sábado, 19 de abril de 2014

LOS DESIGNIOS DE GABRIEL GARCÍA MÁRQUE


Corría el año 1987 cuando llegó a mis manos gracias a Luis Eduardo Ferreira la novela de García Márquez “El Amor en los Tiempos del Cólera”, eran los tiempos de las marchas campesinas, de los secuestros de la guerrilla, de los burros cargados de leña, de las noticias a blanco y negro porque el único televisor que había en la cuadra donde vivía era un International de 14”, y allí íbamos a parar todos los que no teníamos el aparato ese de los mil demonios como decía mi abuela. En mi pueblo abundaban por aquel entonces personajes del realismo mágico como si hubiesen sido paridos por una realidad hecha de jirones literarios o mejor aún hechos de una historia de augurios y designios imaginarios, como si todos los hombres del caribe nuestro fueran la raíz de un mismo árbol arquetípico y misterioso. Por mis manos habían pasado ya la Hojarasca, el Coronel no tiene quien le escriba, el Otoño del patriarca, y me aprestaba a leer Cien años soledad, cuando el viejo Julián Cárcamo hijo de estas tierras y quien sin saberlo me suministraba sus libros de su pequeña biblioteca, gracias a las peripecias de Luis Ferreira, me dijo en tono altisonante después de escucharme hablar de los pormenores del "Amor en los tiempos del cólera": “Mira muchacho, no sigas leyendo a ese farsante, a ese que se largó de su tierra, y lo único que nos ha dejado a parte de sus libros, son sus ideas revolucionarias”, desde entonces tuvo que pasar casi doce años para que llegara a mis manos Cien años de soledad, ya vivía por aquel entonces en Bogotá.

Como hombre caribe sólo puedo expresar un profundo respeto por García Márquez, un mítico hombre, de crianza solariega y compleja, las horas eternas de su infancia demuestran hasta donde el influjo de sus abuelos sembró en él la nostalgia por el pasado y las quimeras por el futuro. Vine a dimensionar quién era Gabo cuando lejos de mi tierra alterné la historia, la filosofía y la literatura, desde entonces un fuego costeño invade mi alma y mis principios humanísticos, la brasa de la historia de los desterrados quema mi conciencia y también mi espíritu, pues Colombia es el país perfecto, donde existe la dictadura más larga de toda la historia reciente del mundo amerindio, por ello en la obra de García Márquez se esconde todos los arquetipos de los sistemas de poder que han dominado el espacio Latinoamericano en los últimos doscientos años de nuestra historia próxima y pasada. Y como alguna vez nos decía un viejo profesor de griego y latín, "García Márquez es un pésimo lector en voz alta, pero un genio que hizo literatura de la nada". Y cómo genio se tiene que reconocer a quien en la distancia forjó un premio nobel de literatura, el cual pasaran los siglos de los siglos para que algo como eso vuelva a ocurrir, y quizás para entonces ya no habrá mundo y si lo hay no existirán las bibliotecas que nos recuerden que era eso de tener un premio nobel en la familia costeña.

Todos los hombres buscan tener un punto de apoyo para crearse un laberinto de recuerdos y de sucesos que los blinden del olvido, García Márquez logró crear un mundo de fantasmagorías plenas, de artificios que nutren el alma de una sociedad decadente y olvidadiza, él llenó de maravillas un sistema de cosas que modelan el inconsciente colectivo, profetizó sobre el imaginario de una raza que fue mezclándose hasta convertirse en vendedores de sus propias infamias, el hombre caribe en su naturaleza busca escapar de todos esos maleficios que le trajo el desarrollo de las multinacionales, sin embargo el nuevo hombre hecho a imagen y semejanza de las telenovelas, los seriados, el cine gringo y los realitys va decayendo en su fuerza espiritual, vive de la minería y los espasmos de la agricultura, sin embargo sobrevive la imaginación y la narrativa como propio de su naturaleza africana y musical. Los hijos de Gabo, son todos a quienes él influyó con su realismo mágico, empero en el horizonte de la región caribe se sigue viviendo de un realismo que desborda todas las industrias culturales que existen en los museos del mundo occidental, la hipérbole es nuestra por antonomasia, y de hipérboles están hechas las historias narradas por Gabo, y de hipérbaton están hechas las infamias que han proliferados desde las familias que gobiernan este país.

Para terminar cabe decir, que Gabriel José de la Concordia García Márquez, fue el resultado de la mezcla típica de un arroz con coco, pescado y yuca frita, o sea, una mezcla de Faulkner, Sófocles y Kafka, hoy de nuevo tenemos que volcar los ojos y los oídos a releer la obra de Márquez para desaforarnos más en este diluvio de necedades existenciales que nos nutren en la desdicha, el robo y la avaricia de quienes nos dirigen y administran, esos que desterraron a Gabo en el gobierno de Julio Cesar Turbay Ayala nos matan y nos confinan a la miseria de no saber nada de nada, hoy nuestros jóvenes saben más de Lady Gaga, Justin Bieber o Madonna que de García Márquez, porque nuestras consciencias viajan en un mar de estupideces materiales, en un océano de mediocridad nacional que vemos en los colores de una bandera que nos representa en un nacionalismo a ultranza de la guerra y la violencia que nos cobija. Basta de remiendos históricos y descompongamos al menos nuestras conciencias y dejemos volar las mariposas de la vida y de la muerte, volvamos a nuestros viejos pasos de hombres de fuego, arena y aire, volvamos a ser colombianos por primera vez, no esperemos la muerte de los patriarcas para entender que mal estamos moral y políticamente. 

miércoles, 16 de abril de 2014

LOS EGRESADOS Y LA ADMINISTRACIÓN DEL ESTADO COLOMBIANO


En las gavetas de mi mesa esta mañana encontré unas copias llenas de polvo que me hicieron creer que eran muy viejas, pero resulta que no, incluso eran de un tema antiguo pero actual. Lo que me llevó a considerar que tenía que hacer aseo general porque estaba viviendo en medio del polvo.
Sin embargo, antes de ponerme en esa ardua tarea, decidí hojearlas por un momento y me encontré con la investigación hecha por Peyaye (2002), donde realiza un trabajo sobre los personajes que han administrado el Estado colombiano, dando prelación a sus niveles académicos y su vida estudiantil. En más de 250 páginas devela al lector esos prohombres dignos de emular por los impúberes ciudadanos de este país. Concluye que la mayoría de ellos han salido de grandes universidades, que fueron brillantes en su vida estudiantil, aplicados, grandes lectores, excelentísimos oradores, brillantes estadistas, etc.
Profesionales del derecho, la economía, la administración pública, la ingeniería industrial, etc., que dedicaron y han dedicado su vida al servicio del Estado como: gobernantes, legisladores, ministros, asesores y como en una carrera en círculo empiezan con el devenir de la práctica política, es decir, de presidentes pasan a ser legisladores, de alcaldes a gobernadores, de legisladores a alcaldes y así en esa ruleta política viven y construyen su historia de vida en el servicio de los demás.
Y dije que era actual, porque hace unos meses por una emisora escuché que los miembros del gabinete de un gobierno de cuyo nombre no quiero acordarme, pero que en la actualidad existe, está conformado si mal no recuerdo en un 60% por egresados de los ANDES, otro tanto de la Javeriana, otro poquito de la Nacional y un minúsculo porcentaje de otras universidades. Les recuerdo: todos excelentísimos estudiantes, con estudios de postgrado en el exterior, eso sí en las hojas de vida pública no especifican el tipo de postgrado (especialización, maestría, doctorado, PhD), pero que los medios los muestran como el conocimiento revelado, la sabiduría sagrada encarnada en estos hombres que llevarán al país a gran puerto.
Ahora bien, estos excelentes hombres por donde se les mire según la investigación realizada por Peyaye son los que han dirigido el destino del país, desde que se logró la independencia de la madre, puta pero madre: España. Eso quiere decir, que han sido y son ellos quienes crean: las políticas económicas, las políticas educativas, las políticas de salud, las reformas, las leyes, etc. Son ellos los que han venido dando tumbos en el intento por constituir el Estado. Y que es lo que tenemos: corrupción, delincuencia y criminalidad, esto por donde se le mire.
Llevamos según los historiadores –alcahuetas de estos ilustres hombres- algo más de cinco décadas de violencia, cosa que es una farsa, llevamos más de dos siglos de violencia. Lo cual demuestra la ineptitud, la incapacidad y la mediocridad de nuestros gobernantes y dirigentes para el diálogo y llevar al Estado a que cumpla con el derecho constitucional desde 1991: de la paz.
Durante todo este tiempo han resultado malos negociantes, el Estado vive de empréstitos y de inversión extranjera que se roba lo que tiene el país, lo han vendido y lo siguen vendiendo utilizando sofismas para engatusar, engañar y estafar a un pueblo que ha sido moldeado para que lo estafen. Estos señores, son los culpables de la debacle del Estado colombiano. Si es que a esto se le puede dar esa denominación. Hace unos días escuchaba a uno de esos teóricos de la política nacional decir que Colombia debía ser un Estado Moderno, es decir, estamos por allá en el siglo XIII o XIV no solo en lo político, también en todos los aspectos.
A los grandes hombres, excelentes estudiantes, genios alados de la humanidad les debemos lo que tenemos. A ellos hay que culpar y responsabilizar políticamente. No quiero ser apocalíptico pero en unos cincuenta años Colombia no será más que un gran hueco, un país pobre que vivirá de las limosnas que los organismos internacionales les envíen a los gobiernos de turno. Un país como el más pobre de África en la actualidad.
Por último quiero aclarar que aquí hablo de los egresados de las universidades que llegan a las esferas del poder, porque hay muchos que al no tener apellidos de familia, tienen que dedicarse a laborar como cualquier otro eso sí con más facilidad para acceder a los puestos por el nombre de la universidad de la cual es egresado. Coloco la referencia bibliográfica por si alguien quiere consultar, aclarando que no es fácil de encontrar el documento.
REFERENCIA.
Peyaye, L. (2002). La estupidez de las profesiones en los dirigentes colombianos. Curumaní. Ediciones Totuma.    
         





domingo, 9 de febrero de 2014

PROVOCACIONES



Desde hace un tiempo he venido pensando y reflexionando la política. Debo decir, que ese ejercicio me ha llevado a una dosis bastante alta de escepticismo y pesimismo, teniendo en cuenta la praxis de la política no solo en mi país, sino también en el mundo. Se supone, según los eruditos de la teoría política, o los grandes apologistas del Estado, llaméseles politólogos, que éste, surge para poner fin a las relaciones conflictivas entre los hombres, y solucionar esos conflictos por vías racionales y no violentas. Un gran sofisma, es decir, una patraña que lleva a un gran engaño, argumentado por otro sofisma: la Democracia. Y no solo bajo esta forma de gobierno, también bajo las formas que han aparecido a través de la historia: Comunismo, Socialismo, etc. y las que aparezcan en un futuro. Todas ellas fracasan, fracasaron y fracasarán, por una sencilla razón: eliminan a los hombres y sus formas de relacionarse, bajo los sofismas abstractos de humanidad, progreso, desarrollo, civilización y felicidad.
Todas estas argucias teóricas han dado vida a una manera institucionalizada de las relaciones humanas, lo que no es otra cosa, que la instrumentalización de la relacionalidad propia que tienen los hombres al habitar con otros hombres el mundo. Les pongo un ejemplo que todos conocemos: los diálogos de paz del gobierno colombiano con las FARC. Ellos no ven el diálogo desde lo que llamaría la preseminencia de la palabra en los hombres, sino como el acuerdo entre dos instituciones: Estado y FARC. Sí ya sé que la segunda es ilegal, pero es una institución. Aquí lo que podemos observar, es una búsqueda de oportunidad para llegar a las esferas del poder. Sin embargo, quedan por fuera asuntos que la ley no está facultada para dirimir. Esos asuntos tienen que ver con La Venganza. Supongamos que se llega a firmar los acuerdos y las FARC ingresan a la vida pública y política. ¿Qué pasará con el odio que durante décadas han cultivado en el pueblo los buitres del poder? ¿Cómo van a volver a confiar los vecinos en aquellos que fueron sus víctimas y victimarios?
Tengo clara una cosa, y es que tanto los líderes políticos como los cabecillas de las FARC, no tendrán ese problema, incluso, propondrán políticas de reconciliación, de reparación como si los hombres fueran aparatos. Recuerden que desde la modernidad el hombre es visto como una máquina y en esa medida el Estado ve en los ciudadanos solo máquinas para la producción, eso sí, utilizando eufemismos. No he leído y en esa medida no sé si exista, un estudio donde se analice el problema de la venganza en el post conflicto, si alguien conoce un trabajo sobre ese tema y su relación con la política, le agradezco me lo diga.
Como pueden ver, mi preocupación es por la institucionalización de las relaciones de los hombres. Hombres concretos de carne y hueso, que viajan en buses repletos como animales, que para bajarse en la estación de la 63 entre las 5:30 pm y las 8:00 de la noche, hay que estar dispuesto a sentirse como ganado cuando lo llevan del corral al cargadero donde se encuentra el camión. Me preocupa no el futuro de los hombres sumergidos en El Estado, sino sus posibilidades de vida dentro de él. Es que la violencia interna y externa es el pan de cada día. Si existen tantos problemas, si hemos vivido dos guerras mundiales y un centenar de conflictos internos y externos, no es hora de preguntarnos por el fracaso del Estado.
Hablo como uno de los millones de hombres que habitan el mundo, que arrastra el pesado pasado de los que me antecedieron y que observo cómo la espada de Damocles penetra en el lomo de los hombres como antes penetró el de los bueyes, para hacer surcos productivos. Hablo por el hombre que se fuma un cigarrillo, por la mujer que vende arepas al frente de su casa, por el conductor que atiborra de rostros una buseta que no le pertenece. Hablo por los pocos hombres honestos que existen, por las pocas buenas madres que hay en el mundo. Hablo por la palabra que no quiere ser institución, y que no exige el derecho de opinión, porque solo se exige algo cuando se supone que donde lo voy a expresar no me pertenece, y que pena pero el mundo es de todos.

martes, 21 de enero de 2014

MI ABUELA Y EL CORSARIO NEGRO

Mucho tiempo después hubo de regresar Ariel Parra, a la tarde aquella en que su abuela María Dolores Gales Posada, lo llevó de la mano de sus recuerdos al muelle de El Banco Magdalena, lugar donde ella jugaba a pie descalzo mientras las gaviotas picoteaban las aguas marrones del Río Magdalena en busca de ángeles plateados que se confundían como peces mientras eran atrapados. Hoy disfruté de ese viaje inesperado gracias a la fuerzas del azar o de la casualidad al “viejo Banco puerto” en compañía de mi amigo Gelver Andres Ortega, quien para su gusto y desparpajo no sabía el valor que tiene para mí toda esa región, pues, era mi abuela la que inundaba de historias imposibles mi mente cuando era un niño sobre aquella mágica región, cuando aún los hombres eran talismanes que brillaban por su peso natural, hoy sólo quedan las gaviotas que se resisten al olvido y a la contaminación del Río oscuro que los alimenta en silencio mientras los viejos se desgastan en horas interminables en juegos de cartas mientras la luna inmensa se cuelga del cielo una vez más esperando el juicio final y a los enamorados que un día le escribieron versos y le contaron sobre mitos lejanos. 


Al recorrer esas tierras veo entre sus sabanas el deambular de hombres y mujeres hechos de terrones de sufrimientos y destierros, veo sus corazones oxidados por la fuerza de la violencia asesina de los paramilitares en su tiempo, y hoy veo otra forma de la violencia, la violencia de la agro-industria que tiñe de verde todas esas tierras con los cultivos de palma quien seguramente los esclavizarán hasta que la tierra deje de parir el aceite que llenará los bolsillos de unos pocos, mientras el resto de la humanidad comarcana rema en silencio hasta el precipicio de la muerte sin un recuerdo bueno que los libere de las cadenas del olvido en que los tiene el Estado Colombiano y sin embargo aún entre las aguas cenagosas y plateadas los pescadores hunden sus pensamientos que luego se agitan como peces y llenan sus canoas de sueños al rayar el día o al finalizar la tarde.


Sobre el pequeño muelle se agrupan como manatíes las pequeñas embarcaciones que llevan a lo largo de la región momposina a propios y extraños, mientras en los muros del pueblo los avisos publicitarios de las campañas a Cámara y Senado, dejan corren los nombres de quienes en su momento fueron sus mayores verdugos con el paramilitarismo y la violencia armada de las tres últimas décadas, caciques e hijos de gamonales tienen al borde de la ruina al pueblo como tal; embarcaciones como el “Corsario Negro”, nos impulsan a volar la imaginación de una región que sirvió como paso obligado al centro del país, y las luchas armadas del general Bolívar hoy sólo son cosas del pasado que ya nadie entiende, o no recuerdan al menos, o que ni si quiera nos sirve como un remedio para nuestros males de memoria colectiva.


Del maestro Barro y su música sólo se escuchan sus ecos en los rincones de las casas viejas que se resisten a la ruina y al olvido. De la alegría de sus mujeres las pude palpar de algún modo en la sonrisa de Katherin Rodriguez. Y de la fuerza viva de mi abuela en las calles del Banco Magdalena sólo puedo decir que muy poco queda ya de las horas interminables cuando jugaba a las escondidas mientras mi bisabuela María Candelaria la llamaba para que le echara el maíz a los pollos al compás de las viejas que pilaban el maíz en los patios sin cercas ni portillos. Volver al pasado de ella es volver al principio de los tiempos que se nutren con este pequeño escrito que trata de remendar las telarañas de un pasado fugaz que ya no existe en las arenas y muros del viejo Banco puerto que sólo ve pasar la piragua de la desolación y la barbarie humana entre sus aguas eternas y pasajeras.

jueves, 16 de enero de 2014

ESA ¡TAL EDUCACIÓN! EN COLOMBIA NO EXISTE


Finalizando el año anterior uno de los temas más comentados fue el del pobre desempeño de los estudiantes de Colombia en las pruebas Pisa. De muchos sectores saltaron expertos mediáticos que con sus dedos inquisidores señalaban a los culpables. Cuestionaron a la ministra de educación y ella se lavó las manos cual Pilatos diciendo que el problema era la mediocridad del personal docente que había en el país. Siempre la cuerda reventándose por lo más delgado, y cómo los profesores ya no tienen quién los represente, porque contar con Fecode como diría la canción “es estar solo dos veces”.
Que los maestros son unos vagos, que están mal preparados, que se la pasan peleando, que tienen demasiadas vacaciones al año, eso es lo que siempre se dice, mas no cuentan que la política de calidad educativa en Colombia es un espejismo, ¡la tal calidad no existe! —como diría el presidente—, porque la educación se volvió un negocio, un negocio muy lucrativo que se basa en cifras y no en calidad. —Entonces lo de la calidad dejémoslo de lado—.



La mayor parte del tiempo, estos expertos mediáticos se la pasan criticando desde fuera, no ven las realidades de un aula de clase, y sobre todo de un aula del sector público. Terminan tratando a los maestros como unos ignorantes que no innovan, algunos periodistas nos hablan de sistemas educativos que en su vida se han dedicado a profundizar. Como provienen de los medios, estos ¿expertos? solo critican, no profundizan, no ven más allá de la realidad de los colegios de sus hijos, casi todos instituciones educativas de estratos altos en donde los salones no están atiborrados de alumnos y existen otro tipo de realidades afectivas y socioeconómicas. Ven la vaca desde el microscopio, o sea; no ven la totalidad, con hablar bonito y con criticar piensan que se va a salvar la educación.


La mediocridad de la que hablan, casi siempre es impulsada por las políticas públicas que pululan en nuestro país y de las cuales poco se detienen a analizar, en dónde el colegio se volvió para el estudiante la ley del menor esfuerzo; pues los estudiantes saben los estándares que rigen el negocio de la educación en el país, saben que de un grupo de cuarenta solo puede perder el año uno, o a veces ninguno, dependiendo de las directrices que les den a los rectores y coordinadores, quienes someten a los docentes a pasar a los menos peores —lo que importa es que pasen, no que aprendan—.
Todas esas políticas socavaron la autoridad del docente en las aulas, los desmotivaron hasta el punto que ya muchos no dan clase, la sacan, se dedican a llenar tablero, porque para qué se prepara una clase que en la mayoría de las ocasiones el estudiante no va a valorar ni a prestarle atención. No es problema de metodología pedagógica, pues el alumno sabe que al final va a pasar, aprenda o no. Y, no es que el docente discipline a punta de amenaza, pero si es muy difícil enseñar en un aula en donde toca rogarle al estudiante para que presente un trabajo o haga una tarea, en donde toca dar plazos y plazos,  el grueso de estudiantes ya parecen contratistas, pues no entregan nada a tiempo y cuando lo entregan lo hacen mal o es un vulgar corte y pegue. Son muy pocos los estudiantes que se educan a conciencia. La mayoría van detrás de un cartón que es el requisito mínimo para ser un obrero, con eso se contentan, no van a aprender, van detrás de un diploma. 

Es más, la secretaria de educación distrital el año pasado envió un correo a las instituciones, donde decía que el último período académico fuera de recuperación, de modo que tocó parar para que los estudiantes se pusieran al día con sus logros no alcanzados, al final muchos alcanzaron el logro, pero no aprendieron, y todo se hizo por cumplir con la política pública distrital de educación, que nos muestra unas cifras dizque muy alentadoras.
Ahora la evaluación en los colegios no se basa en lo aprendido, sino en posiciones subjetivas tales como: “¿me dejo dar clase o no?”, “¿me cae bien o mal?”, “ese finalmente no es tan malo”, “ a ese pobre toca ayudarlo”, etcétera. Porque si nos ponemos a medirlos por los estándares de lo aprendido muy pocos aprobarían. Es más, que lo digan las universidades que han tenido que replantear sus syllabus para que los estudiantes no se queden en los primeros semestres; hay universidades como la Minuto de Dios que hacen actividades de nivelación para que no se quemen en primer semestre.
Todos esos expertos mediáticos que dicen que la educación no arranca por culpa de los docentes, son los que se benefician de la mediocridad de la educación, para seguir vendiendo en distintos medios sus propuestas milagrosas y revolucionarias, y como todo debe ser norma de gestión de calidad, las propuestas innovadoras se basan en llenar y llenar formatos, como si la educación fuera un negocio cualquiera, una maquila de hombres y mujeres. Muy poco de ese trabajo innovador se hace en el aula, y los pocos dizque innovadores que van al aula, se dedican a decirle a los estudiantes que eso que enseñan los profesores no sirve para nada. Finalmente ellos esperan, al igual que muchos políticos, que la educación pública siga fracasando, para tener la excusa un día de acabarla y dársela a sus amiguetes de la empresa privada que financian sus campañas políticas y pautan en los grandes medios.
El problema no es la inversión, es la falta de una política pública clara que diga qué es lo que se quiere de la educación en Colombia, las políticas hoy hablan de educación más en términos mercantiles y económicos, que en términos pedagógicos que de verdad busquen sacar lo mejor del individuo, prepararlo para los nuevos retos del siglo XXI y donde se acorten las brechas sociales. La educación en Colombia está lejos de mejorar, está cayendo en manos de mediocres, que ven en las frías cifras un logro aparente de su gestión. ampliando la desigualdad y multiplicando su mediocridad, porque de qué sirve una educación gratuita si es de mala calidad. No solo es la preparación de los maestros, que tanto en el sector oficial como en el privado, los hay unos muy malos, como hay otros que son excelentes, que se desmotivan por la misma dinámica de la política pública que finalmente resuelve como ya lo mencione anteriormente, —que el estudiante debe pasar, no aprender—. Hay que respaldar a los profesores, hay que devolverles su dignidad.


Porque eso son las cifras, solo números, nada de fondo que explique la triste realidad que vive la educación en el país. Pero eso no importa porque cuando salgan los próximos resultados de las pruebas Pisa, esos expertos mediáticos venderán prensa, harán programas de opinión en radio y televisión, se rasgaran las vestiduras, aumentarán los formatos para controlar a los maestros que de nuevo serán los únicos culpables y seguirán dando el eterno diagnostico que finalmente no dice, ni cambia nada, porque ahora todo es producción en masa, no se puede perder dinero y más si eso que ellos llaman educación es gratis. Es por ello que esa ¡Tal educación! en Colombia no existe, por lo menos no para los más pobres.




sábado, 21 de diciembre de 2013

SÚCUBOS, MISOGINIA Y EL PROCURADOR EN COLOMBIA

Después de varios meses sin tomarme el atrevimiento de escribir nada de nada, quiero hacer un esfuerzo e intentar desdoblar el estado en que están las cosas en materia de política, digamos por caso Bogotá, y desde allí para el resto del país o del mundo si ustedes lo quieren. Hoy la ciudad anida en un silencio de alfombra rota o descocida, de vasija a punto de ceder y romperse para siempre, una vez más estamos frente al viejo retrato de cómo acostumbra cierto sector de la sociedad apoderada de la “ley”, el mosquete y la consigna religiosa, resolver los asuntos que a bien necesitan para desplegar su control de algún modo oscuro y perverso.

Por la plaza de Bolívar han desfilado hombres y mujeres que luego de ser fusilados o asesinados han sido reconocidos por esos mismos que los han acribillado como próceres y pro-hombres; en el país y la ciudad pululan por sus plazas o parques aquellos que fueron odiados y desprestigiados: Camilo Torres, Antonio José de Sucre, Francisco José de Caldas, Policarpa Salavarrieta, o el mismo Jorge Eliecer Gaitán, pues no quiero hacer de esto una lista póstuma, todos ellos perseguidos y encarcelados, torturados y luego eliminados de la esfera pública.

Lo único que ha cambiado un poco es el modo de operar de estos sistemas “hegemónicos” en Colombia, Benito Mussolini, por ejemplo encarceló y saco de la arena política a Antonio Gramsci en 1927 en Italia, mientras en Colombia se cuajaba la masacre de las bananeras ocurrida en 1928, pues recordemos que en esa época gobernaba el señor Miguel Abadía Méndez, un conservador de línea hegemónica y quién había traído casualmente una delegación Italiana que le ayudara a dar solución al problema de las revueltas y marchas de los campesinos en las bananeras al norte del país. A falta de un Abadía Méndez hoy existe un procurador que ejerce el oficio de tirano y santo enmascarado de delitos atroces y vejamenes en contra de las mujeres que estructuran este país. 

Para el sistema dictador de la Italia fascista veinte años en una mazmorra eran suficientes para que ese cerebro dejara de funcionar, me refiero a Gramsci, para el señor Procurador en el caso del Alcalde Gustavo Petro o de Piedad Córdoba 15 o 18 años son apenas suficientes para ejercer el asesinato político desde un escritorio, ambos casos tienen en común en que se les aplica a personajes que se mueven en la arena política de la izquierda, de la reivindicación de los derechos, de la inclusión social, del esfuerzo porque este mundo apeste menos, por lo tanto esta vieja práctica y táctica política del procurador se constituyen en esa peligrosa predisposición de los sectarismo políticos que hay en el país de ejercer su control desde el terreno de la venganza y la masacre ideológica, esa a que están acostumbrados en Colombia los señores del poder económico y religioso. Esos que aman su poder, odian a sus mujeres, y fusilan a sus hijos.  

Sin embargo los dados han sido lanzados y las apuestas ya están sobre la mesa, en la cuestión del Alcalde de Bogotá, esta está prácticamente zanjada. Para nadie es un secreto el horror que significa y representa el Procurador Ordoñez, una especie de súcubo que destila maldad y oscuridad, esa oscuridad que cobija a gran parte de las religiones en el mundo. La cuestión radica en cómo comprender las actuaciones de este funcionario, por ello sugiero que se relea atentamente el modus operandi de los manuales y consignas fascistas que inundaron Europa desde la edad media principiando con la inquisición y terminando en los regímenes totalitarios de Alemania, Italia, España y Rusia.

En la propaganda y cómo esta se articula con la “maldad” de algunas de las falanges “cristiano católicas”, podría estar la respuesta. Al tiempo que queda claro que en el 2014 todo los sistemas de propaganda tanto del Estado como de las fuerzas al margen de la ley estarán al servicio de esta camarilla para justificar y derrocar todo aquello que signifique un despropósito para sus planes de control económico y político. Y para aquellos que les encanta el vino y la cerveza, les recuerdo que está prohibido mezclar gasolina con alcohol. Y para aquellos que esperan un mejor 2014, que elijan bien sus próximos gobernantes, no importa que el procurador o el hampa los saque de la arena política.

Buen fin de año y un mejor futuro para sus hijos en el que viene, alejados eso sí de las misoginias religiosas de los súcubos del poder secular y religioso en Colombia...

miércoles, 1 de mayo de 2013

LA OLLA PODRIDA DEL 1ro. DE MAYO


En el día del trabajo de qué podríamos hablar, sino de sindicatos, de marchas, de obreros, de largas manchas humanas que van al centro de las plazas, por ahí, por las calles se descuelgan las momias de las luchas sociales, por todo el mundo, al menos la globalización nos acerca en las miserias humanas de Occidente con las de Oriente: españoles, griegos, franceses, italianos, chinos, tailandeses, coreanos, malayos, cubanos, chilenos, venezolanos o argentinos salen de sus pocilgas a beberse los últimos sorbos de una economía podrida y mal oliente.

Todos se juntan para recordarse que aún son materia monetaria, masa y tejidos adiposos que nutren el sistema financiero. Exigen, exigen, exigen, pero honestamente qué piden, acaso más dinero, menos horas de trabajo, un poco menos de esclavitud, la verdad -creo- y pienso en los que alguna vez lo hemos hecho, de ir como autómatas a nuestras propias ferias equinas, no sabemos exactamente qué nos mueve a hacerlo; sin embargo para nuestros pedazos de estómagos y de corazones, lo importante es que lo hacemos, ciegos y distantes lo hacemos “religiosamente”, a pesar de la circunstancias globales, el hombre confía en el sistema que los oprime, espera en que les lleven el pan a la mesa, en que les conviertan a sus hijos en embutidos renovados, en excrementos llenos de innovación  y competitividad que no les cause malestar existencial.

El juego de las mascaras, el deseo hecho pensamientos, así funciona la morada del arquitecto global, el dinero. Todos lo queremos, todos quieren su babas ácidas, sin importar su forma, lo deseamos, en piedras, en billetes imaginados, en barras de plomo o de oro, en pedazos de tela que nos hacen el mejor o los peores vestidos, lo queremos y lo deseamos en invenciones como las tecnologías, o tal vez, queremos al escurridizo dinero en forma de vacas o de lotes valorizados, sin importar la edad o el estrato, sabemos que nuestras desfallecidas carnes son el medio para tal fin, y para gozo de los avaros el Trabajo o la fuerza humana, es quien posee el secreto de las manzanas que el Rey Midas esconde bajo las sotanas o el abrigo de piel.

El trabajo es conseguir la dignidad suficiente para que dejemos de desear a quien nos arranca las entrañas, dignidad para no firmar el trato con quien nos roba el alma y las ganas de vivir, no pactar, por así decir, con el diablo nuestra propia decadencia moral y política. Deberíamos todos vivir como Emil Cioran, es decir, vivir nuestra única existencia humana sin ser devorados por el maquinismo global, sin mover un musculo que represente ganancia para alguien, volver al seno de nuestro más puro salvajismo y que sean nuestras entrañas las que nos devoren nuestra ultima gota de vida, de aliento, sin estremecimientos, sin espectáculos televisivos, sin hombres o mujeres valientes que nos ofrezcan sus miserias mesiánicas de la salvación o la redención.

Obreros, marxista, maoístas, izquierdistas, progresistas, socialistas, en fin toda esa especie de correlato dantesco del hombre masa, deberían quedarse en silencio sin volver a las plazas, a las fabricas, a los centros comerciales, a las calles, una semana es suficiente para que el sistema se rompa, y cuando todos los avaros se hayan suicidado volver a la tierra a dejar que ella nos devore, a que nos consuma de un modo distinto, vital, de un modo al menos decente, según sus propias circunstancias. Volver a la naturaleza sin cavilaciones desarrollista o progresistas, dejar de imaginar reinos y potestades, sistemas o principios: volver a lo que nunca hemos sido capaz de volver a ser: hombres o mujeres, espejos de la vida o de la muerte, principio y fin de un vida llena de vida o de unos brazos hechos para el Amor y no para la guerra.