Mostrando entradas con la etiqueta HISTORIA. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta HISTORIA. Mostrar todas las entradas

viernes, 5 de diciembre de 2014

LOS PIES DE VACA






Empezar un escrito demanda “horas” de análisis, pues hay que sopesar las palabras y los vocablos que mejor se aproximen al propósito de un pequeño escrito como este, hoy quiero hablarles de un escritor de la Región Caribe, me refiero a Andrés Camacho García, un amigo que en la soledad y práctica de historiador ha publicado un nuevo libro que por su nombre deja al menos la falaz idea de ser un arquetipo de los sueños de un joven que narra la vida de sus antecesores con un esmero de picapedrero ancestral: Los Pies de Vaca y otros fragmentos biográficos son la génesis de una cosmogonía, nueva, distinta, recién salida de las entrañas de un universo de cosas que hoy día muy pocos se detienen a pensar. La obra por demás narra y vuelve sobre lo narrado como una metáfora enigmática de un hombre que enfrenta al “diablo” con sus propios pies, pies que son aún más poderosos que los mismísimos pies de Hermes Trigemisto el emisario de los Dioses y mercaderes, que según describen los rapsodas Hermes podía volar por los aires, yendo de aquí para allá, en nuestro caso, lo original de Vaca es que usa sus pies para sacar a patadas del patio de su casa y de su vida al “demonio”, “a pata limpia como se dice por acá”.

Andrés Camacho García divide su obra en dos momentos, en un primero momento los jóvenes de un colegio del corregimiento de Sabanagrande Cesar sirven como una excusa para extender el aula de clases más allá de los límites de la frontera invisible que existe entre el mundo real y las aulas de clases, epicentros estas de la disciplina y el enfrascamiento intelectual al cual son sometidos semana, tras semana, todos los estudiantes del mundo. Y de un conversatorio imaginado en uno de sus tantos encuentros con Rolando Zúñiga, surge entonces, la idea de hacer un trabajo de pesquisa a un personaje que por su historia y enigmas bien merecían un encuentro para ver qué historia podía emerger de los “pies de Vaca”; allí se narra de forma secuencial si se quiere a modo de gramófono que suena intermitentemente las aventuras de dicho personaje con las fuerzas del más allá, aunque en el fondo eso sólo sirve como una excusa para ir al traspatio de una región que por su anatomía geográfica esconde mucho más secretos que los mismísimos pies de Vaca.

Y en un segundo momento dentro del mismo libro se encuentra uno con la historia que nuestros jóvenes, niños, niñas, ancianos, hombres y mujeres necesitan saber, reconocer, esculcar, nadar, sopesar, dimensionar, escuchar de nuevo, es la historia de nuestros orígenes, de quiénes somos, es la vuelta de tuerca de quien busca afanosamente el último puente colgante de una realidad que se despedaza con el tiempo, con las horas, con el ir y venir de los avances desarrollista de la cultura caribe. Allí, al igual que en la genealogía de los hebreos todos tenemos un principio, una rama que nos sostiene y nos indica el camino que tuvimos que recorrer para estar hoy de pie frente a nuestro presente distante. Es casi una necesidad, un imperativo que este tipo de obras se institucionalicen como argamasa para que los que dictan “ciencias sociales” vean allí el principio del fin de nuestra cultura, y el comienzo de una simbiosis de espectros históricos donde estamos más desorientados que nunca.

Cuando uno revisa la historia de las civilizaciones, por ejemplo, la de Roma, la de Grecia, la Mesopotámica, la aramea, la egipcia, la de China pasando por todas sus dinastías, por Genghis Khan, o por la estela de muerte que dejo la Fiebre amarilla en más de medio siglo (XIII); encuentra en ellas el mismo patrón universal: los ríos como fuente y horizonte de la vida comercial. Los puertos, son los epicentros de los primeros que se atrevieron a crear economías de la nada, los Chinos se abrieron al mundo gracias a la ruta de la seda, los de Mesopotamia gracias al rio Tigris y Éufrates, así las cosas, las regiones bajas del Centro del departamento del Cesar (Región Caribe, Colombia) también se fundaron y desarrollaron gracias a los ríos Magdalena, Cesar y Animito, a la Ciénega de la Zapatosa, a los playones, al puerto de Saloa, al Banco Magdalena, al comercio del ganado, desde allí es donde el maestro de sociales tiene que darle al estudiante el contexto como dice Rodolfo Ginas, y dejar el contenido a los recetarios bíblicos de la historia global que hoy día a los muchachos pocos les interesa.

Se necesita mirar la historia con ojos de un narrador de cuentos, de poseía, de canciones que embriaguen el alma de quien ya no quiere ir más allá de los iconos de los Smart Phone, de los Wasap, de las interminables secuencias infinitas de imágenes que brotan como verdaderas “Flores del Mal” de los muros de Facebook; hay mucho que contar de nuestros pasado próximo y lejano, tenemos que confesarnos todos nuestros secretos cósmicos e históricos, y como “docentes” nos estamos dejando triturar por el aliento pestilente de la modorra académica, de la pereza estudiantil, del matoneo, del bulín, de los malos salarios, de la internet, de la pesadez histórica, de la cerveza como decía Nietzsche, de la  flojera como decía mi abuela. De allí que los invito a mirar la historia con los ojos de quien busca tesoros donde los corsarios de la economía actual sólo ven ruinas, y creo que para todo el mundo bien le viene tener “Los pies de Vaca” para patear todo el mal que hemos desarrollado desde la “conquista” o las "invasiones bárbaras” en américa.

A todos aquellos que ven en la historia una posibilidad siempre de contar cosas, es bueno que nos dejemos sorprender por la cantidad de árboles nativos, de especies, de animales, de ríos y quebradas que ya nunca volverá a parir la tierra del buen Dios, en esta región milagrosa, y darnos cuenta como el Cambio Climático no es un chiste contado por los señores de las Naciones Unidas, o los inofensivos creyentes de Green Peace; los instigo a hacerse con el Libro de Andrés Camacho García, como un acto simbólico de fe, en nuestras propias costumbres y maneras de comunicarnos aquello que siempre está oculto en la memoria de quienes hicieron posible caseríos como: El Mamey, Hojancho, Chinela, Barrio Acosta, Saloa, o de  Champan con su historia milenaria que de un modo u otro han hecho posible el Museo Arqueológico de Curumaní: MACU.

sábado, 6 de noviembre de 2010

RESTOS HISTÓRICOS


ACERCA DE LA SEPARACIÓN DE PANAMÁ
                                                                                                                   Por: Alexander Restrepo

Antes de iniciar cualquier reflexión acerca de lo que significó el proceso de separación del istmo de Panamá de Colombia, es importante observar que hacia finales del siglo XIX, habían existido ya conatos de separación o de independencia diplomática por parte de Panamá. Para comenzar, a partir del descubrimiento de América y las sucesivas expediciones desde el viejo mundo, Panamá fue siempre considerado un punto geográfico estratégico para el comercio marítimo, tanto así, que desde el siglo XVII cobró gran importancia para las expediciones europeas, y especialmente para aquellas financiadas por la corona española. En consecuencia hubo algunos intentos de colonización desde Europa, como la que de 1699 a 1700 promovió sin éxito Escocia en el Darién. Los intereses de las incipientes potencias europeas en Panamá deben ser entendidos desde el punto de vista de su importante ubicación, fundamental para el desarrollo económico de la posmodernidad, con esto quiero argumentar un poco la tesis de Enrique Dussel sobre el desarrollo de la modernidad la cual se da a partir de la colonización.
Panamá pertenecía a la primera gobernación que en 1508 la Corona española había establecido, y que fue denominada Gobernación de Veraguas o Castilla de Oro, ésta incluía Panamá, Costa Rica y Nicaragua, confiada a Diego de Nicuesa. Luego, el movimiento independentista también se hizo sentir en Panamá desde principios del siglo XIX. En un descuido diplomático de España, Panamá se proclamó independiente el 28 de noviembre de 1821 y se unió a la República de Colombia con el nombre de Departamento del Istmo. Luego de que el libertador Simón Bolívar no pudiese seguir a la cabeza del proyecto de un canal interoceánico con el fin de fortalecer la integración y el comercio de Sudamérica, en 1840, el Departamento del Istmo se declaró independiente de la Nueva Granada por medio de otra revolución. Sin embargo, y luego de que el gobierno de Tomás Cipriano de Mosquera no lograra resolver los graves problemas económicos que atravesaba la República del Istmo, ésta se unió nuevamente a Colombia.

El detonante para la separación de Panamá de Colombia, tuvo sus inicios con el descubrimiento de oro en California, por lo cual EEUU consideró más seguro el paso interoceánico por el istmo, que las rutas terrestres desde San Francisco hasta New York, razón por la cual, la construcción, pero sobre todo, el dominio de un canal por el istmo de Panamá, se convirtió en una de las principales y poderosas políticas expansionistas del gobierno norteamericano a finales del siglo XIX. De hecho, como afirma el historiador Charles Bergquist, “la separación de Panamá cambió fundamentalmente la historia de los tres países involucrados, y no sólo tuvo efectos directos y de corto plazo en estos países, sino que los afectó de forma directa y a largo plazo” (2004: 291). Por otra parte, la separación de Panamá representa un elemento fundamental para entender las aspiraciones imperialistas de Estados Unidos sobre América Latina, y luego, sobre el mundo entero a través de su poderío económico.


Es importante observar que el hecho de la separación de Panamá, suscita además una política imperialista que contiene elementos raciales y culturales de parte de Norteamérica hacia un territorio habitado mayormente por negros e indígenas. El hecho de que luego de la independencia de Panamá de Colombia el 3 de noviembre de 1903, las relaciones entre Colombia y EEUU se suspendieran hasta 1921 (Olano, 2000: 42), demuestra que Colombia sufrió no sólo diplomática, sino económicamente graves perjuicios por la separación de Panamá, apoyada enormemente por EEUU. Esta suspensión de las relaciones tuvo lugar hasta que el Senado de los EEUU “adoptó el tratado Urrutia Olano- Thompson, firmado en 1914 y se pagaron a Colombia los 25 millones de dólares” de indemnización, no sólo por los perjuicios de la separación, sino por haber perdido Colombia los intereses en la Nueva Compañía del Canal y en el ferrocarril transístmico.

El interés de Estados Unidos en la separación de Panamá de Colombia, obedeció a una estrategia diplomática, la cual, y con miras a la expansión de sus mercados, lograra mayor independencia y mayores beneficios económicos. Por otra parte, promover la separación de Panamá de Colombia, agilizaría el tiempo de los acuerdos y permisos para el inicio y desarrollo de la construcción del canal. Todo esto se puede deducir de las múltiples estrategias expansionistas que EEUU inició a expensas de sus mismas poblaciones indígenas nativas, con la compra en 1803 de Louisiana a Francia. Luego, según expone Bergquist, de despojar “a Mexico de casi la mitad de su territorio (…), para finalmente completar su marcha hacia el pacífico (…)”, y en 1868 comprar Alaska a Rusia (2004: 292). Además de esto, EEUU había intervenido en la independencia de Cuba, entrando en Guerra con España, y al lograr su dominio, la posesión de las islas del Caribe así como la creación de una ruta comercial con Oriente, eran parte de una política que tendría que concluir con la construcción del canal a toda costa.

Sin embargo, más allá del aspecto económico y político, la separación de Panamá y la construcción del canal contiene elementos culturales que implican un dominio intelectual y racial de EEUU sobre Sudamérica; como por ejemplo “la creencia en su superioridad religiosa, cultural y racial, compartida por la mayoría de norteamericanos —la certidumbre de que primero el continente y luego el mundo entero se beneficiarían de la expansión y dominio del hombre protestante anglo-sajón”— (Ibid).

Al comportar elementos morales, la política expansionista emprendida por Norteamérica desde el siglo XVIII, un pueblo que inicialmente ostentó una moral protestante, afianzada en los más sublimes designios divinos[1], parece necesitar de una especie de autocrítica moderada al interior del pueblo norteamericano. Dejar de llamar, luego de la primera guerra mundial, “imperialismo” a su política expansionista; el hecho de que esta palabra desapareciese del léxico de los ciudadanos norteamericanos y de los textos de historia (Cf. Ibid.: 293), representa una manera de suprimir para su propia cultura un elemento negativo que fuese moralmente perjudicial para las posteriores generaciones.

Por tanto, dicho empeño, luego de un centenario de la separación de Panamá de Colombia, parece obsoleto si se tienen en cuenta los múltiples acontecimientos que le han sucedido. Una doble moral encubierta se precisa en todo intercambio cultural y económico que tiene como interlocutores a los que podríamos denominar un David y un Goliat en términos económicos, militares y políticos. Eso fue efectivamente lo que sucedió con la separación de Panamá, y la manera de ser tratado por el gobierno colombiano, dejó en evidencia la falta de liderazgo y manejo de parte de los diplomáticos colombianos y panameños (aunque a decir verdad, los últimos parecían más interesados en el acuerdo), pero sobre todo, los artificios que EEUU ha usado para la consecución de su poderío económico.

Muestra de estos juegos imperialistas son las caricaturas extraídas de W.L. Evans, en el Cleveland Leader, ca, de 1904, que muestran al Tio Sam, icono de los norteamericanos, con una sandía gigantesca que ofrece a un negro nativo de San Andrés y Providencia: “$10.000.000 de dólares para los derechos del canal”. En el comentario de esta caricatura se dice: “They World Like to Get In Panamá Repúblic (ellos también quisieran entrar a formar parte de la nueva República de Panamá)” (Ibid.: 297). De alguna manera, se confía en la superioridad del pueblo norteamericano y en la ingenuidad y pobre ambición de los nativos del caribe, lo cual propicia el juego imperialista y la consecución de sus objetivos.
Con todo esto, el precio que pagó Colombia por la separación de Panamá, no sólo debe entenderse en términos económicos, sino que es importante observar que Colombia sufrió luego un grave retraso en las relaciones diplomáticas con sus vecinos, ya que la política interior quedó completamente desprestigiada.

Finalmente, el canal de Panamá es una realidad no sólo de la separación que EEUU apoyó, sino un monumento del incipiente imperio y de la era industrial, algo en lo cual, paradójicamente, Colombia ha obtenido pocos beneficios con relación al precio que pagó; antes bien, parece ser excluida. Pensar qué realidad económica fuera de Colombia con Panamá o sin Panamá es algo que histórica y circunstancialmente nos supera. Sin embargo, cabe cuestionarnos acerca de los verdaderos intereses y artificios que mueven las decisiones políticas y económicas, ya que vemos cómo en ellas están implicados aspectos morales, culturales y raciales que hacen de las decisiones políticas y de los intercambios económicos, un todo más rico y complejo que el simple progreso de las naciones.


Bibliografía citada
1. Bergquist, Charles (2004). “Panamá y los orígenes sociales del imperialismo norteamericano" En Colombia y Panamá: la metamorfosis de la nación en el siglo XX. Bogotá: Universidad nacional de Colombia, Red de estudios de espacio y territorio. RET - Convenio Andrés Bello.
2. Olano García, Hernan Alejandro (2000). Constitución política e historia constitucional colombiana. Bogotá: Oveja Negra.


sábado, 23 de octubre de 2010

DECÁLOGO


La importaría de la comunicación en el paleolítico y el neolítico.




Las raíces sociales del arte y de la
Literatura es lo que constituye el tema
De esta gran síntesis.


Ha existido siempre un sumo interés por parte de los historiadores e investigadores de la modernidad principalmente, en trazar un trayecto que nos permita reflexionar a cerca de los orígenes y el destino que tuvo los inicios del arte y las primeras formas sociales, y de cómo los antiguos primitivos comenzaron este largo camino que hoy nos permite hacer una aproximación tanto al paleolítico como al neolítico.

El sentido de lo artístico en el Paleolítico permite establecer la importancia y el carácter primigenio del arte como sistema de comunicación, en tanto que está impreso en un largo camino hasta nuestros días como un lenguaje propio de la época, es decir, tomado principalmente de la naturaleza y la vida rupestre. Se observa que existía un lenguaje que articulaba la cultura antigua, ya sea como forma decorativa o geométrica, la cual estaba fundamentada principalmente en factores como la familia tribal, o en las clases privilegiadas. De ahí que su valor radica en la riqueza expresiva de los primeros rasgos imitatorios como forma expresiva del medio geográfico de las primeras tribus.

El hombre del Paleolítico desarrolló todo un proceso al interior de su espacio natural con el simple hecho de observar y plasmar su actividad diaria en muros y piedras con el sólo hecho de ver su entorno: “Los pintores del Paleolítico eran capaces todavía de ver, simplemente con los ojos, matices delicados que nosotros sólo podemos descubrir con ayuda de complicados instrumentos científicos” [Hauser: 14]; este desarrollo nos permite encontrar y verificar que tan importante es para el arte estos primeros esbozos en el espíritu de la época. Nos hallamos, entonces, frente a un proceso vital donde el lenguaje de la talla en piedra por ejemplo, nos permite recordar que dicho lenguaje fundamenta la necesidad de dejar de un lado la imagen como aprehensión de la realidad, e ir más allá ahora sí, en la búsqueda de los significados de las acciones humanas.

En ese sentido las cosas del mundo se instituyen como verdad transformada, no podemos hablar de modelos o de un sistema predispuesto para el arte del paleolítico, sino como un estarse en el mundo siendo uno con él, a la vez que se imprimía un goce por lo natural propiamente dicho; allí se fundamenta la importancia del arte como lenguaje, en el hecho que permitió estructurar la imagen versus mundo, lo contrario ocurrirá en el neolítico, donde si existe un valor impreso en la reflexión de los primeros artistas surgidos de la necesidad de establecer relaciones con el mundo pre-político de la época, con valores como el mundo y la realidad, mente y cuerpo o alma y cuerpo.

La existencia como representación también significó un paso crucial e importante, pues, el hombre del Paleolítico logró establecer un vínculo entre “la representación y la cosa representada”, es decir, que su deseo de hacer una aprehensión del mundo lo impulso a reflejar la naturaleza tal como está se manifestaba ante sus ojos: “El pintor y cazador paleolítico pensaba que con la pintura-poseía, era ya la cosa misma, pues pensaba que con el retrato del objeto había adquirido poder sobre el objeto; creía que el animal de la realidad sufría la misma muerte que se ejecutaba sobre el animal retratado” [Cfr. Hauser:16], este hecho –el de la representación- marco el sentido de las primeras formas de arte.

El goce que el artista sentía al plasmar su mundo natural, constituía el transito de lo cotidiano no verbal, al aparecer de las formas naturales desde la hoja que cae hasta los cambios climáticos; de ahí que la representación como impresión de la realidad cobre un sentido importante, si se tiene en cuanta que estamos hablando de los primeros bosquejos de un arte insipiente que se convertirá con el paso del tiempo en una primera forma de impresionismo: “El artista paleolítico, que estaba interesado únicamente en la eficacia de la magia, seguramente sentiría una cierta satisfacción estética en su labor, por más que considerase la cualidad estética simplemente como medio para un fin práctico” [Hauser:18].

Es claro entonces establecer la importancia del arte como forma de expresión y de comunicación del primer hombre en la antigüedad, su valor como artista residía en el hecho de hacer de sus impresiones del mundo un hecho casual, sin buscar en ello nada trascendente o metafísico, sino que lo hacia por referencia propia con el mundo. Para el hombre del Neolítico el valor de la comunicación va siendo encaminada por la senda de lo conceptual, es decir, la representación que tuvo un primer valor en lo paleolítico, en el neolítico gana espacio en lo simbólico; por tanto el mundo se sale de su cause natural y toma un sentido como imagen. De allí que la idea como medio y forma tenga un trasfondo mucho más rico en imágenes y conceptos.

Por tanto pasamos de un naturalismo simple a un animismo que maneja de base y fondo una especie de dualidad donde los conceptos de la realidad cobran un sentido más estricto respecto a la pintura, por ejemplo: “El animismo divide el mundo en una realidad y una supra realidad, en un mundo fenoménico visible y un mundo espiritual invisible, en un cuerpo mortal y un alma inmortal” [Hauser: 24].

El arte, entonces, como expresión de un medio natural se transforma con el tiempo en pilar del arte como obra, es decir, que en el neolítico la experiencia deja sobresalir un mundo que palpita bajo la piel del hombre que busca descifrar los códigos secretos de la naturaleza. Esta tarea reflexiva nos permite articular el sentido de lo artístico como asiento comunicante, como un sistema aún rupestre, pero el cual sí tiene y cuenta, con una carga de sentido y direccionado hacía el pensamiento y éste (el pensamiento) como referente artístico y simbólico a su vez como lenguaje de las razas primitivas, en el cual ellas nos cuentan como eran y como vivían en la antigüedad, por eso podemos decir que gracias a esta propiedad del arte (el trasmitirnos cosas y elementos de la antigüedad) se puede hablar hoy de comunicación y lenguaje en cualquiera de sus forma en la esfera social.

Cuando aprendemos a comunicar, ya sea por medio del habla, el símbolo, el signo o la imagen el horizonte de la vida se abre y nos permite comprender lo importante que fue este periodo como piedra angular en la evolución del arte y la literatura hasta nuestros días. Este dualismo de la razón y la praxis permitió franquear lo desconocido del mundo antiguo, gracias a la pintura, a los símbolos, y los signos por ejemplo: podemos hoy entender parte de un pasado oculto dejado por los antiguos primitivos. Gracias a esa memoria podemos hoy comprender mejor la historia primitiva, esto es lo importante y fundamental en nuestro estudio actual del Paleolítico y el Neolítico.

La experiencia del hombre frente al arte se logra reconocer cuando bajo el influjo de la magia y la sensualidad que el exterior le expresa logra dejar huella en el tiempo. El arte primitivo tuvo esa facultad de expresar libre y espontáneamente el curso de la historia en el inicio de un camino que nunca acabamos de recorrer. Por ello, el arte como expresión natural, simbólica y artística representa para todo aquel que se detiene frente al pasado, una sombra bajo la cual hombres y mujeres empezaron a tejer el mundo antiguo de la realidad: social, política, religiosa y cultural. El hombre de las primeras edades logró conceptuar bajo sus propias abstracciones la naturaleza en primera instancia y luego el mundo como imaginario social. Fue allí donde el señor Hauser logró descifrar los primeros códigos cifrados de un mundo abarrotado de señales y símbolos bajo los cuales despertamos al alba de las primeras civilizaciones.

BIBLIOGRAFIA
HAUSER, Arnold, Historia social de la literatura y el arte: desde la Prehistoria hasta el Barroco. Ed. Debate. 1998.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

DEPENDENCIA Y CONTROL




Esbozos del principio hegemónico en Colombia


Desde el momento en que Cristóbal Colón se topo con lo que hoy se denomina las Américas la historia de nuestros territorios no ha cesado de contarse. De ahí que para el siguiente trabajo haremos un acercamiento crítico de cómo se desarrolló al interior de Hispanoamérica algunos de los momentos decisivos de la América española y cómo el capitalismo incipiente se fue desarrollando hasta encontrarnos con el fenómeno del cultivo de café en Colombia, el cual nos permite rastrear cómo la economía se convirtió en el elemento central del espíritu de una Nación dejando a un lado todo aquello que desde la revolución Francesa se promulgaba en todas las vertientes del continente: Fraternidad, Libertad e igualdad.
No es un secreto que quienes estuvieron detrás de la independencia de la Nueva Granada buscaban un fin especifico (Inglaterra) principalmente, es decir, que más que una autonomía para nuestros pueblos, lo que realmente estaba detrás de ello era el cambio de un poder a otro. España por aquel entonces (1800 y siguientes) se sumergía cada vez más en su incapacidad de seguir ejerciendo su dominio trasatlántico, de ahí que para Inglaterra país ya emergente con una revolución industrial óptima y con fines de crear dependencia de nuestros pueblos hacía ellos, empezaba aliarse con las poblaciones americanas para que gestaran su independencia, cuyo fin único era ejercer control comercial y de sometimiento económico: “[…] los comerciantes y terratenientes criollos se sublevan contra la imposición de un rey extranjero en unos casos o aprovechan la situación para colocarse del lado de Francia y romper los lazos con España, o alimentan sus esperanzas con Inglaterra y actúan de idéntica manera”[1] se actúa de idéntica manera, porque todos estos países de origen extranjero buscaban explotar los recursos naturales que no podían extraer de las Indias.
En Colombia por ejemplo se crea una división entre comerciantes (Nariño) y terratenientes (Torres), esto nos demuestra cómo la fractura al interior de las colonia es tierra abonada para que en 1810, -caso de Colombia-, se efectúe el primer levantamiento independentista que aunque nada importante para el reino de España, si sirve como la primera piedra para que Simón Bolívar con la ayuda de Inglaterra comande la gesta Libertadora. Vemos en este análisis que son las personas que poseen las tierras y el dinero producto del comercio, quienes se instituyen como los protagonistas de la historia política de la Nueva Granada.
Por tanto se reconoce que existe un interés económico en la independencia por parte de quienes, caso Antonio Nariño, y los que organizan las asonadas, las primeras revueltas en busca de la independencia, que finalmente se logra con el apoyo de las primeras potencias del mundo, todos ellos buscando mantener siempre, cierto dominio sobre los desposeídos: indígenas, campesinos sin tierras, esclavos, etc.; terminan ejerciendo dominio finalmente sobre los colonos desposeídos. Inglaterra participa activamente suministrando barcos, dinero, armas y estrategias de guerra contra la supremacía española en América. Lo cual nos demuestra, y nos permite evidenciar los primeros brotes de intervencionismos en el campo económico y político por parte de Europa en los escenarios nacionales de toda América.
No podemos hablar de autonomía en nuestras regiones después de la independencia, pues, es claro que los intereses, tanto burgueses como oligarcas estaban estrechamente ligados al interés de ejercer control por la fuerza: desplazando, asesinando, quemando y efectuando todo tipo de atropellos contra el colono, que no poseía ni las armas, ni los medios para defenderse: “Cada nación busca implantar sus propias leyes y constituciones, prohijada por las teorías del iluminismo francés y el constitucionalismo norteamericano.”[2] Reconocemos el fluido por decirlo de alguna manera, de las primeras venas que empieza a irrigar las arterias del capitalismo en las colonias, me refiero al comercio y la posesión de las tierras. Colombia no es ajena a estas tendencias liberales, de ahí que Bolívar encarna de algún modo tales ideas, y es respaldado en un principio por Tirios y Troyanos, pero luego de la independencia total, cada uno de estos dos frentes: terratenientes, oligarcas y burgueses toman el control gracias a las fuerzas militares de los destinos de la nación.
El país se va acomodando de cierta forma a las nuevas instancias reformistas y tendencias hacía el capitalismo. La nación entra en su horizonte más próximo, los pequeños, medianos y grandes latifundista luego de comercializar con el café y otros productos como el tabaco, se van encaminando hacía un país agrario y de exportación. Mientras otros renglones se van quedando en receso como la industria. El café principalmente, se toma el primer puesto y se instituye como el renglón que va a mover la economía y la entrada de divisas, tomando el control de los recursos que irrigan el corazón de la economía en el país: “La maquinaria y nuestra materia prima de origen industrial que importa nuestra burguesía se obtienen a cambio de la exportación de productos fundamentalmente agrícolas, el café constituye el 90% de estás y más del 60% del total de exportaciones.”[3]
Hay un elemento que se cruza con la supremacía del cultivo de café, me refiero al hecho concreto: la tenencia de tierras. La tierra después de la conquista se convierte en elemento que más sangre y dolor ha dejado a lo largo y ancho del territorio. Gracias al mediano y gran terrateniente el país se ha visto envuelto en lo que se ha denominado: la violencia. La violencia y el desplazamiento forzado son algunos de los ingredientes que se tomaron las tierras donde se cultivaba café y los convirtieron en lugares donde sólo se ejercía el dominio por la fuerza y la expropiación de las tierras: “… en muchas ocasiones esta gran hacienda cafetera se construyó mediante el desalojo violento de colonos frente a los cuales el terrateniente reivindicaba sus títulos de propiedad”[4].
La confrontación: terratenientes y pequeños caficultores, se fue cada vez volviendo el talón de Aquiles de los gobiernos de turno, quienes ante la amenaza de que los grupos de campesinos, jornaleros, recolectores y demás se convirtiesen en enemigos directos de los ingresos del Estado, de que los gobernantes preferían reprimir y aniquilar a todas esas fuerzas populares que reclaman sus derechos sobre sus pequeños latifundios. De allí que en este análisis quisiera dejar sentado que el matrimonio Estado-economía-tierras, sigue siendo la plataforma desde donde el interés del capital se ha formado en Colombia. Recordemos que ya Inglaterra, Francia y Estados unidos, -estos dos últimos- siguen siendo día por día hoy quienes continúan con sus intervencionismo directo sobre la política y la economía. La única respuesta que existió desde entonces es la violencia auspiciada por el Estado, el cual más que un reconocimiento a la inestabilidad de sus gobiernos se sentaron en el solio del poder por decirlo de alguna manera, para ejecutar todo tipo de acciones tendientes al dominio y supremacía de unas clases que hasta nuestros tiempos continúan con el control del Estado.
Antes de terminar quisiera insistir sobre el papel del intervencionismo de Estado que desde la época de colonia se viene ejerciendo en el territorio nacional. Me refiero al papel que Estado unidos ha venido desarrollando con el propósito de mantener en un estado de total dependencia al país de su economía, recordemos toda la manipulación que se hizo cuando el café era el producto o el reglón que más se comercializaba con ellos en la década de los cincuenta, la tarea del monopolio se fue constituyendo en el factor que más ha producido la dominación económica; medio bajo el cual los estados como este han desarrollado su poderío en el mundo. La industrialización, que no es otra cosa que la supremacía de las potencias industriales para mantener el control en la región es el resultado finalmente que tiene al país en el subdesarrollo por más de doscientos años. Pero sobre todo el dominio que ejerce con sus políticas Estado Unidos en Colombia se debe principalmente porque los gobiernos han estado siempre en manos de elites que sólo buscan perpetuarse en el poder.
De este modo la burguesía en el país ha dominado todos los renglones de la economía, para ello se ha valido de la tenencia de la tierra y el control de la mano de obra, resultado de la expropiación y el desplazamiento de los campesinos que no tienen como cultivar y tecnificar los terrenos actos para el cultivo. Por otro lado la ganadería también formó una especie de dominio para todo aquel que haciendo uso de la fuerza se ha quedado con gran parte del territorio acto para la siembra y la industrialización: “… la gran burguesía y la violencia contra el pueblo, violencia que muchas veces se emplea abiertamente, sin preocuparse de encubrirla, pero que ahora pretende imponer disfrazada de que toman los nombres de devaluación, erradicación del minifundio…”[5] A modo de conclusión nos queda claro que tanto el burgués-comerciante y el terrateniente desde las primeras décadas de 1800 siguen siendo, y ejerciendo un tipo de modelo de control sobre la forma como el capitalismo ha tenido en sus garras al campesino y los que no poseen ningún tipo de riqueza, es decir, el principio hegemónico se instaura bajo la primacía del control de lo jurídico y legal, por medio de los gremios, partidos, medios de comunicación, la iglesia y la clases altas de la sociedad burguesa.






1 L. González. Contribución a la Historia política de Colombia. Ed. La Carreta, Medellín, 1985, Pág. 34.
2 Ibíd. Pág., 41.
3 El café y el movimiento campesino: Asociación Nacional de Usuarios Campesinos.
4 Ibíd. op. Pág. 47.
[5] Ibíd. Op, pág, 71.