cierta capacidad de respuesta al desarrollo o la idea de progreso asociado con bienestar y calidad de vida, hoy cien años después seguimos en las mismas, dele que dele a la rueca de la historia y nada que aflora en nuevos harapos al menos en una solución práctica de la insociabilidad del ser y la cosa humana bajo una especificidad neo-practica y jurídica a la vez que los cimientos de la comunicación socavan el imaginario liberal de la democracia y la inclusión.
El temerario William james más que un filósofo pragmático es un originario aventurero ingles que surcó las aguas de la “empiria” y la “racionalidad”, (1842-1910), cortando por así decir con los nibelungos dogmas de la filosofía alemana, un ejercicio de la apofántica tarea de crear un sistema capaz de pluralizar los deseos y los portentos de la modernidad en occidente: Estados Unidos y Europa, para ser más exacto. Por tanto este marinero frentón y barbudo, acometió un tratado que buscaba resarcir el viejo estadio de la meta-razón, (El pragmatismo) por un nuevo culebrón como decimos en Colombia: el de la pluralidad de lo racial y lo político. Tal hecho lo colocó a la base de la crítica anglosajona y continental, por sus mezclas afrodisiacas de la praxis y el valor de las acciones humanas, un desafuero completo, pues el mundo giraba y giraba en torno a las ruinas conceptuales de Dios, y Dios hecho carne, se complacía en recrear una especie de doctrina democrática de la razón instrumental, dando pasos de animal grande y descomunal, convertido con el tiempo en el totalitarismo de las democracias en occidente, mientras el buen loco de Nietzsche celebraba bajo tierra con los gusanos de la decadencia humana. Más de un siglo de todo aquel revelar la identificación de las estructuras del poder cerebral de la doctrina del centro contra la periferia, nos tienen aquí escribiendo sobre pendejadas más históricas-decadentes que filosóficas.
Pero antes de abordar el tema de mi interés, quiero mencionar el pasaje de la página 75 de Pragmatismo, (Alianza Editorial, 2000), del señor James, “Startt der lebendingen Natur –decimos- da Gott die Menschen schuf hinein”, o “Da Gott die Menschen schuf hinein,/Umgibt in rauch und Moder nur/ Dich Tiergeripp und Totenbein”: <(En vez de la naturaleza viva/que infundió Dios al hombre al producirlo/ te rodean tan sólo el humo, el moho/ muertos caparazones y esqueletos)>. De tal premisa de la irreligiosidad de la naturaleza humana, plantea el autor, y desde entonces, -creo- las guerras han construido alrededor de la vacua humanidad el horizonte del pensar, el reino vivo de la razón que arrasa al otro, lo deforma, lo lleva a cámara de gases, y lo traspasa con la lanza de la hegemonía militar, para luego sí, reescribir el horizonte de lo humano en Carta a los que han quedado ensordecido con el tronar de los cañones.
Colindado con lo anterior el misionero James, trata de esquilar la santa oveja que le dará el nuncio apostólico-pragmático de la esperanza en una forma de abordar el resquebrajamiento de la inutilidad propia de la raza humana, la cual trata de comprender el mundo sólo a partir de premisas previas de cierto positivismo lógico en la economía, a esto diría Jaspers años después sino no usamos “la razonabilidad de la razón” el riesgo inminente de un colapso nuclear esta por llegar, es decir, en que la fuerza humana de la producción mecánica, estaba por aquel entonces (1906) en su punto emancipador de la libertad y la prosperidad, mientras hoy cien años después, estamos en el conflicto de qué hacemos con tanto industrialismo y desarrollismo, cuando el agua se agota, y el oxigeno es apenas un portento de lo que nos aguarda, y caemos hoy día en la suprema esperanza de tratados como el de Kioto: ¡Pero qué mejunje tan nebuloso, qué cosa tan entumecida, tan atada, qué artificialidad oprimente, qué excrecencia académica tan mohosa, que sueño enfermizo! ¡Fuera con ella! ¡Fuera con todas ellas! ¡De ninguna forma! ¡No, de ninguna! (james, 2000:75).
Dentro de la lógica quizás recurrente de William James, cuando este pretende postular un proceso distinto de unilateridad en la forma como el hombre entabla sus mundos frente a la realidad, es lo que me interesa abordar aquí y ahora: o sea, cómo abarcar desde el mismo hemisferio de la ciencias positivas un escenario distinto al planteado por lo “seudo-religioso” (trabajemos todos en la obra de Dios, pues ahora el mundo es la ciudad de Dios, y el capitalismo el anti-Cristo, que nos consume la medula del meta-relato del amor al otro), toda esta mezcla de verdad constituye el foco de apertura hacia las vertientes académicas que forjan el nuevo “futuro” endiosado de la tecnología y la nano-ciencia, las tristes redes poéticas de Pablo Neruda, son solo artificios frente a un mundo cada vez más globalizado y triste.
Por consiguiente el escenario es el siguiente: a mediados del siglo XIX Karl Marx en medio de su arsenal de ideas, dijo lo siguiente: “Todo lo sólido se desvanece en el aire” y poco después, Ernest Heinrich Haeckel (1824-1919), basándose en Bonn, Emil Strauss 1899, sirven a James William para jugar un poco con: “Pensemos, por ejemplo, en la rudeza, al estilo de las Montañas Rocosas, de un Haeckel, con su monismo materialista, su dios-éter y sus bromas sobre Dios como –vertebrado gaseoso-“ (James,2000:63). Podríamos sustraer entonces lo siguiente, “si todo lo solido se desvanece” y si “Dios es un vertebrado gaseoso”, la historia de la humanidad ha girado en torno a la idea de fundamentar desde el principio de los tiempos un sistema mediante el cual subrepticiamente logremos una perfecta balanza que equipare tanto a pobres como a ricos, sacando de ello una política de gobierno mundial que cree consensos donde los disensos fluctúan entre la materialidad y la justeza, es decir, en la creación de un mundo artificial donde los principios religiosos de cada pueblo contenga un mínimo de acción sustentada en la capacidad operativa de los sistemas democráticos de los países o estados desarrollados aparentemente para tal fin. Lo cual no es otra cosa que la periferia sigue siendo la base de la gran pirámide de la estructura global del bienestar común cuya estrella brilla en los campos y ciudades mejor acomodadas en el mundo de las mercancías (incluida las tecnologías), las diversiones y los servicios públicos.
Pero, “si todo lo solido se desvanece y Dios es un vertebrado gaseoso”, el mundo latino- americano no escapa con facilidad a tal principio de la universalidad lógica de la riqueza de las naciones, es por ello, que en Colombia y casi todos los países inmersos en lo que queda de selva y monte, de hecho en el sur y el centro del continente, se están viendo expuestos a una nueva lógica del pragmatismo preclaro de la industrialización, y la Trans-Colonización de sus RECURSOS NATURALES, pues, la COMPRA Y VENTA DE OXIGENO se ha vuelto en estos países el pan de cada día, países como Japón, Canadá, Rusia, EEUU, Inglaterra, Holanda y muchos más, los cuales tiene gran calado a nivel internacional en la producción de contaminantes, y basados en el protocolo de Kioto (menos Usa, pero eso da igual), están comprando a bastas zonas principalmente de resguardos indígenas el oxigeno que “producen” dichos resguardos y parques naturales, les compran el oxigeno con la condición de que no sean tocados por procesos productivos de ninguna clase, y de ese modo las selvas nuestras se convierten en los grandes generadores de oxigeno mientras ellos continúan produciendo todo tipo de desarrollo industrial, pues, la consigna es que sigan en su estado de atraso y salvando al mundo, cuidando la maquina natural de la producción de oxigeno para que sus economías continúen su insaciable voracidad productiva.
De tal modo que durante más de sesenta años las guerrillas colombianas se volvieron sin saberlo en las salvaguardas, de la gigante industria más impresionante que existe en el mundo mientras su defensa campesina languideció gracias al evangelio del protestantismo norteamericano, pues, nuestras selvas y ríos son las fuentes primarias de la conservación de la vida en el planeta, de quienes precisamente le hacen el mayor daño colosal que existe en la actualidad, contra todo pronostico, dichas guerrillas y nuestro pueblos indígenas han cuidado el tesoro de la humanidad el vital “vertebrado gaseoso” (el árbol de la vida) el oxigeno, porque “todo lo solido del desarrollismo industrial, se está desvaneciendo”, ¡vaya paradoja esta!, quién lo iba a imaginar, ahora somos los dueños de las reservas de agua y oxigeno del planeta, desde Centro América hasta la Patagonia, nuestros bosques son el Cristo encarnado que salvarán al mundo de todos sus pecados capitalistas o anticristianos, toda una mezcla extraña, llena de sortilegios y de fortuitas cavilaciones que filósofos y poetas han anunciado sin ruborizarse, de este modo la lengua del demonio se pasea por el continente tratando de seducir a los dueños del paraíso para que coman el fruto prohibido que no es otra cosa que el dinero y el capital: vendiendo sus bastos territorios por unas migajas, y para que los que aún quedan después de quinientos años de explotación se pierdan en el laberinto de la corrupción y los impuestos, pues, finalmente serán expulsados, otrora, lo hiciera el gran Dios con los adánicos aspersores de gran parte de la raza humana.
Pues, qué culpa tendrá el sapo si se ensarta, a mi modo de entender casi todo o nada, lo anterior obedece a lo siguiente: por años hemos enfrentado un conflicto de intereses morales, políticos, raciales, educativos, económicos y sociales, a comienzos del siglo XX la filosofía, la lógica y el “pensar” estaban en una rechinar de espadas, hoy el rechinar ya no tiene nada que ver con corrientes de pensamiento o de equilibrios existenciales en defendernos de algo o de alguien, hoy sólo queda el respirar lo que sea antes de morir momificado, las escuelas de pensamientos, -si es que las hay- se dedican a formular recetas anticuadas para los apetitosos señores dueños de la humanidad, banqueros que parecen astronautas libres de las congojas humanas, libre pensadores de calcomanías a lo “Mickey Mouse”, o idiotas que dudan del salvajismo humano, los cuales propenden por una lógica tan perversa como pragmática al decir que nuestra miseria es producto de las desigualdad entre la periferia y el centro, cuando lo que realmente opera es la voracidad que entraña la desaparición del otro como una solución práctica a la desigualdad hemisférica, es decir, nos quieren mostrar un mundo maravilloso, cuando en realidad el Dios gaseoso ha corrompido las bases de cualquier cosa llamada humanidad, pues desde la Lógica de Occam, lo concreto y lo abstracto se devoran así mismas…