sábado, 23 de octubre de 2010

A PROPÓSITO DE NUESTRA LEVEDAD


EL KITSCH


Quizá nuestro momento histórico es el presagio de una larga cadena de acontecimientos que nos tiene sumido en la más atroz de las levedades. Por tanto al acercarnos nuevamente a la Insoportable Levedad del Ser, veo que detrás de nuestra realidad, propia y cotidiana, actual; siento que como hijo de una época llena de miseria y locura, estoy cayendo en la pesadez, en la humana realidad de ser Latinoamericano, acción que desgarra nuestra conciencia y nuestra fisonomía, si queremos avanzar hacia un cielo más lleno de luz y de victoria. De ahí que: “Cuanto más pesada sea la carga, más a ras de tierra estará nuestra vida, más real y verdadera será”.

Α la pregunta por nuestra contemporaneidad, - si se me permite el término-; quiero decir que el paso de nuestra conciencia interior a una conciencia plena de los hechos trascendentales que han marcado el destino de nuestra América, por ejemplo: la colonización, el imperialismo norteamericano, las guerras intestinas por la toma del poder, etc. va apenas emergiendo hacia ese ideal, es decir, hacia una toma de postura frente al ser de nuestra territorialidad. Veo claridad en el hecho que es necesario despertar de cierto delirio, de cierta concepción nadaista de la historia: “Por el contrario, la ausencia absoluta de carga hace que el hombre se vuelva más ligero que el aire, vuele hacia lo alto, se distancie de la tierra, de su terreno, que sea real sólo a medias y sus movimientos sean tan libres como insignificantes". Entonces, ¿qué debemos elegir? ¿El peso o la levedad?

Pienso de todos modos en la pesadez como lo significativo, no concibo de hecho un mundo donde todos seamos como mariposas dejando tan solo un rastro de viento en la historia; por tanto el momento de nuestro tiempo es el de la levedad política, humana, por falta de una “identidad”, de carácter, de unos principios homogenizantes capaces de hacer de nuestra conducta pasiva un detonante para hacer girar la clepsidra ya, a nuestro favor. Es necesario el peso de nuestro pasado, para reafirmar nuestros pies en el mundo. Sino, de lo contrario, todas nuestras fuerzasterminaran siendo una mera ingenuidad, una brocha con la cual se barniza el rostro de la humanidad, y seguiríamos siendo los mismos “indios con tapa rabo y ojos negros”: Si la reprobación y el privilegio son lo mismo, sino hay diferencia entre la elevación y la bajeza, si el hijo de Dios puede ser juzgado por cuestiones de mierda, la existencia humana pierde sus dimensiones y se vuelve insoportablemente leve” .

Tenemos ante nuestro presente el destino y el curso de la aceptación por fin de que somos algo, de que más que simples bestias sin almas, estamos en el mismo mundo y con las mismas posibilidades de ser por fin lo que somos: seres humanos. En esta trayectoria de la existencia es hora de volver los ojos a nuestro espíritu colectivo. Α vernos como parte de una conciencia universal, - si se quiere -; en cuyo seno estamos todos llamados a participar, no de la misma manera como en el principio: “En el trasfondo de toda fe, religiosa o política, está el primer capitulo del Génesis, del que se desprende que el mundo fue creado correctamente, que el ser es bueno y que, por lo tanto, es correcto multiplicarse. Α esta fe la denominamos acuerdo categórico con el ser” . Por el contrario nuestra levedad nos hace pensar siempre en un destino atado al sentido de lo religioso, quizá por eso Teresa, se fustiga incansablemente, ella, es quien padece esa conciencia colectiva a la cual me refiero, ella encarna la voluntad cuyo propósito es vencer el miedo, el terror, la angustia, la levedad, el dolor, el silencio; el cual nos tiene en medio de una crisis política y cultural.

Vemos que nuestra caricatura de hombres y mujeres, hijos de una tierra espesa y abrupta carece de sentido, navegamos en una horizonte lleno de sombras, a semejanza de la caverna de Platón, donde vivimos de imágenes que representan el poder y la gloria del mundo, mientras que a nuestro alrededor las miserias abundan en todas partes y con todos los nombres, pienso que: “De eso se desprende que el ideal estético del acuerdo categórico con el ser es un mundo en el que la mierda es negada y todos se comportan como si no existiese. Este ideal estético se llama kitsch” de la misma manera negamos nuestro estado de cosas, de formas y sentidos, actuamos de acuerdo a un catalogo de métodos y conceptos impuestos y superpuestos, a manera de capas, de sedimentos inquisitivos y doctrinales, vivimos como el “sistema” en sus ramificaciones actuamos, y nos enseña: “el kitsch es la negación absoluta de la mierda; en sentido literal y figurado: el kitsch elimina de su punto de vista todo lo que en la existencia humana es esencialmente inaceptable” 3

Avizoro en el Kitsch el sistema de gobierno de los imperios, de las religiones que abusan y torturan, de los grandes emporios económicos que juegan en las dimensiones de la nada existencial de los hombres, ofreciendo migajas de paz laboral, cuando en el fondo se roban y se llevan lo que nos es propio y por derecho. Veo además en el kitsch a los gobernantes incapaces de actuar frente al deterioro de la población que no tiene como defenderse aunque quisiera: “Pero allí donde un solo movimiento político tiene el poder, nos encontramos de pronto en el imperio del kitsch totalitario” . En tal sentido el drama de la vida en nuestro contexto desborda el límite de cualquier racionalidad. En el caso de Tomas, él representa la levedad, porque es el hombre que no toma una postura radical frente a un evento tan trascendental como la invasión Rusa por ejemplo. Si hacemos una revisión en el caso del intelectual nuestro nos damos cuenta que vive también en la misma dimensión, es decir, su postura sigue siendo fofa frente al dilema histórico de la situación política y social por la cual cruza América toda.

Para concluir, la levedad se siente en las familias "nuestras" que nos gobiernan o las que simplemente se sirve de su estatus quo para continuar en la Gran marcha global de los sistemas capitalistas, es en alguna medida el mismo horizonte que persiste en el resto del mundo, por tanto el peso no se ha podido constituir como base primordial de una sociedad fuerte y defensora de sus espacios políticos y sociales, precisamente porque no se ha comprendido cual es la dimensión y el papel que se tiene que tomar frente a esa falta de poder decisorio, cuando por ejemplo los medios de comunicación usan el cliché televisivo de la familia para hegemonizar el poder de los medios de masificación en el consumo de porquerías importadas por decir algo: “El camino de traiciones de Sabina continuará y, en medio de la insoportable levedad del ser, se oirá de vez en cuando, desde las profundidades de su alma, una canción sentimental acerca de dos ventanas iluminadas tras las cuales vive una familia feliz”


1 Kundera, Milan. La Insoportable Levedad del ser. Tusquets Editores. México, 1998, p. 13.
2 Ibid. p.13.
3 Ibid. p 250.
4 Ibid. p.253.
5 Ibid. p. 254.
6 Ibid. p. 254.
7 Ibid. p. 257.
Ibíd. P. 262.

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