domingo, 10 de julio de 2011

FACUNDO HA MUERTO


“Perdóname señor, estoy harto de este infierno, este mercado mediocre, donde todos tienen precio”*, y yo señor al igual que todos los que amamos a tu odiosa creación, lloramos la muerte de Facundo, que no era un solo hombre, si no todos los hombres. Me unía de algún modo a él su inmenso fervor a Jorge Luís Borges. Nunca lo conocí en persona, pero me adhería a Facundo su inmenso dolor de suelo, a carne indígena, a sudor de labriego, a su voz en pro de aquellos que padecen el mal de ser un cristiano, de esos que odian a Cristo, esos que nos despellejan como cerdos, por unas monedas de plata. Esta vez Abel mató a Caín. Nuestra lengua está llena de silencio, de terror, de ambigüedades existenciales, donde los pájaros de Violeta Parra han huido al infierno en busca de Dios para que ponga fin a esta carnicería de lenguas, de ideas, de sus inequidades morales.

Facundo ha muerto, lo hemos matado, todos somos culpables, lo somos y lo sentimos en la medida en que vendemos nuestras almas y cuerpos a quienes nutren la industria voraz del consumo, la política y la economía. Con el “Imperio”, “ya no soy de aquí o de allá”, soy una partícula, un amasijo de nervios huyendo de las tripas del diablo, de Dios y sus ángeles de mierda que nos persiguen hasta hacernos confesar una verdad de labios para fuera. ¿Qué juego es este?, este irreductible apego a las armas. ¿Qué Dios habita en nuestros calabozos y laberintos, en nuestra estrecha vasija de barro? Quizás, ese sea nuestro destino, un destino donde el pobre se levanta contra su misma condición, y como un remedio para sus llagas interiores termina crucificándose en sus bajezas sociales, cometiendo actos como este ruin Crimen. Nunca lo sabré, así como celebré el encierro de Fujimori, o el de muchos generales en Colombia por sus crímenes de lesa humanidad, también celebraré el día en que encierren a estos leones humanos que cercenaron la voz, el arte, el canto y la poesía.

¡Ojala! estos criminales no sean colombianos, o entrenados aquí. Nosotros que importamos y exportamos la mercancía violenta del sicariato. Y si somos la semejanza de algún Dios, quisiera que alguien me comunique de quién carajos. Un grupo de amigos reclaman justicia, pero pensándolo bien, si esta justice de los hombres, es como en El Proceso de Kafka, las puertas están unidas al intestino peristáltico de la derecha, de la izquierda, del pueblo, de la política, la economía y las religiones. Facundo vago por el mundo como él solía decir siendo el “más pagano de los predicadores”, un temerario caminante, hijo de la calle, de las barriadas, de los que no tienen patria. Amigo y hermano de un puñado de silenciados por los organismos y sistemas hegemonizantes en Latinoamérica, a través de las dictaduras, de familias herederas del poder, militares cancerberos que cuidan los centros de poder de la política y la economía.

Facundo a muerto, murió en su estimulo vital: la música. Si en España se ha levantado un movimiento de indignados, en América latina hay uno que se denomina los idiotizados. Se cazan entre sí, se comen, se devoran sus vísceras y culpan de sus miserias al diablo. Sus gobiernos no importa cuál sea su tendencia, o sus ideologías es una colcha de retazos de las iluminaciones de la filosofía, la política y la religión europea. A ese monstruo que nos ha sedado el corazón: la conciencia, es a ese bloque hegemónico que Facundo y Violeta Parra gritan sus canciones llenas de vértigo y misticismo. Despierta América, hay que labrar la tierra que tus hijos sólo quieren el pan y un sueño entre mujeres, niños y hombres que hablan una sola lengua, la lengua del olor a caña, a tabaco, a coca, a maíz, a cacao, a yuca, a plátano, a papa, a palma, a marimba, a nuestra gaita andina, a nuestros ríos sabia del mundo.
  

1 comentario:

  1. Los baños de sangre latinoamericanos, no pararan nuestra guerra, la que nos toco vivir, pero no es nuestra, si al menos una de esas vidas parara la guerra, su vida no habria sido en vano, pero eso es lo peor, seguimos nombrando martires, heroes y santos, sin un milagro, sin el milagro de nuestra paz... ¿perpetua???

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