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domingo, 11 de septiembre de 2016

EL ENEMIGO SOY YO




El tiempo hace lo suyo, le escuche decir en días pasado a una vieja amiga, de esas que ya no existen y si existen ya no se acuerdan prácticamente de nada. Habló de todo un poco, las arrugas en su rostro dejaban ver el sol, el miedo y el hambre. No hubo tiempo para risas, entonces comprendí que estaba lejos de las ciudades urbanizadas, asfaltadas y hechas a la medida de las cárceles del progreso y la fortuna que se escapa por los aires violentos de sus calles y avenidas. Entendí que la guerra es un medio, un fin en sí mismo para quienes gustan de contar los muertos en los noticieros y hacer epígrafes rimbombantes en las paredes digitales, en las murallas invisibles de las redes sociales.

Los humanos en Colombia hemos perdido la altura de nuestros actos, nuestras palabras se escuchan huecas, hemos sofocados las angustias en las mentiras ordenadas por capítulos en los libros de historia, hemos pasado de ser actores a ser víctimas de quienes organizan a diario una lista interminable de desfachateces ideológicas; sabemos que la tierra está herida, nuestros corazones están destrozados, el mundo tiene hambre de amor, de honestidad, de Shalom, de alegría, de risas sinceras, de abrazos entre quienes se odian y buscan la forma de acallar a esos demonios que nos impiden escucharnos, por ello pienso que hace falta sentirnos hijos de una misma madre, hermanos de un mismo árbol, remeros de un mismo barco llamado Colombia.

Creo que todos somos capaces de comprender en lo más profundo de nuestra conciencia que el perdón es posible, que amar a nuestros enemigos es la roca donde el cristianismo se forjó como doctrina de la reconciliación. No se trata de un perdón político, tampoco se trata de que tengamos que amar al Otro producto de un significado religioso, se trata de entender a los Otros en la dimensión del saber, de comprender nuestras debilidades y fortalezas, de entender que este mundo puede llegar a ser el reflejo de la música oculta que hay en nuestros espíritus.

No entiendo entonces, me decía un estudiante, si todos dicen creer en Jesús el Cristo, el hombre, el Dios del perdón, no concibo cómo el sábado o el domingo la gente se reúne en sus templos a clamar gozos de “paz”, y alzan sus manos hacia Dios en comunión con todos: católicos, cristianos, testigo de esto o testigos de lo otro, en fin… sería un sinfín renombrar a todas las congregaciones religiosas que creen en cristo y lo buscan. Pero el lunes muy de mañana, esos mismos cristianos, corren a sacar de sus entrañas toda suerte de maldiciones en contra de su prójimo: ¡que locura! 

La guerra o la paz, pregonan unos mientras los otros aguardan en silencio, entretanto en una esquina del mundo vociferaba un joven quiero que haya guerra, quiero que nos matemos todos; sus ojos estaban cargados de maldad, pero era la maldad del ignorante, era la rabia del estúpido, del incapaz de reflexionar, era yo mismo escuchándome en silencio, éramos todos esperando la muerte de una forma cruenta; eran los del Sí y los del No, por ello me decidí a escribir este pequeño texto, con el único propósito de escucharme a mí mismo decir, que si es posible el perdón, el reencuentro, EL ENEMIGO SOY YO del soldado, del guerrillero. 

Estamos en medio de una obra de teatro donde todos dicen lo que quieren decir, pero solitario, en una esquina el niño de la parábola sabe la verdad de todas las cosas, luego entonces, debemos seguir al niño que existe en nuestro interior, seguirlo a todas partes hasta que por fin él sepa que estamos dispuestos a perdonarnos, e irnos con el viento a donde fondean los barcos que traen consigo a los poetas de la liberad…

lunes, 18 de mayo de 2015

EL PARO, EL REPARO Y LA DEMAGOGIA






Para cumplir con lo prometido en el último escrito, voy a dar mi opinión sobre el paro del magisterio. Esas jornadas de actividades que buscaban generar una conciencia por la defensa de la educación pública en el país, estuvieron llenas de mañanas calurosas, con un sol que castigaba las espaldas de los docentes, tanto como lo han hecho las políticas de los gobiernos que han estado en el poder, desde que estas tierras se hacen denominar república de Colombia.
En tiempos remotos a los maestros les pagaban en especies, en muchos casos en aguardiente. Eran tratados mal, aunque eso sí eran una autoridad dentro de la sociedad. Hoy día siguen siendo maltratados y lo peor han perdido la autoridad porque se vive en una sociedad donde la autoridad es una cuestión cosmética y que solo se les llama así a los policías. Aunque estos sean represivos por naturaleza y que su famosa autoridad esté determinada por un uniforme, las armas, la fuerza y por ende la violencia.  
Pues bien, como maestro decidí de manera autónoma, en pleno uso de mis facultades mentales y físicas hacer parte de la lucha por la reivindicación de los maestros. Reivindicación que tiene implícita devolver a la educación su fin esencial: el conocimiento. Este es uno de los dos pilares que fundan la educación, el otro es el pensar. Y ambos no tienen por naturaleza ser útiles, porque si el pensar y el conocer son propios de los hombres, hacerlos útiles conlleva a la instrumentalización de los hombres, hacerlos medios para un fin. Estoy en contra de lo que busca la educación actual y es esto lo que me llevó a participar.
Como ven, mi interés se centra en repensar la educación, en mirar más allá de las políticas educativas que están encadenadas a unos fenómenos económicos globales, que tienen unas intenciones claras con los hombres y mujeres, que desde la infancia los van construyendo de acuerdo a las necesidades de una sociedad perversa, que los engaña haciéndoles creer que son creadores de su destino cuando se lo están configurando desde el inicio. Les venden una pseudolibertad basada en una subjetividad consumista y empresarial.
Reprocho dos cosas al magisterio: la primera es que no se haya exigido más y abrir un espacio de ruptura que lleve a una educación más humana y menos industrial. Que siendo aproximadamente 340.000 maestros en el país no seamos capaces de fundamentarnos en un poder político decisorio y sigamos tomando migajas. El magisterio puede llegar al poder si se lo propone y cambia esa mentalidad de sirvienta aunque se imagina intelectual. Es esa mentalidad la que llevó a que muchos docentes, en las reuniones para socializar los acuerdos, tomar la palabra para vomitar sus sentimientos, su decepción, su rabia. Y de esta manera la solución era: abajo el traidor. En la política no se puede hablar de certezas, a mí nadie me puede asegurar que quienes piden la cabeza de los dirigentes si llegan a esas instancias de poder no harán lo mismo.
Si tomo las palabras de una persona que fue presidente y que admiro, quien afirma que “el poder no corrompe a nadie, solo hace que aparezca lo que realmente es”, entonces esos maestros que arrebataban el micrófono, que no dejaban que otros hablaran, si son así sin tener el poder, cómo serán si lo tienen. El solo pensarlo me da miedo.
La segunda cosa que les reprocho a los maestros es que al final quedamos ante la opinión pública, que solo nos interesaba el aumento salarial y que estamos en contra de la evaluación. Es cierto que estamos mal pagos, pero esto se cambia si cambiamos de modelo y un modelo no se cambia con marchas o paros, para eso es necesaria una REVOLUCIÓN. Y que pena pero este pueblo, acostumbrado a comer mierda, como dice al final García Márquez jamás hará una revolución porque está acuñada en su conciencia que su destino es ese, por lo tanto, una estirpe como la colombiana no debe tener una segunda oportunidad sobre la tierra, y eso es precisamente una REVOLUCIÓN. Ahora bien, si queremos que eso cambie, entonces, tenemos que formar una nueva conciencia de los salones de clase.
Cómo es posible que siendo tan intelectuales no usemos la razón para discernir y no el estómago, el páncreas o el hígado. Me imagino que si el gobierno se enteró de lo que estaba pasando en los circuitos, se reían de ver como se peleaban. Parecían animales peleando la presa. Y ¿cuál es la presa? El control del sindicato.
Que vergüenza me dio ver ese espectáculo. Sin embargo, debo decir que aprendí mucho en esta experiencia. Aprendí que la muerte es preferible a una vida indigna, eso lo entendí cuando un profesor ya ad portas de la pensión, cuando un agente del ESMAD sin razón alguna arrojó una granada de humo, el profesor le dijo: máteme, si quiere máteme. Aprendí que para la lucha no existen limitaciones físicas, vi docentes caminar con bastones y muletas. Aprendí que unidos podemos caminar, escuchar, conocer, vivir y, así aunque el cansancio de la tarde sea duro, hay una risa y una carcajada que muestra que el demonio aún está de pie. 
Aprendí que el diálogo une, que el otro no es mi enemigo. Que se deben desinstitucionalizar las relaciones humanas y volver a la conversación natural, al encuentro en una banca, debajo de un palo de mango, al frente de la casa, tomando un café, o lo que sea. Y eso se debe llevar a la educación. Aprendí que gobernar es administrar el Estado desde la perspectiva de la economía, por eso se nombran ministros que deben saber y saber hacer desde los conocimientos empresariales e industriales, que hacen de los niños y niñas objetos para la producción económica de la sociedad y la riqueza del país, que son las castas de banqueros, industriales, etc. Eso es lo que realmente es el país.              

domingo, 10 de mayo de 2015

REFLEXIÓN SOBRE LA ESCUELA EN ESTOS DÍAS DE SOL Y SENTIMIENTOS





Mientras caminaba por las calles de la capital del país, donde vivo hace ya 16 años, veía a la gente caminar con los rostros vacíos de sonrisas, con los pies pisando autómatas el concreto de las calles, los ojos mirando las vitrinas repletas de las necesidades que el esfuerzo diario no alcanza a satisfacer, y una cosa muy extraña no habían niños en las calles. Entonces me pregunté ¿los niños están presos, han perdido la libertad en estas mega ciudades de anónimos, extraños y desconfiados? Y recordé mi infancia corriendo por las calles de mi pueblo Curumaní, sintiendo el sol en mi cuerpo, pisando las calles polvorientas con los pies descalzos, jugando y riendo como un demonio en el paraíso. Y hace pocos años cuando vino mi sobrino Julián a visitarme con mi hermana y lo llevé a la biblioteca Virgilio Barco, un sábado para la hora del cuento y luego que la joven que les leía a los niños hiciera la pregunta: ¿cuál es el lugar que más les gusta? Él con la arrogancia de un niño de tres años, le respondió Curumaní. Y ella le dijo ¿por qué? A lo que respondió: porque no hay tanto carro.
Pues bien, este escrito quiero hacerlo pensando en hacer una reflexión sobre la escuela de manera breve, cosa que no sé si pueda lograr, quienes me conocen saben que la brevedad no es mi característica.
Empiezo con lo siguiente: ¿cuál es el sentido de la escuela hoy? En teoría la respuesta es que los niños, niñas y jóvenes entren en el mundo del conocimiento, del saber. En la práctica es preparar a los antes mencionados para el mundo laboral, es decir para ser productivos dentro de la sociedad. Si tomamos la primera respuesta, la escuela es un lugar para el juego, la diversión, el amor por el saber, por el conocimiento. La segunda, hace de la escuela un lugar de padecimiento donde los y las estudiantes empiezan a disciplinar su cuerpo para las actividades de la vida económica y productiva. Veamos cómo sucede eso: un niño o una niña en preescolar permanece en la escuela 4 horas y media, en primaria permanece 5 y en secundaria 6. Por ley un empleado debe trabajar 8 horas, puede verse como se va disciplinando el cuerpo para la producción.
En estos momentos tenemos que pensarnos el sentido de la escuela antes de hablar de la pedagogía y la didáctica, de esta reflexión no debe escapar la universidad porque hasta ella ha pervertido su sentido. Para nadie que trabaje en el sector educativo enseñando no administrando, no es sorpresa ver que los que llegan a estudiar no tienen interés por el conocimiento, son muy pocos los que llegan al salón de clase deseosos de entrar en la aventura del saber. Esto no lo digo desde un escritorio, no señores, lo digo desde la experiencia que llevo en los salones de clases como estudiante y como maestro (me considero maestro).
De allí, que sienta un gran pesimismo de la escuela porque esta se volvió una guardería y una cárcel para los estudiantes. Y las universidades se volvieron empresas que hacen del conocimiento un objeto que produce una utilidad, por lo tanto los maestros, profesores, docentes como quieran llamarnos, somos carceleros o niñeras en el caso de la escuela o mercachifles en el caso de las universidades. Hay pocas excepciones por cierto donde los maestros aún consideran que el conocimiento es lo esencial de la educación, sin importar si es productivo o no, porque el conocimiento es un fin en sí mismo y no un mero medio para ideales “nobles” que ponen en peligro la libertad de todos.  
Vemos con angustia, sufrimiento, dolor desgarrado, ojos hinchados de lágrimas, grandes hombres y mujeres que se desgarran las vestiduras ante un niño desnutrido en el África, ante una madre que llora la muerte de su hijo a manos de las fuerzas del Estado o de la insurgencia, ante las víctimas de un desastre natural cuyos responsables somos nosotros, por la forma despiadada como colonizamos la naturaleza. Ante esto decimos: hay que hacer algo. Pero esa expresión es pura estupidez porque somos estúpidos, idiotas e imbéciles. Siempre somos víctimas nunca victimarios y tenemos una conciencia de víctimas, y no hacemos nada. Nuestras acciones son estúpidas, idiotas e imbéciles.
Hay que hacer que la escuela ponga fin a esta subjetividad que existe desde la mal llamada democratización de la educación. Los abogados o filósofos del derecho, me gustaría que me respondieran estas dos preguntas: ¿cómo es que un derecho es para el sujeto de ese derecho obligante? Y ¿cómo es que un derecho es superior a otro si lo que se busca con ellos es la igualdad. Entonces el derecho a la vida de un niño es superior al derecho a la vida de un anciano? Considero respondiendo a la segunda pregunta que si esto es así, es decir, que el derecho a la vida del niño está por encima del derecho a la vida del anciano, se debe a que el anciano es un ser que ya no tiene la capacidad productiva, mientras que el niño es potencialmente una fuerza productiva que genera riqueza. ¡Vaya ideales liberales, aplaudíos! Has creado la esfera económica y allí has fundamentado los derechos, engañando con esos sofismas. Los liberales siguieron a los religiosos, estos le inventaron a los hombres la vida ultraterrena donde todo es paz y amor, aquellos inventaron los derechos para que haya igualdad. ¡Que mentira!
Si nos acogemos a lo que he venido diciendo, entonces, es necesario desenmascarar los ideales que se esconden en las paredes y las columnas de los claustros educativos. Hay que desenmascarar a esos profesores y a esos que obedeciendo las políticas educativas del país les quitan la libertad, los sueños y la alegría a los niños. Hay que desenmascarar a quienes dicen que piensan en ellos y los están guiando a la oscuridad porque le niegan la antorcha del saber, engañándolos a diario. A todos ellos que niegan la vida, la vitalidad de los niños y niñas por hacerlos útil a una sociedad perversa hay que desenmascararlos.
Quienes dirigen la educación la ven como una forma de productividad y la escuela es una fábrica, una empresa. Por eso los rectores son administradores, ejecutivos de la educación; los coordinadores son los capataces que se encargan que la producción se lleve a cabo y los maestros los operarios, esa es la escala que se despliega o desarrolla en la escuela. Esto hay que acabarlo, y será el inicio de una verdadera revolución en la escuela.

Teniendo en cuenta lo que he dicho aquí, muy pronto haré una reflexión tan breve como esta sobre el paro del magisterio, en el cual participé. Por lo tanto, para leer el siguiente es necesario que hayáis leído este. Una amiga profesora me envió al correo una reflexión que hizo y le dije que sería bueno hacerle unas correcciones, ella me respondió que un profesor en el pregrado le dijo que un escrito debía ser como una orinada. Cerré los ojos y volví a una noche en mi pueblo cuando después de haber tomado unas cuantas cervezas, al llegar a la casa y mientras esperé a que mi padre me abriera la puerta, oriné tan serenamente en la calle que desde allí descubrí en la práctica lo que se siente ser libre.   

viernes, 25 de abril de 2014

MEMORIA DE MIS PUTOS Y TRISTES LIBROS


Hace unos años después de abandonar mi pueblo en el caribe colombiano y sentado en una cama de un solo puesto, vi caminar con su paso lento de 80 años a mi abuelo entre las páginas de Cien años de soledad, bajo el nombre de José Arcadio Buendía. Eran las doce del mediodía y un sol solo conocible en los trópicos golpeaba sin piedad el cuerpo de quienes transitaban las calles sin pavimentar y con almendros al frente de las casas, de ese pueblo que años antes bajo una noche lluviosa, de vientos huracanados y truenos y centellas de octubre, escuchó mi primer llanto. ¡Vaya acontecimiento! había nacido yo.

Ese mediodía llevaba sobre mi cabeza un asiento de madera convertido en pupitre de color verde manzana pintado con brocha por mi madre. Tenía que caminar más de un kilómetro para llegar al colegio Nacional Camilo Torres Restrepo, donde cursé mis estudios secundarios y entré a ver el mundo desde la fantasía de los libros y me convertí como un monje para recorrer el claustro de sus historias y narraciones.

Estaba cursando séptimo o como se decía en esos años, segundo de bachillerato, cuando la profesora Luz Marina quien nos daba español nos dijo que teníamos que leer un libro de Gabriel García Márquez. Gracias al amor despertado por la profesora Anita Arévalo de la lectura de poesía, llegué a la casa de mi abuela y busqué en la biblioteca de mi tío, el único de la familia que tenía biblioteca y que por esos años estaba estudiando derecho y, encontré La hojarasca, empecé a hojearla y decidí que ese era el libro que leería para hacer el análisis literario que nos pedía la profesora. Lo leí y mi tía Layne que desde que mi mente recuerda trabaja en el juzgado municipal, sacó una máquina de escribir y unas hojas de block tamaño oficio y empezó a teclear con una rapidez que para mi edad era sorprendente, que supuse que ella bien pudo dedicarse a tocar el acordeón y sacar melodías en vez de ese sordo tic tac de las teclas.

El tiempo transcurrió y ya en la fría Bogotá empiezo a leer Cien años de soledad, antes había leído otros libros de Gabo, como dije antes en una cama de un solo cuerpo con un colchón de algodón duro. Entonces la lectura fue un acto de reminiscencia: sentí el olor de los limones del patio de la casa, los mangos en el suelo que la brisa de la noche había hecho caer, me vi barriendo las florecitas con una escoba de iraca, vi a mi mamá espantando las gallinas y a mí padre contarnos historias que habíamos canjeado por canas. Vi a Quintina Moreno, mi abuela aplicarse los ungüentos de Úrsula, ella era Úrsula aunque a sus 92 años no terminó de diversión de los nietos sino como un oráculo que aconsejaba con sus dichos entre sentencias y chistes.

En este país donde todo puede pasar, años después una imagen televisiva me hizo recordar a Rebeca cuando llegó de Manaure trayendo en un costal los huesos de sus padres. Eran los familiares de las víctimas de la violencia paramilitar que pasaban a recoger las urnas donde estaban los huesos de sus hijos, sus padres, sus esposos o esposas, que la Fiscalía les entregaba. Todos ellos con el dolor en sus rostros pasaban en una fila como la línea de la historia. Ese ambiente estaba enmarcado por un tipo de insomnio creado no por la peste de Visitación y Cataure los indígenas guajiros del relato de macondo, sino por los medios y las instituciones del Estado que llevan o conducen al olvido. Esos familiares son Rebeca y muchos de ellos afanados porque la peste del insomnio no se apodere del pueblo colombiano, al igual que José Arcadio Buendía, marcan con los retratos y los nombres de sus familiares muertos o desaparecidos, la realidad de nuestro mundo macondiano.



Es posible que la realidad supere lo mágico, aunque lo que hizo García Márquez no fue otra cosa que encontrar las palabras y las imágenes precisas para describir nuestra realidad, porque aquí en esta tierra de eufemistas felices, nos gusta darle nombres rimbombantes a las cosas, para ocultar la momia pestilente de nuestra historia. Vivimos de libritos de superación personal y escondemos la cabeza como el avestruz para que todo pase y decir que no nos dimos cuenta y preguntarnos ¿Cómo pudo suceder? Mi pueblo vivió más de una década de violencia que los vientos recuerdan y donde el miedo bailaba cumbia con la soledad. Si seguimos así, jamás esta estirpe tendrá una segunda oportunidad sobre la tierra y las mariposas amarillas morirán de hambre. 

miércoles, 16 de abril de 2014

LOS EGRESADOS Y LA ADMINISTRACIÓN DEL ESTADO COLOMBIANO


En las gavetas de mi mesa esta mañana encontré unas copias llenas de polvo que me hicieron creer que eran muy viejas, pero resulta que no, incluso eran de un tema antiguo pero actual. Lo que me llevó a considerar que tenía que hacer aseo general porque estaba viviendo en medio del polvo.
Sin embargo, antes de ponerme en esa ardua tarea, decidí hojearlas por un momento y me encontré con la investigación hecha por Peyaye (2002), donde realiza un trabajo sobre los personajes que han administrado el Estado colombiano, dando prelación a sus niveles académicos y su vida estudiantil. En más de 250 páginas devela al lector esos prohombres dignos de emular por los impúberes ciudadanos de este país. Concluye que la mayoría de ellos han salido de grandes universidades, que fueron brillantes en su vida estudiantil, aplicados, grandes lectores, excelentísimos oradores, brillantes estadistas, etc.
Profesionales del derecho, la economía, la administración pública, la ingeniería industrial, etc., que dedicaron y han dedicado su vida al servicio del Estado como: gobernantes, legisladores, ministros, asesores y como en una carrera en círculo empiezan con el devenir de la práctica política, es decir, de presidentes pasan a ser legisladores, de alcaldes a gobernadores, de legisladores a alcaldes y así en esa ruleta política viven y construyen su historia de vida en el servicio de los demás.
Y dije que era actual, porque hace unos meses por una emisora escuché que los miembros del gabinete de un gobierno de cuyo nombre no quiero acordarme, pero que en la actualidad existe, está conformado si mal no recuerdo en un 60% por egresados de los ANDES, otro tanto de la Javeriana, otro poquito de la Nacional y un minúsculo porcentaje de otras universidades. Les recuerdo: todos excelentísimos estudiantes, con estudios de postgrado en el exterior, eso sí en las hojas de vida pública no especifican el tipo de postgrado (especialización, maestría, doctorado, PhD), pero que los medios los muestran como el conocimiento revelado, la sabiduría sagrada encarnada en estos hombres que llevarán al país a gran puerto.
Ahora bien, estos excelentes hombres por donde se les mire según la investigación realizada por Peyaye son los que han dirigido el destino del país, desde que se logró la independencia de la madre, puta pero madre: España. Eso quiere decir, que han sido y son ellos quienes crean: las políticas económicas, las políticas educativas, las políticas de salud, las reformas, las leyes, etc. Son ellos los que han venido dando tumbos en el intento por constituir el Estado. Y que es lo que tenemos: corrupción, delincuencia y criminalidad, esto por donde se le mire.
Llevamos según los historiadores –alcahuetas de estos ilustres hombres- algo más de cinco décadas de violencia, cosa que es una farsa, llevamos más de dos siglos de violencia. Lo cual demuestra la ineptitud, la incapacidad y la mediocridad de nuestros gobernantes y dirigentes para el diálogo y llevar al Estado a que cumpla con el derecho constitucional desde 1991: de la paz.
Durante todo este tiempo han resultado malos negociantes, el Estado vive de empréstitos y de inversión extranjera que se roba lo que tiene el país, lo han vendido y lo siguen vendiendo utilizando sofismas para engatusar, engañar y estafar a un pueblo que ha sido moldeado para que lo estafen. Estos señores, son los culpables de la debacle del Estado colombiano. Si es que a esto se le puede dar esa denominación. Hace unos días escuchaba a uno de esos teóricos de la política nacional decir que Colombia debía ser un Estado Moderno, es decir, estamos por allá en el siglo XIII o XIV no solo en lo político, también en todos los aspectos.
A los grandes hombres, excelentes estudiantes, genios alados de la humanidad les debemos lo que tenemos. A ellos hay que culpar y responsabilizar políticamente. No quiero ser apocalíptico pero en unos cincuenta años Colombia no será más que un gran hueco, un país pobre que vivirá de las limosnas que los organismos internacionales les envíen a los gobiernos de turno. Un país como el más pobre de África en la actualidad.
Por último quiero aclarar que aquí hablo de los egresados de las universidades que llegan a las esferas del poder, porque hay muchos que al no tener apellidos de familia, tienen que dedicarse a laborar como cualquier otro eso sí con más facilidad para acceder a los puestos por el nombre de la universidad de la cual es egresado. Coloco la referencia bibliográfica por si alguien quiere consultar, aclarando que no es fácil de encontrar el documento.
REFERENCIA.
Peyaye, L. (2002). La estupidez de las profesiones en los dirigentes colombianos. Curumaní. Ediciones Totuma.    
         





domingo, 9 de febrero de 2014

PROVOCACIONES



Desde hace un tiempo he venido pensando y reflexionando la política. Debo decir, que ese ejercicio me ha llevado a una dosis bastante alta de escepticismo y pesimismo, teniendo en cuenta la praxis de la política no solo en mi país, sino también en el mundo. Se supone, según los eruditos de la teoría política, o los grandes apologistas del Estado, llaméseles politólogos, que éste, surge para poner fin a las relaciones conflictivas entre los hombres, y solucionar esos conflictos por vías racionales y no violentas. Un gran sofisma, es decir, una patraña que lleva a un gran engaño, argumentado por otro sofisma: la Democracia. Y no solo bajo esta forma de gobierno, también bajo las formas que han aparecido a través de la historia: Comunismo, Socialismo, etc. y las que aparezcan en un futuro. Todas ellas fracasan, fracasaron y fracasarán, por una sencilla razón: eliminan a los hombres y sus formas de relacionarse, bajo los sofismas abstractos de humanidad, progreso, desarrollo, civilización y felicidad.
Todas estas argucias teóricas han dado vida a una manera institucionalizada de las relaciones humanas, lo que no es otra cosa, que la instrumentalización de la relacionalidad propia que tienen los hombres al habitar con otros hombres el mundo. Les pongo un ejemplo que todos conocemos: los diálogos de paz del gobierno colombiano con las FARC. Ellos no ven el diálogo desde lo que llamaría la preseminencia de la palabra en los hombres, sino como el acuerdo entre dos instituciones: Estado y FARC. Sí ya sé que la segunda es ilegal, pero es una institución. Aquí lo que podemos observar, es una búsqueda de oportunidad para llegar a las esferas del poder. Sin embargo, quedan por fuera asuntos que la ley no está facultada para dirimir. Esos asuntos tienen que ver con La Venganza. Supongamos que se llega a firmar los acuerdos y las FARC ingresan a la vida pública y política. ¿Qué pasará con el odio que durante décadas han cultivado en el pueblo los buitres del poder? ¿Cómo van a volver a confiar los vecinos en aquellos que fueron sus víctimas y victimarios?
Tengo clara una cosa, y es que tanto los líderes políticos como los cabecillas de las FARC, no tendrán ese problema, incluso, propondrán políticas de reconciliación, de reparación como si los hombres fueran aparatos. Recuerden que desde la modernidad el hombre es visto como una máquina y en esa medida el Estado ve en los ciudadanos solo máquinas para la producción, eso sí, utilizando eufemismos. No he leído y en esa medida no sé si exista, un estudio donde se analice el problema de la venganza en el post conflicto, si alguien conoce un trabajo sobre ese tema y su relación con la política, le agradezco me lo diga.
Como pueden ver, mi preocupación es por la institucionalización de las relaciones de los hombres. Hombres concretos de carne y hueso, que viajan en buses repletos como animales, que para bajarse en la estación de la 63 entre las 5:30 pm y las 8:00 de la noche, hay que estar dispuesto a sentirse como ganado cuando lo llevan del corral al cargadero donde se encuentra el camión. Me preocupa no el futuro de los hombres sumergidos en El Estado, sino sus posibilidades de vida dentro de él. Es que la violencia interna y externa es el pan de cada día. Si existen tantos problemas, si hemos vivido dos guerras mundiales y un centenar de conflictos internos y externos, no es hora de preguntarnos por el fracaso del Estado.
Hablo como uno de los millones de hombres que habitan el mundo, que arrastra el pesado pasado de los que me antecedieron y que observo cómo la espada de Damocles penetra en el lomo de los hombres como antes penetró el de los bueyes, para hacer surcos productivos. Hablo por el hombre que se fuma un cigarrillo, por la mujer que vende arepas al frente de su casa, por el conductor que atiborra de rostros una buseta que no le pertenece. Hablo por los pocos hombres honestos que existen, por las pocas buenas madres que hay en el mundo. Hablo por la palabra que no quiere ser institución, y que no exige el derecho de opinión, porque solo se exige algo cuando se supone que donde lo voy a expresar no me pertenece, y que pena pero el mundo es de todos.

jueves, 16 de enero de 2014

ESA ¡TAL EDUCACIÓN! EN COLOMBIA NO EXISTE


Finalizando el año anterior uno de los temas más comentados fue el del pobre desempeño de los estudiantes de Colombia en las pruebas Pisa. De muchos sectores saltaron expertos mediáticos que con sus dedos inquisidores señalaban a los culpables. Cuestionaron a la ministra de educación y ella se lavó las manos cual Pilatos diciendo que el problema era la mediocridad del personal docente que había en el país. Siempre la cuerda reventándose por lo más delgado, y cómo los profesores ya no tienen quién los represente, porque contar con Fecode como diría la canción “es estar solo dos veces”.
Que los maestros son unos vagos, que están mal preparados, que se la pasan peleando, que tienen demasiadas vacaciones al año, eso es lo que siempre se dice, mas no cuentan que la política de calidad educativa en Colombia es un espejismo, ¡la tal calidad no existe! —como diría el presidente—, porque la educación se volvió un negocio, un negocio muy lucrativo que se basa en cifras y no en calidad. —Entonces lo de la calidad dejémoslo de lado—.



La mayor parte del tiempo, estos expertos mediáticos se la pasan criticando desde fuera, no ven las realidades de un aula de clase, y sobre todo de un aula del sector público. Terminan tratando a los maestros como unos ignorantes que no innovan, algunos periodistas nos hablan de sistemas educativos que en su vida se han dedicado a profundizar. Como provienen de los medios, estos ¿expertos? solo critican, no profundizan, no ven más allá de la realidad de los colegios de sus hijos, casi todos instituciones educativas de estratos altos en donde los salones no están atiborrados de alumnos y existen otro tipo de realidades afectivas y socioeconómicas. Ven la vaca desde el microscopio, o sea; no ven la totalidad, con hablar bonito y con criticar piensan que se va a salvar la educación.


La mediocridad de la que hablan, casi siempre es impulsada por las políticas públicas que pululan en nuestro país y de las cuales poco se detienen a analizar, en dónde el colegio se volvió para el estudiante la ley del menor esfuerzo; pues los estudiantes saben los estándares que rigen el negocio de la educación en el país, saben que de un grupo de cuarenta solo puede perder el año uno, o a veces ninguno, dependiendo de las directrices que les den a los rectores y coordinadores, quienes someten a los docentes a pasar a los menos peores —lo que importa es que pasen, no que aprendan—.
Todas esas políticas socavaron la autoridad del docente en las aulas, los desmotivaron hasta el punto que ya muchos no dan clase, la sacan, se dedican a llenar tablero, porque para qué se prepara una clase que en la mayoría de las ocasiones el estudiante no va a valorar ni a prestarle atención. No es problema de metodología pedagógica, pues el alumno sabe que al final va a pasar, aprenda o no. Y, no es que el docente discipline a punta de amenaza, pero si es muy difícil enseñar en un aula en donde toca rogarle al estudiante para que presente un trabajo o haga una tarea, en donde toca dar plazos y plazos,  el grueso de estudiantes ya parecen contratistas, pues no entregan nada a tiempo y cuando lo entregan lo hacen mal o es un vulgar corte y pegue. Son muy pocos los estudiantes que se educan a conciencia. La mayoría van detrás de un cartón que es el requisito mínimo para ser un obrero, con eso se contentan, no van a aprender, van detrás de un diploma. 

Es más, la secretaria de educación distrital el año pasado envió un correo a las instituciones, donde decía que el último período académico fuera de recuperación, de modo que tocó parar para que los estudiantes se pusieran al día con sus logros no alcanzados, al final muchos alcanzaron el logro, pero no aprendieron, y todo se hizo por cumplir con la política pública distrital de educación, que nos muestra unas cifras dizque muy alentadoras.
Ahora la evaluación en los colegios no se basa en lo aprendido, sino en posiciones subjetivas tales como: “¿me dejo dar clase o no?”, “¿me cae bien o mal?”, “ese finalmente no es tan malo”, “ a ese pobre toca ayudarlo”, etcétera. Porque si nos ponemos a medirlos por los estándares de lo aprendido muy pocos aprobarían. Es más, que lo digan las universidades que han tenido que replantear sus syllabus para que los estudiantes no se queden en los primeros semestres; hay universidades como la Minuto de Dios que hacen actividades de nivelación para que no se quemen en primer semestre.
Todos esos expertos mediáticos que dicen que la educación no arranca por culpa de los docentes, son los que se benefician de la mediocridad de la educación, para seguir vendiendo en distintos medios sus propuestas milagrosas y revolucionarias, y como todo debe ser norma de gestión de calidad, las propuestas innovadoras se basan en llenar y llenar formatos, como si la educación fuera un negocio cualquiera, una maquila de hombres y mujeres. Muy poco de ese trabajo innovador se hace en el aula, y los pocos dizque innovadores que van al aula, se dedican a decirle a los estudiantes que eso que enseñan los profesores no sirve para nada. Finalmente ellos esperan, al igual que muchos políticos, que la educación pública siga fracasando, para tener la excusa un día de acabarla y dársela a sus amiguetes de la empresa privada que financian sus campañas políticas y pautan en los grandes medios.
El problema no es la inversión, es la falta de una política pública clara que diga qué es lo que se quiere de la educación en Colombia, las políticas hoy hablan de educación más en términos mercantiles y económicos, que en términos pedagógicos que de verdad busquen sacar lo mejor del individuo, prepararlo para los nuevos retos del siglo XXI y donde se acorten las brechas sociales. La educación en Colombia está lejos de mejorar, está cayendo en manos de mediocres, que ven en las frías cifras un logro aparente de su gestión. ampliando la desigualdad y multiplicando su mediocridad, porque de qué sirve una educación gratuita si es de mala calidad. No solo es la preparación de los maestros, que tanto en el sector oficial como en el privado, los hay unos muy malos, como hay otros que son excelentes, que se desmotivan por la misma dinámica de la política pública que finalmente resuelve como ya lo mencione anteriormente, —que el estudiante debe pasar, no aprender—. Hay que respaldar a los profesores, hay que devolverles su dignidad.


Porque eso son las cifras, solo números, nada de fondo que explique la triste realidad que vive la educación en el país. Pero eso no importa porque cuando salgan los próximos resultados de las pruebas Pisa, esos expertos mediáticos venderán prensa, harán programas de opinión en radio y televisión, se rasgaran las vestiduras, aumentarán los formatos para controlar a los maestros que de nuevo serán los únicos culpables y seguirán dando el eterno diagnostico que finalmente no dice, ni cambia nada, porque ahora todo es producción en masa, no se puede perder dinero y más si eso que ellos llaman educación es gratis. Es por ello que esa ¡Tal educación! en Colombia no existe, por lo menos no para los más pobres.




sábado, 21 de diciembre de 2013

SÚCUBOS, MISOGINIA Y EL PROCURADOR EN COLOMBIA

Después de varios meses sin tomarme el atrevimiento de escribir nada de nada, quiero hacer un esfuerzo e intentar desdoblar el estado en que están las cosas en materia de política, digamos por caso Bogotá, y desde allí para el resto del país o del mundo si ustedes lo quieren. Hoy la ciudad anida en un silencio de alfombra rota o descocida, de vasija a punto de ceder y romperse para siempre, una vez más estamos frente al viejo retrato de cómo acostumbra cierto sector de la sociedad apoderada de la “ley”, el mosquete y la consigna religiosa, resolver los asuntos que a bien necesitan para desplegar su control de algún modo oscuro y perverso.

Por la plaza de Bolívar han desfilado hombres y mujeres que luego de ser fusilados o asesinados han sido reconocidos por esos mismos que los han acribillado como próceres y pro-hombres; en el país y la ciudad pululan por sus plazas o parques aquellos que fueron odiados y desprestigiados: Camilo Torres, Antonio José de Sucre, Francisco José de Caldas, Policarpa Salavarrieta, o el mismo Jorge Eliecer Gaitán, pues no quiero hacer de esto una lista póstuma, todos ellos perseguidos y encarcelados, torturados y luego eliminados de la esfera pública.

Lo único que ha cambiado un poco es el modo de operar de estos sistemas “hegemónicos” en Colombia, Benito Mussolini, por ejemplo encarceló y saco de la arena política a Antonio Gramsci en 1927 en Italia, mientras en Colombia se cuajaba la masacre de las bananeras ocurrida en 1928, pues recordemos que en esa época gobernaba el señor Miguel Abadía Méndez, un conservador de línea hegemónica y quién había traído casualmente una delegación Italiana que le ayudara a dar solución al problema de las revueltas y marchas de los campesinos en las bananeras al norte del país. A falta de un Abadía Méndez hoy existe un procurador que ejerce el oficio de tirano y santo enmascarado de delitos atroces y vejamenes en contra de las mujeres que estructuran este país. 

Para el sistema dictador de la Italia fascista veinte años en una mazmorra eran suficientes para que ese cerebro dejara de funcionar, me refiero a Gramsci, para el señor Procurador en el caso del Alcalde Gustavo Petro o de Piedad Córdoba 15 o 18 años son apenas suficientes para ejercer el asesinato político desde un escritorio, ambos casos tienen en común en que se les aplica a personajes que se mueven en la arena política de la izquierda, de la reivindicación de los derechos, de la inclusión social, del esfuerzo porque este mundo apeste menos, por lo tanto esta vieja práctica y táctica política del procurador se constituyen en esa peligrosa predisposición de los sectarismo políticos que hay en el país de ejercer su control desde el terreno de la venganza y la masacre ideológica, esa a que están acostumbrados en Colombia los señores del poder económico y religioso. Esos que aman su poder, odian a sus mujeres, y fusilan a sus hijos.  

Sin embargo los dados han sido lanzados y las apuestas ya están sobre la mesa, en la cuestión del Alcalde de Bogotá, esta está prácticamente zanjada. Para nadie es un secreto el horror que significa y representa el Procurador Ordoñez, una especie de súcubo que destila maldad y oscuridad, esa oscuridad que cobija a gran parte de las religiones en el mundo. La cuestión radica en cómo comprender las actuaciones de este funcionario, por ello sugiero que se relea atentamente el modus operandi de los manuales y consignas fascistas que inundaron Europa desde la edad media principiando con la inquisición y terminando en los regímenes totalitarios de Alemania, Italia, España y Rusia.

En la propaganda y cómo esta se articula con la “maldad” de algunas de las falanges “cristiano católicas”, podría estar la respuesta. Al tiempo que queda claro que en el 2014 todo los sistemas de propaganda tanto del Estado como de las fuerzas al margen de la ley estarán al servicio de esta camarilla para justificar y derrocar todo aquello que signifique un despropósito para sus planes de control económico y político. Y para aquellos que les encanta el vino y la cerveza, les recuerdo que está prohibido mezclar gasolina con alcohol. Y para aquellos que esperan un mejor 2014, que elijan bien sus próximos gobernantes, no importa que el procurador o el hampa los saque de la arena política.

Buen fin de año y un mejor futuro para sus hijos en el que viene, alejados eso sí de las misoginias religiosas de los súcubos del poder secular y religioso en Colombia...

miércoles, 1 de mayo de 2013

LA OLLA PODRIDA DEL 1ro. DE MAYO


En el día del trabajo de qué podríamos hablar, sino de sindicatos, de marchas, de obreros, de largas manchas humanas que van al centro de las plazas, por ahí, por las calles se descuelgan las momias de las luchas sociales, por todo el mundo, al menos la globalización nos acerca en las miserias humanas de Occidente con las de Oriente: españoles, griegos, franceses, italianos, chinos, tailandeses, coreanos, malayos, cubanos, chilenos, venezolanos o argentinos salen de sus pocilgas a beberse los últimos sorbos de una economía podrida y mal oliente.

Todos se juntan para recordarse que aún son materia monetaria, masa y tejidos adiposos que nutren el sistema financiero. Exigen, exigen, exigen, pero honestamente qué piden, acaso más dinero, menos horas de trabajo, un poco menos de esclavitud, la verdad -creo- y pienso en los que alguna vez lo hemos hecho, de ir como autómatas a nuestras propias ferias equinas, no sabemos exactamente qué nos mueve a hacerlo; sin embargo para nuestros pedazos de estómagos y de corazones, lo importante es que lo hacemos, ciegos y distantes lo hacemos “religiosamente”, a pesar de la circunstancias globales, el hombre confía en el sistema que los oprime, espera en que les lleven el pan a la mesa, en que les conviertan a sus hijos en embutidos renovados, en excrementos llenos de innovación  y competitividad que no les cause malestar existencial.

El juego de las mascaras, el deseo hecho pensamientos, así funciona la morada del arquitecto global, el dinero. Todos lo queremos, todos quieren su babas ácidas, sin importar su forma, lo deseamos, en piedras, en billetes imaginados, en barras de plomo o de oro, en pedazos de tela que nos hacen el mejor o los peores vestidos, lo queremos y lo deseamos en invenciones como las tecnologías, o tal vez, queremos al escurridizo dinero en forma de vacas o de lotes valorizados, sin importar la edad o el estrato, sabemos que nuestras desfallecidas carnes son el medio para tal fin, y para gozo de los avaros el Trabajo o la fuerza humana, es quien posee el secreto de las manzanas que el Rey Midas esconde bajo las sotanas o el abrigo de piel.

El trabajo es conseguir la dignidad suficiente para que dejemos de desear a quien nos arranca las entrañas, dignidad para no firmar el trato con quien nos roba el alma y las ganas de vivir, no pactar, por así decir, con el diablo nuestra propia decadencia moral y política. Deberíamos todos vivir como Emil Cioran, es decir, vivir nuestra única existencia humana sin ser devorados por el maquinismo global, sin mover un musculo que represente ganancia para alguien, volver al seno de nuestro más puro salvajismo y que sean nuestras entrañas las que nos devoren nuestra ultima gota de vida, de aliento, sin estremecimientos, sin espectáculos televisivos, sin hombres o mujeres valientes que nos ofrezcan sus miserias mesiánicas de la salvación o la redención.

Obreros, marxista, maoístas, izquierdistas, progresistas, socialistas, en fin toda esa especie de correlato dantesco del hombre masa, deberían quedarse en silencio sin volver a las plazas, a las fabricas, a los centros comerciales, a las calles, una semana es suficiente para que el sistema se rompa, y cuando todos los avaros se hayan suicidado volver a la tierra a dejar que ella nos devore, a que nos consuma de un modo distinto, vital, de un modo al menos decente, según sus propias circunstancias. Volver a la naturaleza sin cavilaciones desarrollista o progresistas, dejar de imaginar reinos y potestades, sistemas o principios: volver a lo que nunca hemos sido capaz de volver a ser: hombres o mujeres, espejos de la vida o de la muerte, principio y fin de un vida llena de vida o de unos brazos hechos para el Amor y no para la guerra.