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viernes, 16 de mayo de 2014

LAS VOCES DEL REVERENDO HIDALGO

El Totumo es un árbol tosco que crece en tierras secas y calurosas, sus hojas verdes no son demasiadas frondosas como para dar una sombra que refresque el calor. A unos diez metros de donde estamos se encuentra uno de estos árboles cargados de totumos ovalados con los cuales se hacen cucharitas para tomar sopa y el delicioso sancocho de pescado. Según me cuentan tiene más de cincuenta años de estar ahí, ha visto crecer a más de cinco generaciones de la familia siendo un testigo mudo de sus tristezas y celebraciones.
Son las once de la mañana, la brisa ha huido y el sopor del medio día se acerca lentamente como un anciano que no tiene afán por llegar al destino marcado en sus pasos. Hace unos minutos he llegado a la vieja casa, la altura de su techo se asemeja a la de una iglesia, todo es amplio, la sala, las alcobas, la cocina, el corredor. Parece que fue hecha por gigantes para gigantes, pero una voz que suena como si estuviera escuchando mis pensamientos resonó en un lugar: ¡que va, la construyeron para evitar que hiciera tanto calor y fuera un poco más fresca! Saludo la voz, es una mujer con una de esas batonas wayuu coloridas y una cara de buen humor, que va apareciendo como una flor que se abre al calor del sol.
Me encuentro sentado en una vieja silla mecedora de mimbre rojo, al lado del Reverendo Hidalgo. Él es un tipo delgado con un rostro escuálido, de tez morena, cabello liso y una mirada sonriente que no aparta de la profundidad del patio. Se nota la antigüedad de sus manos, la plata de sus cabellos y los siglos de su voz. Habla con lentitud y una sonoridad parsimoniosa, tiene el encanto de los narradores, conecta historias de una manera que me hace recordar a Sherazade, la de la mil y una noche.
Yo soy Benko Biojó y he venido a visitarlo porque quiero escuchar el ruido del Magdalena, la brisa de las sabanas del Bolívar, del Cesar y de los hombres que a lomo de caballos y burros hicieron su historia. Llevamos más de tres horas y los relatos son sencillos y fantásticos, mientras nos comíamos el almuerzo, un pescado frito con arroz y bollo de yuca no paró de hablar. Por eso ahora quiero saber de su vida.
Benko Biojó: Reverendo Hidalgo, cuénteme cómo fue su niñez, cómo era el pueblo cuando usted corría por estas calles. 
Reverendo Hidalgo: Mi niñez fue demasiado simple, natural, sin demasiados lujos, pero con lo más esencial que puede tener un niño: la libertad. Las calles de este pueblo eran polvorientas, en las noches como no había luz artificial nos alumbraba la luna, una luna soñadora en un cielo colado por estrellas, y si no había luna, entonces unos mechones llenos de petróleo iluminaban las casas y algunos vecinos los sacaban a la calle para que los andariegos no fueran a tropezar y caer.
B. B: Usted dice que la libertad es lo esencial de un niño, cómo puede saber un niño que es libre.
R. H: En ese momento no sabía que lo era. Pero la vida era un juego, magia, invención, creación, era estar con mis amiguitos y disfrutar las cosas más sencillas, desde jugar con tierra, hasta revolcarnos en una grama verde que luego nos producía una rasquiña feroz. Después de muchos años la libertad se configuró desde esa base y tiene un fundamento tan fuerte que a pesar del tiempo no se ha venido al suelo.   
B. B: Y su juventud cómo transcurrió.
R. H: Jugando en una cancha polvorienta, estudiando y haciendo una que otra maldad por ahí. Te cuento que en esos momentos llegó la interconexión eléctrica y salíamos con mis hermanos a donde la vecina que tenía un televisor a blanco y negro a ver las películas que pasaban por los únicos dos canales que cogía. Veíamos: Bonanza, El hombre increíble, T J Hooker, Patrulla motorizada, y otras películas que luego nos convertíamos en esos personajes y jugábamos a los buenos y los malos. Debo confesarte que eso acabó con las reuniones nocturnas donde mi padre nos contaba cuentos, y cuando nos quedábamos dormidos los dos que nos habíamos dispuestos cerca a sus piernas, nos decía: bueno ya estos dos cayeron, nos levantaba nos daba la bendición y nos íbamos a acostar en las hamacas.
Eso también lleno de luz las calles, y éstas perdieron el encanto y la magia que tenían en la oscuridad, no volvimos a jugar a las escondidas, a cuatro, ocho doce, a Emiliano y una serie de juegos y rondas, precisamente porque todo había cambiado y nosotros íbamos a cambiar. Los viejos que contaban historias se sentaban al frente del televisor y nosotros a su lado. Dejamos que un aparato fuese el nuevo narrador.
B. B: Cuál es el recuerdo más antiguo que tiene.
R. H: imagínate ese recuerdo data de cuando tenía cuatro años. Mi mamá estaba haciendo una sopa de pata de vaca en un fogón de piedra al fondo del patio de la casa, eran más o menos las 7:30 de la noche, era un diciembre y, en el patio de la casa vecina, sonaba una cumbia y una señora bailaba con un mechón encendido en la cabeza, se movía como una palmera agitada por la brisa de enero, tenía tanta cadencia que me acerqué a la cerca que dividía los patios, estaba atónito era un acto de brujería, magia y artilugio, ese es el recuerdo más antiguo que tengo, vuelvo al fogón y ahí está mi mamá revolviendo la sopa con una cuchara inmensa de madera, saca un poquito, lo prueba y me da a probar, me mira con una mirada que dice: cierto que está bueno, y yo con esa cara de cuatro años dibujo una sonrisa afirmativa.    
Los niños pasan de un lado a otro del patio, juegan con cuanto chechere encuentran, se detienen y nos miran queriendo saber qué hacemos ahí dos viejos vestidos de tiempo, y el silencio nos arropa por unos segundos una brisa calurosa lame nuestra piel centenaria.
B. B: Tú crees que después de todo hay algo para narrar
R. H: Es posible que hayamos narrado lo suficiente o no hayamos narrado nada. Ahora recuerdo a Heidy Yalile León, la niña que estudió conmigo en noveno y a la que le escribí un poema para un lunar que tenía en la nariz, eso lo narré cuando tenía catorce años, ella era hermosa es posible que los años hayan agotado su hermosura. Entonces su belleza permanece en el poema, pero el poema ya no existe.

Como terminar de escribir todo lo que hemos hablado, tendré que hacerlo por parte. Él asiente con su rostro moreno y sus ojos mirando hacia el fogón de leña de la abuela, sé que en esos momentos está en su memoria alguna historia que en la próxima parte la contaré. Mientras tanto yo lo seguiré escuchando para que sus palabras ebrias descansen en estas páginas vírgenes, violadas por las manos de un negro que busca la forma de encontrar su tierra consumida por el hambre.        

miércoles, 2 de febrero de 2011

DIÁLOGOS...


El calambuco de Tony


Tony fue un hombre especial, lleno de motivaciones e inclinaciones sustanciales que fácilmente podrían determinar el modo de ver e interpretar la historia de un modo quizás distinto. Hace varios años ya que tuve esta particular conversación con él, fruto de la casualidad y el esmero que tiene un personaje como él en descomponer la realidad social de su tiempo en jirones que sutilmente se fueron convirtiendo en un escenario propicio al juego de la muerte y el desplazamiento forzado fruto del paramilitarismo en Colombia y la complicidad de los grupos de poder y control militar del Estado en el departamento del Cesar, entre el año 2000 y el 2008. La cosa se irradió del siguiente modo, pero antes quiero aclarar que en aquel tiempo, ya Tony había agotado muchos de los recursos que su familia poseía en hospitales, clínicas de reposo, siquiatrías y centros de “resocialización”.


Ariel: aja… Tony, veo que estás en tu salsa.
Tony: Nada compadre, es que el sol a veces te ciega por no dejar.
Ariel: explícame eso…
Tony: …desde mi ángulo, que no es un rectángulo, el abismo del cielo se encarga de hacer de ti, una fuente que sirve de antena, para que el sol te alumbre y los demás sepan con precisión o sin ella de donde estás tú. Ayer un cucarrón no me dejaba en paz, mientras unas hormiguitas pequeñitas se tragaban un trocito de panela que doña flor me había regalao. Entonces supe que estaba mal de la cabeza, no podía entender el mundo desde ese mundo chiquito de las hormigas, pues, llegaron otras más grandes y se llevaron todo, lo mismo que pasa cuando uno está por ahí y ve cosas que le hacen a la gente que uno conoce y no conoce: -tú me entiendes- ¡verdad¡.

Ariel: En ese caso a qué te refieres cuando dices entender el mundo…

Tony: No mucho, o sea, el mundo es como un calambuco, y las ideas que uno tiene tratan de escapar por la tapa, tapón que uno siempre esconde para que el agua del río no se lo lleve todo, y uno le coloca el tapón pa` que no se escapen las cosas de ese mundo que desde que uno entra al colegio se lo zampan todo a la vez… [Risas], imagínate, un cura que es amigo de mi mamá, me dice que mi locura se debe a que yo no le hago caso a la gente que me quiere. Yo me río, porque el curita es como un burro, que sueña, con trigales, y cuando se despierta se da cuenta de que la mierda que cagó le huele a paja. [Risas].
Ariel: Pero explícame como ves tú desde tu cabeza el problema social de la historia, tengo entendido, que tu estudiabas con los jesuitas.
Tony: Nada de eso, ellos estudiaban conmigo, y yo les aseguraba el juego de la Zorra y las uvas cada vez que me enfrentaba al problema de la política social que ellos manejaban, hasta que un día me empecé a escapar de los problemas que tenía que resolver, y me di cuenta que me gustaba más estar en la calle, hablando solo que llevando cuentas y esas vainas de oficina. La historia es una vaina jodida, ella es como un animal que duerme y sueña todo lo que va a pasar, pero tú no estás seguro, pues sus sueños a ella no le vienen en gana sino que nosotros nos ponemos hacerlos realidad, -ves-, entonces, la historia cabecea como un barco lleno de burros y camellos, -tu me entiendes verdad-, las cosas son también como una hilera de muertos que esperan afuera del cementerio, esperan hasta que te das cuenta que los libros sólo sirven para que nadie se escape de ese mundo que es un calambuco de totumo. Te revoletean en la cabeza, y la gente se cree con poder para matar y rezar a la vez, eso es una vaina jodida, cuando te das cuenta de eso te toca salir corriendo o te matan, por no dejaa`.
Ariel: Entiendo, pero como tú dices, el mundo se fragmenta, o sea, se divide en partes así como en el dialogo de Platón El Timeo o de la naturaleza.

Tony: ¡No! ¡No!, jamás, eso es pa` que creamos que estamos en un rio navegando, yo he visto en las noches como el cielo es un hueco gigante donde todos sueñan porque están cansados de mirar pa` arriba, entonces, la gente mala llega y dispara sin mirar razones, ni nada de eso, -ves-, entonces los malos son los que tienen mejor forma de escribir lo que quieran sobre ellos mismos. Por eso me da risa cuando la gente me mira, piensan que yo estoy loco porque no veo como ellos, pero es que yo si sé que me voy a morir en cualquier ratico. Y eso me hace ver, a la gente a la cara y reírme, pobrecitos son como ratoncitos que cagan y comen el veneno que les sirven todos los días para su propia locura. Y la televisión es una olla sin fondo donde los demonios danzan hasta que la gente se cansa de verlos, y eso es porque se visten bonitos.

Ariel: Veo Tony que te has convertido en un soldado de la paz, ya no discutes con la gente.

Tony: [Risas], nada, nada, la gente son como cohetes, nada más los prendes nada los detiene, y yo no soy así, a mi me gusta, dejarlos que se escondan en sus casas, y yo camino solo entonces por todas partes, y veo todo, los tipos llegan y me dicen que me van a matar porque no les hago caso, y todos los que gritan groserías, se callan y huyen lejos, es que el plomo corrige lo que el colegio o el policía no puede…[Risas]. Eso es todo me voy, la marihuana ya empezó a volar… me saluda a su amigo el Doctor…

viernes, 26 de noviembre de 2010

LA VIDA, EL PENSAR Y EL ARTE


Segunda parte de la entrevista al maestro Peyaye.

J: Lo que puedo entender de su exposición y de manera concluyente es que la educación al estar en la esfera de la economía de los Estados se volvió en una mercancía y que en ese andamiaje llevó al conocimiento y al alumno a lo mismo. Maestro, el sueño - por llamarlo de alguna manera - de los idealistas y más precisamente los idealistas alemanes era el de una educación que formara, el famoso Bildung, sin embargo, el tiempo nos muestra que si se puede hablar de una formación no es precisamente la pretensión de un sujeto ilustrado, por el contrario, el hombre como usted lo decía anteriormente cada vez hace menos uso de las facultades espirituales como las denomina Hanna Arendt, nos vemos en un ambiente donde ese hombre superfluo al que Nietzsche tanto criticó, se ha apoderado del mundo. Hasta dónde se requiere revalidar la idea del superhombre en la educación teniendo en cuenta que usted hablaba de una transvaloración de los valores educativos.
M. P: Bueno, la verdad es que esa idea del superhombre ha sido criticada fuertemente, es considerada peligrosa porque está en relación con otra idea de Nietzsche que es la de la voluntad de poder. Por lo tanto, se ha visto como una idea donde un individuo posee un poder tal para someter al resto. Además, los pragmatistas ven en esa misma idea a un hombre que sólo considera válido aquello que le es útil para satisfacer sus deseos de poder. Si tomamos estas lecturas podemos sentir un gran temor, incluso haríamos de este autor casi que el origen de lo que ahora tenemos y, yo no comparto tal perspectiva. Primero, porque en las dos ideas lo que hay de fondo por lo que he leído es un carácter creador y artístico, no en vano la danza es un elemento primordial en el Zaratustra. Precisamente lo que prevalece en el superhombre es la vida dentro de su marco trágico y, la voluntad de poder es la voluntad del hombre de ser creador y de crearse en el mundo por medio de la vida. Si lo miramos bien, la idea pragmática termina siendo lo que el mismo Nietzsche denominó negadores de la vida. El superhombre no es otra cosa que el individuo que asume la fragilidad de la vida y en consecuencia sabe que danza sobre una cuerda, pero esa danza ha de ejecutarla con arte, allí se halla a sí mismo en el reconocimiento de su finitud. En este orden la utilidad no tiene relevancia, es precisamente en esto donde si el hombre es arte significa que no es útil, es lo no útil que habla Bataille. Por lo tanto, la idea del superhombre puede pensarse en relación a ese ser nuevo que entra al mundo y que la educación debe llevarlo a ser no útil a un orden que menoscaba la esencia humana y el sentido de la vida, sentido que no se encuentra sino en el arte.
J: Sin embargo, tal concepción implica un retorno al ocio que nos pone de frente ante la pregunta y cómo vamos a comer, vestir, y una serie de cosas que ya no podemos dejar de lado. El hombre necesita trabajar para darse ciertos gustos, ante eso que prima desde hace mucho tiempo hay que pensar realmente que es lo que hay que hacer.
M. P: Claro, que hay que pensarlo. El problema es que si te entregas al trabajo te olvidas de la vida. Hace mucho tiempo que el trabajo es para el hombre, lo que la religión es para los religiosos y la verdad para los científicos y filósofos; terminan olvidando que están en un mundo y ese mundo, es el mundo de la vida, en él, tanto lo religioso como la verdad o el conocimiento son necedades negativas. Mira lo que dice un dicho común en estas tierras: “el hombre que trabaja y bebe déjenlo gozar la vida”, eso significa que aunque sea necesario realizar una labor, ésta debe estar al servicio de la consumación del acto vital, no se puede agotar el acto vital al servicio de una labor, si se hace lo segundo el hombre se dedica a sobrevivir y, este aspecto produce asco, es inhumano, la sobrevivencia nos hace meros espectros y funcionamos de manera automática, en este sentido es que pueden prever lo que hacemos y lo que podemos llegar a hacer, no en vano el auge de la publicidad a partir del siglo pasado, conocen o creen conocer - y les ha funcionado – las dinámicas humanas. Es gracias a la sobrevivencia que regulan nuestros actos, amordazan la vida. Quienes creen que el trabajo es el fin del hombre, - teniendo en cuenta la religión - son seguidores de Pablo y no de Jesús, éste reconoció que la vida nos fue dada para crearnos en ella, por lo tanto, este tipo de hombres trabajadores ciegos, que buscan la mera satisfacción del cuerpo, de sus necesidades biológicas son hombres langostas, se mueven o trabajan para comer y cagar, la mierda no es su trascendencia es su trascendentalidad. En este sentido puedes acercarte al cuento de Kafka el ayunador, encontrarás una muestra del hombre que prefiere ser, aunque para ello deba morir de hambre, acepta que el ayuno es una forma de rebelarse contra un orden, es una postura autónoma de un hombre contra un mundo que le es extraño porque somete al hombre a unas corrientes que difieren de la esencia humana.
J: Algunos consideran que los personajes kafkiano en los cuentos buscan un escape, por eso son seres pequeños, incluso alguien habla que en Kafka hay un tipo de autonomía que denomina autonomía renunciada. Ahora, que la realidad conduce a los hombres a una especie de sobrevivientes implica que se disuelve el límite entre vivir y sobrevivir, incluso confundimos una con la otra.

M.P: La confusión o la eliminación de esos límites es el fin del lenguaje, y en el caso preciso de la publicidad es la esencia de su lenguaje. Porque pareciera que la función del lenguaje no fuera otra que poner la lápida sobre la facultad humana de pensar, hay que estar muy atentos a esta forma de proceder, debido a que cada vez necesitamos pensar menos , creyendo que todo es perfecto, que este mundo es maravilloso, cuando en realidad es como dice ese tango: “ que el mundo ha sido y que es una porquería ya lo sé en el quinientos diez y en el dos mil también” – creo que dice así -. Lo importante es que tenemos que pensar que éste no es el mejor de los mundos posibles. Ese mejor mundo es el mundo de la vida, el mundo del arte.

lunes, 22 de noviembre de 2010

SOBRE LA EDUCACIÓN Y SU PRETENSIÓN ÉTICA



Apartes de la entrevista realizada al maestro Peyaye.



JAVIER QUIÑONEZ: Buen día, maestro, me place poder conversar hoy con usted en este marco de paisaje cesarense de calor y lluvia, hay un fuerte olor a casa de bahareque, a limón maduro. Me devuelve a mi infancia, es como si la memoria estuviera compuesta de olores y no de imágenes.
MAESTRO PEYAYE: Buen día muchacho, la memoria en estas tierras está compuesta de olores, en un primer momento, las imágenes surgen después. Por eso para nosotros recordar es fácil, a no ser que hayamos perdido el sentido del olfato. Con respecto a la memoria somos como los perros, así como ellos oliendo encuentran el lugar donde entierran los huesos, nosotros oliendo encontramos los restos de nuestro pasado en la memoria.
J: Es posible que así sea, incluso y ahora que usted habla de la memoria o que estamos hablando de la memoria, hace unos días leí en un diario o una revista – no lo recuerdo – un artículo sobre el problema de la educación en Latinoamérica. El autor decía que se habían cambiado varios factores en la educación, entre ellos, apunta que en ésta se dejó de lado el conocimiento por la competencia. En su experiencia como profesor ahora que se encuentra retirado qué piensa sobre la educación.
M. P: Hombe, ese es un tema complicado y aunque podemos hacer una radiografía del mismo, de todos modos, creo que lo esencial aquí es un cambio de espíritu. Incluso si quieres, llamémoslo haciendo uso de las palabras de Nietzsche, se requiere una transvaloración de los valores de la educación que surgió en la modernidad con espíritu industrial y, que se ha profundizado en nuestro tiempo con la sociedad postindustrial, capitalista y el espíritu del mercado. Es bueno tener claro, la educación se olvidó del hombre en tanto un ser como dice Fals Borda sentipensante; por otra parte, con la sociedad que empieza a surgir en la industrialización, lo que se busca es la perfección de la labor, del trabajo, de allí que el hombre empiece a ser visto en lo que respecta al elemento esencial de un mundo industrializado: la máquina, igual que ésta. Ahí está el origen de lo que tenemos hoy. Esto ha sido un proceso, de tal manera que no es nuevo. Muchos se han opuesto a esa pretensión del burgués industrial como lo llaman los comunistas, pero han sido pocos, la masa se ha dejado llevar en ese movimiento donde lo que importa es la producción, de manera consciente, por lo cual, la educación imparte un saber que debe ser pragmático, debe producir una plusvalía, en palabras de Marx la educación se volvió una mercancía y, con ella el educando corrió la misma suerte; sólo así se entiende que se hable de competencia, ésta es una palabra del lenguaje del mercado. En este aspecto soy pesimista con el futuro.
J: Frente a un panorama como el que presenciamos no se puede tener otra actitud, frente a lo que ha dicho, el aspecto político o la relación política de la educación tiene que ver con lo ético, eso significa que la educación que se recibe no tiene una dimensión ética porque desde su inicio la elimina. Por tanto, pretender que el estudiante sea político, con responsabilidades éticas en la comunidad en la cual vive, es una falacia.
M. P: No es una falacia es un absurdo. Voy a seguir explorando lo que te decía antes, ahora con respecto a la dimensión ética del hombre. Si lo que se busca es la especialización, - y tu lo has oído, es un término que se escucha aquí y allá – esa palabra está relacionada más de cerca con el hacer que con el conocimiento. Javier, sabes bien, que tengo una concepción clásica del conocimiento, por eso estoy seguro que si bien el mundo humano cada vez posee más elementos o artefactos que hacen la “vida” más llevadera, lo que se refiere a la dimensión humana está cada vez más débil a punto de romperse. Ahora bien, antes la educación buscaba como dice - esta autora de la cual me hablaste un día y que estuve leyendo algunas cosas de ella - , ¡Arendt!, que los estudiantes - en palabras de ella -, que los niños que entran en el mundo lo conocieran y lo comprendieran, entonces el papel de la educación es permitir que el niño pueda conocer y comprender el mundo. Algo así como que el proceso de la educación es un adaptar al niño en un mundo que le es extraño y, que él es potencialmente su transformador, por lo cual es en ese proceso donde se empieza a constituir lo que ella considera es una de las características principales de la política o de la condición humana, la capacidad de introducir en el mundo algo nuevo, a esto llama Fernando Bárcenas, la natalidad. Pues bien, el rol del profesor teniendo en cuenta esto, es el de mostrar al niño el mundo en su relación con el pasado y, dejárselo como legado, del cual debe hacerse responsable, este aspecto de mostrar el mundo al niño y no la muestra de una serie de conocimientos y teorías sobre un tema, considera ella, es lo que constituye la autoridad del pedagogo. Ahora bien, el niño se hace responsable en la medida que entiende y comprende el mundo, con lo cual puede realizar un juicio sobre el mismo. No existe responsabilidad sino hay capacidad de juzgar y, no se puede juzgar sino existe la capacidad de pensar. Por lo tanto, lo que puedo decirte es que en la medida en que la educación continúe por el camino que está no se puede hablar de una exigencia ética al hombre, si es que todavía se le pueda dar esa categoría a las sombras en que nos han convertido.
Por otro lado, nos han dicho y nos lo hemos creído que nosotros no somos nadie para juzgar a los demás, esto en lo que respecta a la responsabilidad de cada uno con el mundo, es una bofetada a la capacidad que tenemos de pensar y evaluar, no se puede dejar a Dios el juicio sobre las acciones nuestras en el mundo humano, a él no le pertenece, es una dimensión que se escapa de su competencia como dicen los abogados, es esa actitud la que permite que exista corrupción, impunidad, violencia, guerras, atropellos, discriminaciones y una serie de vejámenes contra el hombre. Incluso el vejamen que la misma educación contiene en su fuero. Porque cuando el niño entra a la escuela lo que ve el modelo educativo es un obrero en potencia y, si éste llega a la universidad deja de ser un obrero raso y se convierte en mano de obra calificada. Esa es la relación que los entes educativos tienen con respecto a los nuevos hombres que son como dice Heidegger arrojados al mundo. Pero ya no es el mundo humano éste se lo cambiamos por el neo mundo denominado mercado laboral, es en este mundo donde ahora yacemos.

domingo, 22 de agosto de 2010

ENTREVISTA AL ESCRITOR NÉSTOR QUIROZ PARTE 01


Entrevista al escritor colombiano Néstor Quiroz Moreno en la XXIII Feria Internacional del libro de Bogotá, donde presento su obra "La monja del hospital y otros relatos" el 21 de agosto de 2010.

ENTREVISTA AL ESCRITOR NÉSTOR QUIROZ PARTE 02


Entrevista al escritor colombiano Néstor Quiroz Moreno en la XXIII Feria Internacional del libro de Bogotá, donde presento su obra "La monja del hospital y otros relatos" el 21 de agosto de 2010.

ENTREVISTA AL ESCRITOR NÉSTOR QUIROZ PARTE 03


Entrevista al escritor colombiano Néstor Quiroz Moreno en la XXIII Feria Internacional del libro de Bogotá, donde presento su obra "La monja del hospital y otros relatos" el 21 de agosto de 2010.