sábado, 12 de junio de 2010

“MANTENIENDO LA DEMOCRACIA MAESTRO”: LAS PALABRAS DEL CORONEL PLAZAS.


Ante la realidad colombiana el término democracia debe ser revaluado o mejor, pensarlo para actualizarlo. La tarea que tienen los expertos en política es actualizarnos el concepto que nació en la antigüedad con el pueblo griego, debido a que la definición que se tiene es una farsa y que nunca en ningún lugar del mundo se ha dado. Por lo tanto, ¿cómo un pueblo con las características del colombiano puede ser paradigma de la democracia en el mundo? Quien lo afirme ha de ser un individuo carente de ejercicio crítico, un ser no pensante, carente de imaginación, en dos palabras: un ser irracional.
Soy consciente que lo anterior es duro y, que muchos se rasgarán las vestiduras, sin embargo, una democracia no es sólo la creación de las instituciones y la división del poder, es algo que los trasciende. Por ello, la democracia no se mantiene haciendo uso de la violencia, no se mantiene por medio de los asesinatos o los crímenes de Estado, de ser así, la diferencia entre democracia y tiranía, fascismo y totalitarismo, no es ninguna.
Si le echamos un ojo a la historia (a la nuestra por supuesto), vemos que hemos sido espectadores de una democracia amorfa, donde el gobierno ha estado en manos de unos pocos que bajo la premisa: saber para poder y poder para joder, han creado un Estado inoperante, que aunque en apariencia se mueva, la realidad es que esa dinámica está sustentada en la ignorancia que gracias a una educación paupérrima ha generado en los hombres de esta tierra, un ser idiota, un hombre mediocre, que es convencido con facilidad, gracias a un argumento que satisface su estomago. En otras palabras, un pueblo que la razón existe en su estomago.
Tenemos entonces la forma a la cual podemos responder la pregunta por qué somos así, sencillo, unos hombres formado bajo la doctrina de una educación con mentalidad medieval, con espíritu de esclavo, es incapaz de ver las cadenas que mantiene en sus tobillos, y sus manos no poseen la fuerza para retirar la lagaña que no le permite observar la realidad que le rodea y le oprime. Este hombre no puede ver los delitos que comete y que acometen contra él. Es así, como en nuestra querida patria durante años, hemos visto el devenir de la sangre ante los ojos indiferentes de todos. Hagamos un breve recorderis: en la guerra de los mil días miles de campesinos alzados en machetes, palos, y una que otra arma de fuego, se masacraron gracias a una lucha bipartidista, donde los sacerdotes y los grandes jerarcas bendecían el salvajismo de estos hombres, he aquí un muestra palpable de la ignorancia. Unas décadas después, otros hombres, éstos sí, armados con las mejores armas y con un salvajismo perfeccionado y legitimado por la anuencia de las fuerzas armadas cometieron los crímenes más atroces que el pueblo haya observado. ¿Hemos cambiado en algo? Sí, cada vez nos matamos más y mejor.
Por otro lado, hace algunos años se creó o crearon lo que se conoce en e argot histórico como el frente nacional, en el cual los partidos conservador y liberal, con el afán de supuestamente detener la ola de violencia que vivió y aún vive nuestra amada Colombia, se unieron dividiéndose los periodos de gobierno, cuatro años los conservadores y cuatro años los liberales, teniendo el 50% cada partido de los cargos burocráticos. Es decir, que hicieron de la política una verdadera mimesis de la mercadería. Actualmente nos enfrentamos a lo mismo a un neo frente nacional, que ya no serán de 16 años entre liberales y conservadores, sino entre dos señores, que hacen frente a quienes se oponen a sus propósitos con el uso de argumentos populistas, mal intencionados, haciendo del poder judicial su enemigo, al cual le cuestionan y ponen en duda su autonomía, sólo para crear animadversión en el pueblo hacia dicho poder. Y estos señores, con acento lastimero hablan como víctimas cuando han sido o son los victimarios de la población.
Una población carente de educación, salud, empleo, calidad de vida, de oportunidades, que se muere y seguirá muriendo si continua tan ciega como ahora, porque para mantener la democracia es necesario que la muerte aparezca en escena y al igual que el coronel Plazas pueda mantenerla. Pues bien, la democracia por lo menos aquí, es: el poder de unos que saben algo y tienen el músculo económico para mandar, no para gobernar, sobre unos ignorantes que se mueren en su propia muerte. Y para terminar como dijo el novelista en su obra, una estirpe como ésta no tendrá una segunda posibilidad sobre la tierra. Porque aquí sólo existe el diálogo en las cantinas donde los borrachos se cuentan sus aventuras y, en los cafés donde los bohemios intelectuales y poetas arreglan el país al sorbo de un café o un trago, haciendo que Colombia sea una bella idea sin alguien que la haga realidad.
AUTOR: JAVIER QUIÑONEZ QUIROZ

1 comentario:

  1. Ese es el problema de nosostros los colombianos, en medio del alcohol somos estadistas y poetas, y luego al otro día en la resaca, resignamos nuestra vida a trabajar sin sueños, esclavizados a un salario que no nos gusta, esperando cotidianamente la hora de salida, y lo paradojico es que gracias a eso que nos frustra, nos pagamos la siguiente borrachera, ese corto espacio en que somos poetas, estadistas y locos.

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